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Steven Wilson – Hand. Cannot. Erase.

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Antes de hablar de rock progresivo, Steven Wilson prefiere definir a sus trabajos como algo más cercano a lo conceptual; esa herramienta que no sólo permite modelar una canción individualmente, sino que también, dentro del marco de un álbum completo, puede llevar al conjunto hacia una interpretación global, teniendo en ese estado el sentido más amplio que pueda conferir el hilo conductor puntualizado en la concepción del mismo. Y es que el inglés, de 47 años, no es quien se adapta al vaivén de la industria musical, por el contrario, parece ser su figura la que naturalmente STEVEN WILSON 03trasciende en la música, aquella que en su propia visión, reflejada principalmente en su gestión como líder de Porcupine Tree, ubica al concepto como el elemento medular.

En “Hand. Cannot. Erase.”, su cuarto disco en solitario, Wilson se inspira en la historia de Joyce Carol Vincent, una mujer que, abstraída de la realidad, es encontrada muerta en su departamento luego de tres años. Esta historia está registrada en el documental “Dreams Of A Life” (2011), película desde la que Wilson plantea el fondo de su nuevo trabajo discográfico, donde el sentimiento de orfandad es un tópico recurrente. “First Regret” abre desde ese prisma; su melodía casi disonante conduce el carácter introductorio de la canción por un espacio de desasosiego, la primera muestra de una sombra que se mantendrá en diferentes estadios sobre el ancho del álbum. “3 Years Older” nace a partir de un implacable mellotron –instrumento con el que Wilson ha patentado su distintivo sonido- para entrar a sus múltiples pasajes sonoros, repletos de distintas intensidades, cada uno sobrecogedor dentro de su timing.

Pasada la armónica limpieza de “Hand Cannot Erase”, se produce la primera inflexión en el disco. “Perfect Life” comienza con la mezzosoprano Katherine Jenkins recitando un fragmento que habla sobre una relación fracturada por el paso del tiempo, por el distanciamiento que provoca la madurez entre dos personas. “Tenemos una vida perfecta” canta sentidamente Steven en la segunda parte de la canción, sólo para evocar con nostálgica fuerza la peligrosa ilusión de un período que alguna vez fuera amable. La belleza de “Perfect Life” se ajusta de manera exacta con “Routine”, donde también STEVEN WILSON 01interviene la cantante israelí Ninet Tayeb, quien en compañía de Wilson, o sola, puede hacer brillar con luz propia su enorme talento, recordando por momentos un color vocal muy similar al de Lee Douglas, de Anathema. La inclusión de voces femeninas es casi un nuevo resquicio –muy acertado, por cierto- para un Steven Wilson que, a excepción de “Significant Other” de su primera placa solo, “Insurgentes” (2008), no había tenido colaboración de mujeres.

Es en “Routine” donde también se puede establecer una sólida conexión con Rush, la legendaria banda canadiense, pues si Wilson ya había reproducido su sonido en “3 Years Older”, la conclusión de “Routine” se muestra con una suave y bella reflexión final que, en un dulce tono, abre una ventana de paz respecto a la posible historia que se está contando, tal como los canadienses hicieran con “Cygnus X-1 Book II: Hemispheres” en su “Hemispheres” (1978). Siguiendo esta tendencia, el tándem “Home Invasion” / ”Regret #9” parece estar dispuesto entre las bases del “Relayer” (1974) de YES y el King Crimson de Adrian Belew. Paralelamente, el final de “Regret #9” en la actividad de un banjo –otro de los instrumentos que Wilson usara en varios discos de Porcupine Tree-, recupera la tonalidad perdida hacia dos pistas atrás para hacer lugar a “Transience”, que no apunta a más de lo que realmente es: transitoriedad. ¿De qué? ¿De notas musicales que constantemente deben ir progresando? ¿De condiciones emocionales que están determinadas por el aburrimiento? ¿O del espejismo de felicidad que inevitablemente llega al sentimiento de desolación surgido como una sombra cuando estás solo?

STEVEN WILSON 02“Ancestral” emprende su devastador paso convirtiendo a la parsimonia en caos; es la confusión transformada en violencia, la que ve en el desapego su forma de castigo más cruel. 13:33 minutos de duración para un tema que forja sus matices en lo incandescente, y que se abandona hacia el desenlace de la historia con todo su dolor expuesto. “Happy Returns” trae de vuelta la melodía de “First Regret”, pero esta vez sin la inestabilidad de un teclado que proyectaba sólo abatimiento. En “Happy Returns” ya todo está asumido, no hay mayor regocijo que saber la verdad: “¿Los niños me recordarán?”. La última imagen de Joyce Carol Vincent, junto a todo lo que representa, se desvanece con “Ascendant Here On…”.

Steven Wilson nos entrega un álbum que, teniendo todos los antecedentes en torno a su producción, puede ser brillante para quien escucha. Ahí, donde “The Raven That Refused To Sing (And Other Stories)” (2013) se siente más compacto, “Hand. Cannot. Erase.” aprovecha toda la complejidad dentro del universo compositivo del músico, permitiendo que con cada vuelta el disco desprenda nuevas lecturas.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Daniel Bustamante

    10-Mar-2015 en 11:06 am

    This is a genius album! From start to finish. Musically speaking it is just beautiful, performance is flawless, and the concept is just overwhelmingly addictive! Great work!

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Oh Sees – “Face Stabber”

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Face Stabber

Camaleónica es una palabra que queda corta al definir la carrera de Oh Sees, nombre con el que, tras siete bautizos, se hace llamar la banda californiana fundada en 1997. Lo anterior se debe a que la experimentación y el cambio han sido las consignas de la agrupación encabezada por John Dwyer, y con el presente LP, “Face Stabber”, los norteamericanos las hacen más propias que nunca. Siguiendo el camino trazado por sus antecesores “Orc” (2017) y “Smote Reverser” (2018), el disco se basa en un fuerte coqueteo entre el garage, el progresivo, el noise y el pysch-punk, convirtiéndose en toda una experiencia.

La apertura con “The Daily Heavy”, el cual se posa esplendoroso con el ruido dominante de un juguete de goma siendo presionado en forma repetitiva para marcar el paso, funciona como argumento a la hora de afirmar que no hay límites en la exploración de nuevos sonidos, aquello que los ha empoderado para ir más allá de lo que sus seguidores y ellos mismos hayan podido imaginar. Posteriormente, la canción se funde con una variada instrumentación que sigue un ritmo punk y guitarras que hacen solos a su antojo e incorpora, de forma intermitente, la voz de Dwyer para sazonarlo con oscuridad y dureza.

La sencillez del estilo que tiene como exponentes a Ty Segall y Black Lips, se hace evidente en los primeros segundos de “The Experimenter”, la cual –haciendo honor a su nombre– permite que la doble batería y las cuerdas desenfrenadas se mezclen con sonidos futurísticos, electrónicos y ambientales de ciudad y de puerto, dando rienda suelta a la creatividad de sus miembros. Luego, “Face Stabber” da el paso al estruendo y saturación propia del metal, encontrando cobijo en este corto pero intenso tema; en él, los platillos gritan fuerte y van de la mano de cargados wah-wahs, lo que sólo le añade rudeza y vigor.

Una novedad interesante que aporta este larga duración es la inclusión de extensas piezas musicales, con “Henchlock” llevándose el oro como pista más larga en los 22 años de carrera de Oh Sees. A pesar de que la inclusión de canciones que superaban los siete minutos se venía dando desde 2017, este track expira pasados los 21 minutos. Esto podría constituir una especie de homenaje a bandas como Pink Floyd, quienes se atrevieron a lanzar pomposas composiciones tanto en instrumentación como en tiempo, tales como “Echoes”, “Atom Heart Mother” y “Dogs”. Concebidas bajo el alero de una dinámica propia de una agrupación de jazz, “Scutum & Scorpius” y “Henchlock” contienen diversos guiños al progresivo de la década del setenta. El mellotrón, los sintetizadores, las cajas y el hipnotizante pero operático ritmo de la misma, intervenido por sabrosas guitarras eléctricas comandadas por diversos pedales, coronan a ambas piezas como dignos viajes en el tiempo a la escena rock que marcó pauta hace medio siglo.

Sin embargo, no todo es fantasía y afán por superarse a sí mismos en términos experimentales. Si bien, Dwyer es un compositor delirante y onírico, no por ello es menos crítico. En esta ocasión, el líder se posiciona de manera belicosa contra los políticos y sus mentiras en “Snickersnee”, donde no duda en bombardear a la clase gobernante. Esto lo hace acompañado por cajas que le ayudan a emprender y dirigir la marcha, a las que se suman penetrantes y agudos riffs e intervenciones de guitarras que se derriten alla 8-bit en el ocaso de la canción ayudada de sintetizadores.

No apto para auditores ansiosos, “Face Stabber” constituye una agotadora pero gratificante experiencia para quienes gozan de perderse en la inmensa nebulosa sonora. El disco es rudo, pero seductor; fantasioso, pero real. La exquisita ejecución y mezcla de estilos y subgéneros del rock hacen que el ambicioso vigesimosegundo lanzamiento de la ecléctica banda sea tanto envolvente como potente.


Artista: Oh Sees

Disco: Face Stabber

Duración: 79:51

Año: 2019

Sello: Castle Face


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