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Spoon – “Hot Thoughts”

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Cuando una banda consistentemente está en el umbral de la excelencia, la más mínima expresión de incoherencia se ve horrible. Spoon cuenta con una reputación de calidad probada, de ideas constantemente cambiantes, y de tener su fuerte en la generación de trayectos instrumentales potentes y significantes. Por ello, era digno de temer que los norteamericanos volvieran a asociarse con Dave Fridmann, el hombre detrás del sonido característico de MGMT o The Flaming Lips, cerrando filas con un pop psicodélico que ya habían incluido en parte en “They Want My Soul” (2014). Fridmann tiene fama de adueñarse del sonido de la gente con la que trabaja, y aunque en “Hot Thoughts” -el noveno álbum de la agrupación- esto no llega a ocurrir, es en ciertas expresiones de incoherencia que un trabajo con un potencial gigante pierde un estatus inmaculado para pasar a ser parte de lo terrenal y criticable.

En la generalidad, “Hot Thoughts” sigue siendo un disco con el estándar de Spoon, es decir, muy bueno, con canciones trabajadas con delicadeza y estilo propio. En la generalidad, sigue existiendo una perseverancia en el poder de lo instrumental como discurso en sí, siendo mensaje y medio, sin depender sólo de las letras para expresar emociones. El problema es cuando la virtuosidad no es algo tan evidente como en otros materiales. Este es el primer material editado por la banda sin el multi instrumentista Eric Harvey, quien se fue luego de la gira anterior, y esa confianza en que todo sonará tal como se necesita no está en un cien por ciento, algo que tras varias escuchas al disco se nota. No hay tanta cercanía a las capas sonoras complejas o a esos sonidos escondidos que hacen de un álbum algo a lo que se vuelve una y otra vez.

Algo interesante de “Hot Thoughts” es la clara existencia de dos mitades, una cara A y una cara B, como en los vinilos antiguos. No hay un trayecto lineal que culmine entre el track 1 y el 10, sino que existe narratividad entre los tracks 1 y 5, y entre el 6 y el 10, con dos canciones evidentemente pensadas como cierres de cada cara. “Pink Up” es la más larga del disco, rica en sintetizadores y en dulzura, sin tanta sensación de oscuridad como el resto de la cara, con la engreídamente cool “Hot Thoughts” o la dinámica y vibrante “WhisperI’lllistentohearit” como emblemáticos ejemplos.

En tanto, el cierre de la cara B es “Us”, un track instrumental de alto vuelo, con un saxofón modificado como si fuera una perilla manejada en un track antiguo de Daft Punk, con intención e ideas claras, entre lo extraño y lo sexy, entre la psicodelia y un jazz futurista. El problema de la cara B, que parte tan bien con “Can I Sit Next To You” y la increíble “I Ain’t The One”, es que tras la correcta “Tear It Down” (que parte igual a “Bad Religion” de Frank Ocean) viene “Shotgun”, el peor tema de Spoon en mucho tiempo, y que quita la solemnidad de la seguridad presentada por la banda a lo largo de todo el resto de los tracks, decayendo justo en el peor momento la posibilidad de disfrutarlo mucho más.

“Hot Thoughts” sigue trayendo la calidad de Spoon, como siempre, innovando y llegando a un sonido que se apropia de sintetizadores y un swag implacable, interpretado de gran forma por Britt Daniel, quien comanda a la banda en un nuevo clásico para ellos, con tracks que serán parte de su gran legado, pero con algunos detalles que impiden decir que tocaron techo o que igualaron otros momentos brillantes de su discografía. Y para un proyecto con tanta capacidad y calidad, lamentablemente hoy esa es la exigencia, lo que impide saborear con todo el buen gusto que se quisiera algunos de los singles más deliciosos de la carrera de Spoon.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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