Contáctanos

Discos

Soilwork – The Ride Majestic

Publicado

en

La construcción de la carrera artística de Soilwork se levanta, de manera literal, desde los cimientos sólidos que han construido desde el final de los años 90. A diferencia de varios contemporáneos suyos, los suecos sobrepasaron el obstáculo que supuso el cansancio creativo que les afectó a mediados de carrera. En este caso, se habla de discos como “Figure Number Five” (2003) o el siguiente, “Stabbing The Drama” (2005), dentro de un catálogo que ha sido objeto de múltiples debates en más de una ocasión. Tópicos como “americanización” del sonido o repetir una fórmula, se contrastan siempre con la apreciación de la ejecución técnica o de la complejidad llena de riesgo que siempre usan.

SOILWORK 01“The Ride Majestic” perpetúa la discusión que, a la larga, ha ubicado la propuesta de Björn Strid (único miembro original y alguna vez calificado como una “súper voz humana” por Devin Townsend) y compañía dentro del conjunto de actos más cotizados en el mundo metal. La intención de su arte siempre ha sido la misma: alcanzar notoriedad y llegar a un público cada vez mayor a través de su mezcla de melodeath y –de acuerdo a sus propias palabras- toques de metalcore, más el filtro melodioso característico. Dicho esto, resulta lógica una obertura como “The Ride Majestic”, porque se extrae de la cosecha más clásica del grupo, aunque al mismo tiempo parece un tanto genérica, similar a lo hecho en el álbum de 2003. En una vereda totalmente opuesta se localiza “Alight In The Aftermath”, pieza dinámica e intensa, que contiene guiños al black metal, encajando perfecto con arreglos más suaves, sobre todo vocales, como los que abundan en Soilwork. “Death In General” también ocupa elementos más convencionales a la hora de estructurarse, y pasa un poco desapercibida dentro del registro en comparación al resto de las pistas. Por su parte, “Enemies In Fidelity” es fiel al estilo, pero innova en toda la sección antes del coro mismo, donde se produce uno de las cumbres del trabajo, debido a la experimentación exquisita que se logra, confrontando la brutalidad del blast beat de Verbeuren con una vocalización sutil y melancólica, dando a luz a una nueva forma de concebir la radicalidad de la música extrema.

“Petrichor By Sulphur” posee una fórmula bastante sencilla, que se sitúa dentro del espectro moderno del metal, muy al estilo Pantera, con Strid llegando a los tonos más agudos que alguna le hayamos escuchado. Por su parte, “The Phantom” es una auténtica demostración de la evolución que ha alcanzado el death metal melódico sueco, similar a la vibra que generan sus compatriotas de Dark Tranquillity, en un tema violento pero matizado con texturas armoniosas que alcanzan incluso los confines del black metal, alzándose también como uno de los mejores cortes de este nuevo LP. Desde este punto en adelante, esta versión actual de Soilwork plasmada en el álbum crece exponencialmente en frescura y originalidad, avanzando hacia un disco completo y consistente, a la altura de las expectativas de cualquier seguidor. Para evidenciar este buen momento, qué mejor que un tema lleno de texturas diferentes como “The Ride Majestic (Aspire Angelic)” que, como muchas de sus composiciones, tiene algo de metal progresivo en su columna, lo que se traduce en una potente inyección de energía para lo que queda del opus.

SOILWORK 02Más cercano al metal alternativo que desplegaron hace unos años, “Whirl Of Pain” no sorprende, y su estadía en la memoria es bastante breve, a pesar del cambio de ritmo que acaece en la parte media-final. Resulta claro que “The Ride Majestic” posee algunas de las secciones más densas y agresivas jamás compuestas por la banda, como queda en evidencia en “All Along Echoing Paths”, que además de exhibir aquellos riffs afilados, los conjuga con esos toques tan propios de la banda. Siguiendo esta línea, otra de las canciones sobresalientes, como “Shining Lights”, dispone sus atributos de manera tal, que a pesar de que sean los mismos que han mostrado siempre, suenan frescos y modernos, lo que evoca la misma sensación de sorpresa que surgió al escuchar por primera vez “A Predator’s Portrait” (2001) o el inmejorable “Natural Born Chaos” (2002). Como culminación de esta entrega, “Father And Son, Watching The World Go Down” no genera la misma atmósfera que sí lograron antes en su discografía, pese a que es una canción llena de virtuosismo, porque reaviva el fantasma de lo genérico y conspira para que todo se diluya sin grandes aspavientos, a diferencia de cierres memorables como el del disco antes mencionado de 2002 (con la épica “Soilworker’s Song Of The Damned”) o en “The Chainheart Machine” con “Room N° 99”.

Este esfuerzo de Soilwork por mantenerse vigentes y relevantes es muy acertado, y sin duda cumple con el objetivo y la convicción que existe dentro de la banda de entregar música extrema que se aleje un poco del estilo tradicional del metal escandinavo, pero bajo un enfoque moderno que no descansa a la hora de incorporar ideas que refresquen la propuesta, aunque estas sean temerarias y alejen a algunos de los seguidores más ortodoxos. El conjunto sueco, igual que varios de sus pares, emprendió un camino que siempre ha sido difícil: el de la innovación y el riesgo que esta implica. Sin embargo, se infiere que tal decisión responde a la ambición de sus  músicos por expandir y superar los límites que, en teoría, son inherentes al metal extremo.

Publicidad
¡Comenta Ahora!

Responder

Discos

El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

Publicado

en

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

Continuar Leyendo
Publicidad

Facebook

Discos

DiscosHace 2 horas

El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa...

DiscosHace 1 día

Lee Ranaldo – “Electric Trim”

La reinvención siempre estará acompañada de un proceso de búsqueda, un viaje donde se pueda llegar al centro del asunto...

DiscosHace 1 semana

Paradise Lost – “Medusa”

En 2015 el oscuro y lúgubre universo del doom fue remecido por una de las bandas referentes en su género....

DiscosHace 1 semana

Living Colour – “Shade”

Si el alma pudiera traducirse musicalmente, no cabe duda que sonaría como el blues; una voz auténtica, actual y poderosa,...

DiscosHace 1 semana

The National – “Sleep Well Beast”

El motor de The National es la rabia y la desorientación causada por la falta de respuestas. No hay un...

DiscosHace 2 semanas

El Álbum Esencial: “Never Mind The Bollocks, Here’s The Sex Pistols” de Sex Pistols

A mediados de los años 70, dos de los mayores polos del rock no vivían una situación alentadora. Nueva York...

DiscosHace 2 semanas

Prophets Of Rage – “Prophets Of Rage”

Hace aproximadamente un año, millones de fanáticos se llenaban de ilusiones ante la aparición de misteriosos carteles en EE.UU. que...

DiscosHace 2 semanas

Franja de Gaza – “Despegue”

Un comienzo impactante. Esta frase describe bien lo que provoca el disco “Despegue” de la banda nacional Franja de Gaza,...

DiscosHace 2 semanas

Royal Blood – “How Did We Get So Dark?”

La última joya del rock inglés se llama Royal Blood, y la prensa internacional se rindió ante su irrupción, ganándose...

DiscosHace 3 semanas

El Álbum Esencial: “Tubular Bells” de Mike Oldfield

“Tubular Bells” fue y sigue siendo una rareza. Hasta el día de hoy parece llamativo que un sello discográfico haya...

Publicidad

Más vistas