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Steve Vai – The Story Of Light

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Tuvieron que pasar siete años desde el lanzamiento del aclamado álbum “Real Illusions: Reflections” (2005), para conocer la segunda parte de la trilogía de discos conceptuales que relatan la historia de un hombre abrumado por el dolor, que atraviesa distintas etapas de su espiritualidad hasta alcanzar la iluminación y redención. La continuación de esta hermosa experiencia, llega de la mano de “The Story Of Light”, un trabajo que se mantiene fiel a la esencia cósmica que impregnó Steve Vai en su primera entrega, y que será editado bajo el propio sello discográfico del artista, Favored Nations Entertainment, fundado en 1999. La producción de este trabajo corre por cuenta del propio guitarrista.

Esta placa está conformada por doce canciones, de las cuales diez son casi totalmente instrumentales, y otras dos que cuentan con la colaboración de las llamativas voces de la compositora Aimee Mann y Beverly McClellan, esta última ganadora de un reality de cantantes organizado por la NBC. En paralelo con el lanzamiento de este trabajo, el guitarrista neoyorkino se embarcará en una gira que lo llevará por todo Estados Unidos, y en donde compartirá escenario con sus músicos, que también participaron en la grabación del álbum: Dave Weiner (guitarra), Jeremy Colson (batería), Philip Bynoe (bajo) y Deborah Hensen (voz y teclado).

No vamos a descubrir en este momento el enorme talento y virtuosismo de Steve Vai, el que queda en evidencia desde los primeros acordes de “The Story Of Light”, donde sus increíbles solos de guitarra asumen todo el protagonismo, delegando a un segundo plano el sonido de la batería y el teclado. En “Velorum” se incrementa la intensidad en base a una pieza mucho más compleja y elaborada, que destaca por sus bien logradas secuencias y precisas transiciones, en donde Vai hace alarde de su depurada técnica en el uso de la palanca de trémolo. Llega el turno de “John The Revelator”, una versión de un tema Gospel/Blues de 1930, popularizado por Blind Willie Johnson y que ahora el guitarrista se encarga de transformar en sonidos muchos más pesados. Una excelente interpretación que tiene como figura excluyente la voz de Beverly McClellan, sin duda uno de los mejores cortes de la placa. En “Book Of The Seven Seals” todos los créditos se los lleva su impresionante coro, que llena la pista de dinamismo y energía, quizás el único track donde las cuerdas pasan desapercibidas. Las revoluciones bajan drásticamente con la relajada melodía de “Creamsicle Sunset”, que recrea una atractiva atmósfera tropical. El cierre de la primera mitad del álbum corre por cuenta de “Gravity Storm”, el primer sencillo que se dio a conocer, y que resalta por su potencia y la capacidad innata del músico para concebir sonidos particulares con cada uno de sus riffs.

El tiempo se detiene con la delicada y sensible melodía de “Mullach A’tSi”, una hermosa canción que añade otro punto a favor de guitarrista, la capacidad para experimentar en otros estilos, manteniendo en alto los estándares de su sonido.  El disco continúa con “The Moon And I”, que conserva una estructura fundamentada en las cuerdas, pero que incorpora pequeñas pinceladas de la voz de Steve Vai. “Weeping China Doll” vuelve a mostrar el talento del músico en todo su esplendor, con secuencias plagadas de glissandos, y una ejecución carente de imperfecciones, lo que sumado a los notables solos que adornan el tema, la convierten en uno de los puntos altos dentro de la placa. La dinámica y velocidad se hacen presente en “Racing The World”, quizás la excusa perfecta para que Vai vuelva a exhibir la brillantez de su exquisita técnica. En “No More Amsterdam” vuelve a hacerse presente la voz del guitarrista, pero en esta ocasión es acompañado por el delicado registro de Aimee Mann, logrando una buena química que se complementa a la perfección con la melodía y el ritmo de la canción. El tema encargado de cerrar el viaje a través del segundo capítulo de esta historia, es “Sunshine Electric Raindrops”, un corte que a pesar de no lograr sobresalir, sirve de puente para una última demostración de excentricidad.

El análisis que describe de mejor manera la experiencia que representa “The Story Of Light”, es que valió la pena esperar siete años para conocer la continuación de la historia. Un trabajo que quizás no logra eclipsar los buenos resultados obtenidos con “Real Illusions: Reflections”, pero que sí nos ofrece un álbum sólido, lleno de energía, potente y que cumple a cabalidad su misión de despertar una faceta más espiritual y sensible. Respecto a la interpretación del gran Steve Vai, habría que pecar de ingenuos para esperar que el guitarrista no se luciera con cada uno de sus acordes, sin embargo, y a pesar del alto nivel al que nos tiene acostumbrado, logra sorprender con su talento que pareciese no tener limitaciones.

https://play.spotify.com/album/2DNammoYBKGip2bfDK1n0C

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El Álbum Esencial: “La Voz de los ’80” de Los Prisioneros

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La Voz de los 80

Jorge González dijo una vez que el primer disco de una banda toma mucho tiempo porque el proceso parte desde que naces hasta que cumples edad para grabarlo, mientras que para el segundo sólo cuentas con un par de meses debido a la presión del sello. “Corazones” (1990), en rigor el primer trabajo de Jorge como solista, goza de un sonido pulcro y de una genialidad compositiva totalmente atemporal, “La Cultura de la Basura” (1987) cuenta con atisbos de experimentación y materializa el virulento sarcasmo social de la agrupación, y “Pateando Piedras” (1986) representa el cénit creativo del grupo produciendo un trabajo de alta calidad, que los posicionó como un suceso de masas. Pero es “La Voz de los ’80” el que encapsula esa energía primal, rudimentaria y cruda, que rompió con todo lo establecido como signo de una catarsis a nivel nacional en un país sumido en una gris dictadura.

Son diez cortes nacidos en la adolescencia de tres jóvenes de San Miguel que aplanaban las calles de la capital chilena entre interminables conversaciones sobre la música y su entorno. Nacieron como una banda de colegio, tocando en festivales escolares muchas veces con instrumentos prestados, sin embargo, su equipamiento más valioso eran sus canciones, creaciones que son la consecuencia de una mezcla ecléctica entre lo mejor de la música juvenil de la época, léase The Cars, Depeche Mode, New Order o The Clash, con la tradición auditiva de cualquier casa de clase media, como Raphael, Camilo Sesto o Salvatore Adamo. La sensibilidad pop con la aspereza del rock al servicio de letras inteligentes, llenas de sarcasmo, que se derraman en un disco que en la actualidad parece un compilado de grandes éxitos.

La capacidad que tuvo Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia para retratar a su generación, el momento político y la cultura pop, es el gran valor que hace a este disco permanecer en el tiempo. La juventud que aparece en “Brigada de Negro”, esa que nada en alcohol y tabaco, es casi tan difusa como la sombría línea de bajo de González que serpentea por toda la canción, mientras Narea marca el ritmo con sus acordes y Tapia promueve una batería marchante, que narra la hipocresía juvenil de una felicidad hedonista que difícilmente era la realidad de la clase media asolada por la política neoliberal de los Chicago Boys. Parte de esa atmósfera aparece en “La Voz de los ’80”, canción que remece con la energía rabiosa de un trío que se quería comer al mundo desde el primer momento. A pesar de que cada obra esté anclada a su época, lo importante es cuando esta trata temas tan universales que se van repitiendo generación tras generación.

El primer larga duración de Los Prisioneros es un disco que siempre será joven, porque refiere a los temas que vive cada chiquillo o chiquilla desde que esta etapa de la vida humana emergió como una forma cultural en sí misma, después del destape mundial en los años 50. Tanto el relato del despertar sexual que se palpa en “Eve-Evelyn”, como la posterior desolación amorosa de carácter invernal de “Paramar”, son impulsivas y encaran la frustración amorosa con un relato original, el mismo que sale disparado de los parlantes de manera un poco más furiosa en “Mentalidad Televisiva”. Y ¿si la chica que perdió su imaginación para instalar un video tape ahora la perdiera para instalar la última actualización de YouTube, Snapchat o Instagram? Son los temas que, entre la ingenuidad y suspicacia, instalan esas verdades que siempre vamos a vivir, estemos en la época que estemos.

Esa aterrizada visión que ostentaba el trío siempre los hizo ver como algo distinto en un panorama musical un tanto agreste. En la primera mitad de los 80 la música de guitarras era marginal en nuestro país, el rock estaba relegado a encuentros que, si bien cimentaron gran parte de lo que después se expresaría en el underground criollo en estilos más extremos como el thrash o el punk, se veían aplastados por la culturalidad de un régimen que impuso firmemente su manera de ver la realidad, contexto clave para entender letras como “Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De Estados Unidos” y “No Necesitamos Banderas”, que recogen elementos foráneos como el reggae y el ska para alinearlos a nuestras características locales. Esto choca de frente con la postura del sonido imperante en el mundo universitario dominado por el Canto Nuevo, forjado desde las raíces propias de nuestra música, y no al revés, como en el caso del rock.

Las letras pomposas y repletas de metáforas, adornadas con la complejidad de los acordes de una guitarra acústica, no podía ser más distinto al mensaje directo de “Sexo” o de “¿Quién Mató A Marilyn?” que, tomando elementos de la cultura pop, prefiguran un mensaje directo, conciso y simple de entender, aunque no por ello menos contundente. Es por eso que “Nunca Quedas Mal Con Nadie”, grabada el 6 de diciembre de 1984 –mismo día en que Jorge cumplía 20 años–, emerge como una crítica tanto a ese movimiento como también a la liviandad de las bandas que compartieron un terruño que Los Prisioneros nunca quisieron habitar. Aparato Raro, Cinema, Valija Diplomática, Emociones Clandestinas, seguidos de un largo etcétera, se subieron al carro del nuevo rock chileno y recibieron un mejor trato de las emisoras locales, cosa que no pasó con los de San Miguel, precisamente por lo filudo de su lírica.

Famoso por sus frases para el bronce, el otrora vocalista de la banda expresó: “Pocas veces nos hicieron una crítica en un diario, y las veces que lo hicieron, era para decirnos que éramos pésimos, lo último, que sonábamos mal, que no servíamos para nada y que éramos una moda no más”. El tiempo no se ha cansado de probar lo equivocado que estaban los tabloides del momento. Desde aquella foto tomada en la Vega Central en la que se ve a tres muchachos sosteniendo sus instrumentos, hasta esa camisa apuñalada como carta abierta a un amor imposible que vino a cerrar la primera etapa del grupo después de la vuelta a la democracia, Los Prisioneros marcaron a fuego la historia de nuestro país.

Su valor no está condicionado por el mero hecho de retratar a una generación que vivió momentos sombríos ­–lo que ya sería un mérito–, sino que recae en cómo tres miembros de esas escuelas numeradas, en las que les enseñaban humildad y resignación, lograron establecer un mensaje que resuena hasta el día de hoy y que se mantiene totalmente vigente. Eso habla tanto de la inteligencia de sus letras, como de una sociedad que siente un romanticismo exacerbado por muchos elementos de la cultura de épocas pasadas, sobre todo en lo que se refiere a los años 80; no por nada se sigue escuchando en la radio casi la misma música que alguna vez llamó la atención de Narea, Tapia y González.

En la actualidad, Chile sigue teniendo problemas limítrofes (“no necesitamos banderas, no reconocemos fronteras”), sigue luchando contra el machismo (“…y les sigues el juego, y les das tu dinero, y te sientes muy hombre y me río en tu cara de tu estupidez”) y seguimos presa del cinismo ahora exacerbado por las redes sociales (“pretendes pelear y sólo eres una mierda buena onda”). Los Prisioneros cambiaron la forma de ver la realidad, pero parece que somos nosotros los que no hemos cambiado tanto.


Artista: Los PrisionerosLa Voz de los 80

Disco: La Voz de los ’80

Duración: 40:22

Año: 1984

Sello: Fusión / EMI Music


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