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Soundgarden – King Animal

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La década de los noventa, además de cobijar muchos de los movimientos relevantes dentro de la escena underground, se transformó de alguna forma –y prematuramente– en la instancia casi predefinida para las separaciones y recesos de bandas que encontraron su apogeo previo a la mitad de aquel período. Así pasó con Soundgarden, quienes desde su “Down On The Upside” (1996), último disco de estudio –no recopilatorio–, decidieron bajar el telón y desaparecer de las pistas como conjunto antes de que las cosas se pusieran más turbulentas de lo que ya estaban. Y parece que ese ciclo de silencio les vino de maravilla, porque tras el anuncio de Chris Cornell hace dos años vía Twitter sobre la reunión de esta banda, se declaraba formalmente el regreso de estos norteamericanos a los estudios de grabación. Lo que hacía de este retorno algo aún más interesante, era que volvían con la misma formación de sus últimas tres placas de estudio. Lo que significó que pudieron limar asperezas para darle en el gusto a la no menor cantidad de seguidores que tienen alrededor del mundo.

“King Animal” fue producido en el Studio X, en Seattle, en conjunto con Adam Kasper, quien ha trabajado con bandas como Pearl Jam y Foo Fighters. Está conformado por trece tracks, mientras que las versiones japonesas y australianas poseen cuatro y cinco demos adicionales, respectivamente. Este disco está disponible para ser escuchado gratuitamente vía iTunes.

Esta nueva travesía se inicia con el primer single de esta placa, “Been Away Too Long”, donde la potencia y entusiasmo parece ser el punto de enganche para que, quien se tope con esta producción, no pueda declarar a Soundgarden como cosa del pasado. Particularmente en este tema se hacen notar las influencias de Pearl Jam, que Matt Cameron acumuló, comparado específicamente con “The Fixer” del “Backspacer” (2009). Le sigue “Non-State Actor”, segundo adelanto, en el que las guitarras toman mayor parte de la atención con excelentes punteos y distorsiones, que mantienen viva la esencia que les caracterizó en su época de mayor plenitud. “By Crooked Step” se podría considerar uno de los cortes más pegajosos de esta producción. La sincronía entre los riffs de Kim Thayil y la base rítmica de Matt Cameron, junto a los efectos vocálicos sobre la voz de Cornell, consiguen otorgarle a esta pieza atemporal una complicidad innegablemente perceptible. Articulaciones menos pesadas aparecen en “A Thousand Days Before”, que explora una atmósfera más sosegada, pero no por ello menos potente. Los efectos orientales de las guitarras configuran una corriente mística al inicio de esta reproducción.

En “Blood On The Valley Floor” los sonidos se tornan más espesos, posiblemente un poco más oscuros y con un Cornell arrastrando su voz junto con cada riff. En “Bones Of Birds” y “Taree” descubrimos los temas más bajos vocal y emocionalmente hablando. Ambos encuentran su clímax en los coros, que les otorgan fuerza aunque en mínima cuota. “Attrition” se relaciona más con el hard rock e indiscutiblemente adopta una estructura más radial de lo que podríamos estar acostumbrados. No así en “Black Saturday”, que es el tema más acústico de “King Animal” y que, llegado cierto momento, adquiere una estructura sombría y psicodélica. “Halfway There” posiblemente no proporcione a esta lista de tracks más de lo que se podría pedir, es un tema bastante melodioso que en momentos coquetea con lo pop. “Worse Dreams” tiene aires levemente siniestros que decrecen cada vez que el coro se hace presente. Hacia el final está “Eyelid’s Mouth”, pieza con acordes lentos y repetitivos, y “Rowing” que se desarrolla aún más lentamente, pero con tintes más parecidos a lo que se puede encontrar en lo más psicodélico del rock clásico.

Este “King Animal” logra evocar los característicos sonidos pesados y distorsionados del Soundgarden de antaño, sin embargo aquí se puede encontrar variedad más relacionada con el hard rock que con el grunge, algo que posiblemente muchos esperaban. Este es un disco que debe ser repasado varias veces antes de encontrarle el gusto, lo cual no quiere decir que sea difícil de digerir, pero sí es necesario para acostumbrarse a las nuevas técnicas que Chris Cornell fue acuñando en ese período no funcional de Soundgarden, sin dejar de mencionar a los demás integrantes que no perdieron su tiempo quedándose en el pasado. Este sexto álbum de estudio, de una de las bandas más emblemáticas de los noventa, cumple con traernos novedades sin impactarnos con las temidas reinvenciones.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Nadie comenta????

    19-Dic-2012 en 7:38 pm

    Me carga, ni un poserito es capaz de comentar sobre el nuevo disco de Soundgarden ……….. pero si les regalan entradas todos los weones pobres se las dan de fanáticos pa que les regalen una.

    El disco es a toda raja, solo Halfway There esta un poco baja porque parece mas de Cornell solista que de Soundgarden.

    La mejor del disco …………… Taree

  2. Mono

    14-Ene-2013 en 11:27 pm

    Lejos Hollow de Alice . . . King Animal . . . NO.

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Sufjan Stevens – “The Ascension”

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The Ascension

Con cada disco, Sufjan Stevens pareciera ser un nuevo artista. Desde las complejas orquestaciones de “Illinois” (2005), el experimental y expansivo viaje de “The Age Of Adz” (2010), hasta el desgarrador “Carrie & Lowell” (2015), su discografía parece no tener brújula. Sin embargo, cada pieza es unida por el agudo sentido de percepción del cantante, que, con un trabajo de introspección y de mirada sustancial al estado del mundo, logra en “The Ascension” entregar un material crítico, angustioso e increíblemente necesario.

El disco comienza con un ultimátum. En su canción inicial, “Make Me An Offer I Cannot Refuse”, Sufjan le habla directamente a una de las presencias más regulares en su música: Dios, pero, de forma distinta que en su último material en solitario, su voz es ansiosa y demandante. El instrumental electrónico enfatiza el estado de crisis de la canción y los glitches electrizan la ambientación que estalla en un frenético outro. Lo anterior simboliza el ánimo presente en el disco, un símbolo de exclamación y un Stevens cansado de la falta de señales. “Muéstrame la gracia de un rey natural. Señor, necesito liberación”, exclama exhausto, comenzando con una catarsis.

Sufjan nunca ha temido sonar descorazonador en su música; de hecho, su LP de 2015 estaba lleno de devastadores golpes, sin embargo, el ambiente presente muestra una opacidad y un deprimente pesimismo, incluso cuando las melodías son curiosamente alegres. “Run Away With Me” es una oda –o crítica– al escapismo a través de la cultura pop. Una balada a su estilo, una inescapable referencia a Carly Rae Jepsen, mientras le implora a otro escaparse con él. Los versos están llenos de oscuras imágenes apocalípticas, pero el melódico coro conforta con su simpleza. “Video Game” es lo más cercano a una pieza pop en su catálogo, con una constante percusión acompañada de sintetizadores y sus vocales más rítmicas. Temáticamente, trata con la autovaloración lejos de los estándares actuales: “No quiero ser el centro del universo, no quiero ser parte de esa vergüenza”.

La experimentación electrónica del disco lo puede hacer parecer como un hermano de “The Age Of Adz”, y es que las sensaciones frenéticas están presentes en ambos. Pero la música en “The Ascension” es más pesada y agobiante; es un viaje por el camino más largo y complicado. Mientras que en el primero las orquestas añaden un aire fantástico, en el más reciente los arreglos industriales lo convierten en un incómodo experimento y un claustrofóbico compilado de sonidos que encuentra su purificación en cada corte. Esta ansiedad está plasmada en temas como “Lamentations”, donde su suave voz se abre paso entre un instrumental que funciona como la musicalización del futurismo, una crítica a un sistema sucumbiendo en el capitalismo. Misma energía se percibe en temas como “Ativan”, donde las esperanzas recaen solo en los antidepresivos que calman su ansiedad, o en “Gilgamesh”, basada en la épica homónima que, con sus arreglos en piano y constantes glitches, crean una desesperante sensación que agradece los momentos resplandecientes.

En su centro, el álbum lidia con la perdida de fe y hacia dónde mirar en momentos tan deprimentes. El primer sencillo, “America”, es un épico relato de 12 minutos sobre la caída de un imperio. El cantante ha utilizado representaciones estadounidenses como parte de su sello, como crítica y como oda, pero en este corte se distancia. Una canción de protesta contra la cultura estadounidense, haciendo paralelos con la traición de Judas a Jesucristo: “Te he amado como un sueño, he besado tus labios como un Judas en celo”, le canta al sueño americano. Percibe que su creador ha abandonado su país natal y le suplica: “No me hagas lo que le hiciste a América”. Pero el álbum encuentra su mayor punto en el tema titular, una representación musical del ascender, con la brillante voz del músico liderando la dulce melodía y emocionando con la catarsis que se percibe en sus tonalidades. Este es Sufjan en su máximo esplendor.

“The Ascension” es sin duda un difícil plato de digerir, un ansioso viaje de imágenes apocalípticas y sonidos claustrofóbicos, un desafío para quienes han seguido una volátil discografía. Sin embargo, entre tantos momentos de encierro y oscuridad, Sufjan Stevens sigue ofreciendo destellos de luz donde su pesimismo parece desaparecer por un segundo, y su melodiosa voz impulsa a seguir adelante.


Artista: Sufjan Stevens

Disco: The Ascension

Duración: 80:30

Año: 2020

Sello: Asthmatic Kitty


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