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MASSEDUCTION MASSEDUCTION

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St. Vincent – “MASSEDUCTION”

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Con el lanzamiento del homónimo “St. Vincent” (2014), la guitarrista Annie Clark optó por dar un vuelco en su música, enfocándose en una etapa futurística y relacionada a los cultos y sus líderes. Bajo ese concepto, la cantante más conocida como St. Vincent entregó un álbum de tintes pop, con mucho sintetizador y guitarras en loop, que dejó a la crítica esperando por su siguiente trabajo, el que tardaría algunos años en llegar. Estamos en 2017 y Clark por fin nos entrega “MASSEDUCTION”, quinto LP de su discografía, en el que se introduce en temáticas relacionadas a la soledad, la política, las celebridades y una particular visión del mundo actual, temas que se conjugan en una enorme amalgama de sonidos y texturas más digitales.

En cierta forma, el hecho de que el disco completo esté desarrollado bajo una lógica uniforme, con todo un concepto y una campaña de promoción de por medio, hace de “MASSEDUCTION” algo que va más allá de un simple álbum. Se aprecia como un giro, como una forma de llevar el sentido artístico que la interprete acostumbra a utilizar hacia una vereda más mainstream, asociándose con el productor Jack Antonoff, conocido por su trabajo con importantes figuras del pop como Taylor Swift, Lorde y Tegan And Sara, entre otras. “MASSEDUCTION” se presenta como una obra sólida, matizada e inteligente, prueba de aquello es el tremendo inicio con “Hang On Me”, “Pills” y “‘Masseduction”, canciones que guardan un sentido de prólogo, algo así como la presentación de personajes en un relato cinematográfico.

Y como todo buen relato, la aventura debe estar presente, ya que ese es el papel que juega “Sugarboy” y sus sintetizadores, funcionando como un buen puntapié a la acción y dándole un contexto más concentrado y uniforme, tal como se menciona anteriormente. Es quizás gracias a ese punto, que el riff de “Los Ageless” se asome de manera casi incógnita entremedio de la canción, arremetiendo por completo luego con una versión que se siente un tanto alterada en comparación a su previo lanzamiento como sencillo. “Happy Birthday, Johnny” entrega la nostalgia en formato de balada, con una bella historia relatada a modo de carta, seguida de “Savior” y su jugueteo con la guitarra bajo un coro más que pegajoso, fórmula sencilla para generar canciones que puedan pegar en la radio.

Cuando Clark presentó este álbum, “New York” fue el primer adelanto de esta nueva etapa para la interprete, sintiéndose como una ascendente canción con mucho carácter y potencial de clásico futuro para la discografía de St. Vincent, cobrando mucha más fuerza aún en la obra final. Con un evidente contraste en comparación a la canción anterior, “Fear The Future” empieza con un estruendoso riff, transformándose de a poco en una futurística composición, gracias a todos los loops que genera el sintetizador. Con el ambiente previo a un clímax que genera “Slow Disco”, nos acercamos a la conclusión del álbum con “Smoking Section”, una de las composiciones más sólidas de toda la carrera de Annie Clark, cerrando esta especie de película con un final abierto, un destino incierto y la premisa de temer al futuro cobrando más sentido que nunca.

A pesar de no tener comparación con su trabajo anterior (ambas obras tienen sus puntos fuertes en cuanto a la composición), “MASSEDUCTION” es el disco más sólido y maduro de Annie Clark a la fecha. Con un desarrollo conciso, canciones consistentes y una exposición de todos los estilos acumulados durante su discografía, St. Vincent logra un álbum que ratifica su estatus como una de las figuras más relevantes de la escena actual. El temor hacia el futuro es algo que puede estar presente en sus canciones, pero, a la hora de analizar su trabajo, ese temor se transforma solamente en un prejuicio donde se escudan quienes insisten en dudar del estado actual de la música.

Muchos se quejan de la falta de referentes, pero lo cierto es que no pueden estar más equivocados; a pesar de que 2017 haya sido un año un tanto cauto en materia de lanzamientos, existe un denominador común en varios artistas que regresaron durante el último período: todos lanzaron obras consistentes, quizás las más fuertes de su catálogo, y eso habla muy bien de lo que se está viviendo en materia musical por nuestros días. El futuro ya está aquí, solamente hay que abrazarlo y comenzar a desentrañar sus misterios.


Artista: St. VincentMASSEDUCTION

Disco: MASSEDUCTION

Duración: 41:36

Año: 2017

Sello: Loma Vista


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El Álbum Esencial: “La Voz de los ’80” de Los Prisioneros

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La Voz de los 80

Jorge González dijo una vez que el primer disco de una banda toma mucho tiempo porque el proceso parte desde que naces hasta que cumples edad para grabarlo, mientras que para el segundo sólo cuentas con un par de meses debido a la presión del sello. “Corazones” (1990), en rigor el primer trabajo de Jorge como solista, goza de un sonido pulcro y de una genialidad compositiva totalmente atemporal, “La Cultura de la Basura” (1987) cuenta con atisbos de experimentación y materializa el virulento sarcasmo social de la agrupación, y “Pateando Piedras” (1986) representa el cénit creativo del grupo produciendo un trabajo de alta calidad, que los posicionó como un suceso de masas. Pero es “La Voz de los ’80” el que encapsula esa energía primal, rudimentaria y cruda, que rompió con todo lo establecido como signo de una catarsis a nivel nacional en un país sumido en una gris dictadura.

Son diez cortes nacidos en la adolescencia de tres jóvenes de San Miguel que aplanaban las calles de la capital chilena entre interminables conversaciones sobre la música y su entorno. Nacieron como una banda de colegio, tocando en festivales escolares muchas veces con instrumentos prestados, sin embargo, su equipamiento más valioso eran sus canciones, creaciones que son la consecuencia de una mezcla ecléctica entre lo mejor de la música juvenil de la época, léase The Cars, Depeche Mode, New Order o The Clash, con la tradición auditiva de cualquier casa de clase media, como Raphael, Camilo Sesto o Salvatore Adamo. La sensibilidad pop con la aspereza del rock al servicio de letras inteligentes, llenas de sarcasmo, que se derraman en un disco que en la actualidad parece un compilado de grandes éxitos.

La capacidad que tuvo Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia para retratar a su generación, el momento político y la cultura pop, es el gran valor que hace a este disco permanecer en el tiempo. La juventud que aparece en “Brigada de Negro”, esa que nada en alcohol y tabaco, es casi tan difusa como la sombría línea de bajo de González que serpentea por toda la canción, mientras Narea marca el ritmo con sus acordes y Tapia promueve una batería marchante, que narra la hipocresía juvenil de una felicidad hedonista que difícilmente era la realidad de la clase media asolada por la política neoliberal de los Chicago Boys. Parte de esa atmósfera aparece en “La Voz de los ’80”, canción que remece con la energía rabiosa de un trío que se quería comer al mundo desde el primer momento. A pesar de que cada obra esté anclada a su época, lo importante es cuando esta trata temas tan universales que se van repitiendo generación tras generación.

El primer larga duración de Los Prisioneros es un disco que siempre será joven, porque refiere a los temas que vive cada chiquillo o chiquilla desde que esta etapa de la vida humana emergió como una forma cultural en sí misma, después del destape mundial en los años 50. Tanto el relato del despertar sexual que se palpa en “Eve-Evelyn”, como la posterior desolación amorosa de carácter invernal de “Paramar”, son impulsivas y encaran la frustración amorosa con un relato original, el mismo que sale disparado de los parlantes de manera un poco más furiosa en “Mentalidad Televisiva”. Y ¿si la chica que perdió su imaginación para instalar un video tape ahora la perdiera para instalar la última actualización de YouTube, Snapchat o Instagram? Son los temas que, entre la ingenuidad y suspicacia, instalan esas verdades que siempre vamos a vivir, estemos en la época que estemos.

Esa aterrizada visión que ostentaba el trío siempre los hizo ver como algo distinto en un panorama musical un tanto agreste. En la primera mitad de los 80 la música de guitarras era marginal en nuestro país, el rock estaba relegado a encuentros que, si bien cimentaron gran parte de lo que después se expresaría en el underground criollo en estilos más extremos como el thrash o el punk, se veían aplastados por la culturalidad de un régimen que impuso firmemente su manera de ver la realidad, contexto clave para entender letras como “Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De Estados Unidos” y “No Necesitamos Banderas”, que recogen elementos foráneos como el reggae y el ska para alinearlos a nuestras características locales. Esto choca de frente con la postura del sonido imperante en el mundo universitario dominado por el Canto Nuevo, forjado desde las raíces propias de nuestra música, y no al revés, como en el caso del rock.

Las letras pomposas y repletas de metáforas, adornadas con la complejidad de los acordes de una guitarra acústica, no podía ser más distinto al mensaje directo de “Sexo” o de “¿Quién Mató A Marilyn?” que, tomando elementos de la cultura pop, prefiguran un mensaje directo, conciso y simple de entender, aunque no por ello menos contundente. Es por eso que “Nunca Quedas Mal Con Nadie”, grabada el 6 de diciembre de 1984 –mismo día en que Jorge cumplía 20 años–, emerge como una crítica tanto a ese movimiento como también a la liviandad de las bandas que compartieron un terruño que Los Prisioneros nunca quisieron habitar. Aparato Raro, Cinema, Valija Diplomática, Emociones Clandestinas, seguidos de un largo etcétera, se subieron al carro del nuevo rock chileno y recibieron un mejor trato de las emisoras locales, cosa que no pasó con los de San Miguel, precisamente por lo filudo de su lírica.

Famoso por sus frases para el bronce, el otrora vocalista de la banda expresó: “Pocas veces nos hicieron una crítica en un diario, y las veces que lo hicieron, era para decirnos que éramos pésimos, lo último, que sonábamos mal, que no servíamos para nada y que éramos una moda no más”. El tiempo no se ha cansado de probar lo equivocado que estaban los tabloides del momento. Desde aquella foto tomada en la Vega Central en la que se ve a tres muchachos sosteniendo sus instrumentos, hasta esa camisa apuñalada como carta abierta a un amor imposible que vino a cerrar la primera etapa del grupo después de la vuelta a la democracia, Los Prisioneros marcaron a fuego la historia de nuestro país.

Su valor no está condicionado por el mero hecho de retratar a una generación que vivió momentos sombríos ­–lo que ya sería un mérito–, sino que recae en cómo tres miembros de esas escuelas numeradas, en las que les enseñaban humildad y resignación, lograron establecer un mensaje que resuena hasta el día de hoy y que se mantiene totalmente vigente. Eso habla tanto de la inteligencia de sus letras, como de una sociedad que siente un romanticismo exacerbado por muchos elementos de la cultura de épocas pasadas, sobre todo en lo que se refiere a los años 80; no por nada se sigue escuchando en la radio casi la misma música que alguna vez llamó la atención de Narea, Tapia y González.

En la actualidad, Chile sigue teniendo problemas limítrofes (“no necesitamos banderas, no reconocemos fronteras”), sigue luchando contra el machismo (“…y les sigues el juego, y les das tu dinero, y te sientes muy hombre y me río en tu cara de tu estupidez”) y seguimos presa del cinismo ahora exacerbado por las redes sociales (“pretendes pelear y sólo eres una mierda buena onda”). Los Prisioneros cambiaron la forma de ver la realidad, pero parece que somos nosotros los que no hemos cambiado tanto.


Artista: Los PrisionerosLa Voz de los 80

Disco: La Voz de los ’80

Duración: 40:22

Año: 1984

Sello: Fusión / EMI Music


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