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Smoove & Turrell – Broken Toys

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Hay ocasiones en que ciertos géneros musicales que tuvieron gran renombre en el pasado, vuelven a rejuvenecer espontánea pero brevemente de la mano de artistas con un alto grado de compromiso y una evidente inclinación hacia la creatividad. Este es el caso del funk hecho por el dúo británico Smoove & Turrell, dos jóvenes músicos que desde 2009 vienen complementando de manera sumamente consistente las capacidades de mezclador de estilos del primero, y las habilidades compositivas y de interpretación del segundo. Si bien lo que nos presentan los británicos es un funk de naturaleza moderna, con abundantes arreglos que se alejan del funk primigenio más próximo a la simpleza, pero con profundidad de percusión y sus característicos grooves, no deja de ser un intento atractivo y sugerente en pleno 2014.

SMOOVE AND TURRELL 01“Broken Toys” se titula el tercer trabajo de estudio de Smoove & Turrell, lo que en términos generales es un disco que fusiona un funk chispeante con trazos de un pop bailable y liviano. En la confección de este material, que demoró dos años, los británicos contaron con la colaboración de una gran cantidad de reconocidos instrumentistas, así fue el caso de Lloyd Croft en la batería, Mike Porter en los teclados, Graham Hardy en las trompetas y Steve Glendinning en la guitarra, sólo por nombrar a algunos. La fisonomía de “Broken Toys” la definen los sonidos envolventes y sutiles, a ratos fuertemente ambientales, pero sin alejarse de la frescura y espíritu festivo del funk.

El disco se inaugura con “Have Love”, una canción alegre, bailable e intrépida, con una clásica estructura funk donde se entreteje un sonido de bajo que llena el espectro sonoro en medio de efectos de sintetizadores, todo acompañado de unos punteos sutiles de guitarra. “Will You Be Mine” complementa el explosivo comienzo, mostrando la naturaleza festiva del funk en una canción que apuesta por la reverberación de un groove que adquiere protagonismo en medio de un coro repetitivo e incesante. “Lay It On Me” es pura energía soul con trompetas y una batería que marca el paso al mejor estilo sesentero, muy en la línea de Marvin Gaye u Otis Redding. En “Long Way To Fall” la fiesta continúa con unas líneas de guitarras y bajos, seguido de unos efectos de sintetizadores y unos toques de viento. “Play To Win” es una incitación al desenfreno festivo a medio camino entre una composición funk con retoques de disco; el momento más altamente bailable del disco. “People Keep Talking” es una composición que en sus inicios algo le tributa a los nobles acordes de un raído blues, pero que lo supera cuando la canción avanza para adornarla con trompetas, con un bajo profundo y un sintetizador que lentamente se va distorsionando. Es sin duda el gran momento del disco, donde la fusión de la música negra alcanza su nivel más álgido y bien logrado.

Con “Always” se ralentiza el rumbo para introducir una ya clásica balada que contrasta con “I Just Want More”, una vuelta al sonido disco marcadamente ochentero que, desde un inicio furtivo de bajo y batería, va in crescendo hasta construir un complejo escenario sonoro donde dialogan coros, guitarras y trompetas con una rítmica interpretación. “The Clown” expresa un fraseo que abiertamente declara el gusto por el entretenimiento, probablemente la esencia del disco, en medio de una intensidad rítmica desbordante y un bajo que no para de crecer y que deja muy claras las intenciones de Smoove &Turrell: eclecticismo, hibridación y re-significación de géneros musicales. Esto último se SMOOVE AND TURRELL 02comprueba al oír la composición central y que da nombre al disco, “Broken Toys”, una canción inquietante que desde su nacimiento denota su raíz jazzística con suaves vibraciones, ofreciendo una atmósfera intimista y delicada. Los vientos parecen extrañamente apagados, el órgano desliza un acompasado murmullo y el bajo apenas se hace notar. Atrevimiento que queda como uno de los mayores aportes del disco.

La fiesta finalmente continúa con “One Women Army” y “Coming Home”, dos canciones que pertenecen a la misma familia sonora, con un groove claro y definido, y una lírica estrepitosamente pasional y personal. “Now Or Never” es el tema final, que se define como el correlato romántico del disco, una canción que demuestra que incluso dentro de los colores y vitalidad del funk, existe una interioridad que de vez en cuando necesita detenerse a reflexionar.

A final de cuentas, “Broken Toys” es un disco que remonta la intensidad del funk de antaño y la reinstala casi cincuenta años después, aunque claramente en otro contexto. Siendo un disco liviano, adecuadamente calibrado y producido, es además una muestra contundente de que incluso la simpleza está llena de complejidad. Es un trabajo que se agradece en la medida que el producto final da cuenta de la seriedad del proyecto de los británicos y donde la fusión de estilos mantiene, a la vez que renueva, ese espíritu de la música negra en el mundo actual. Algo no fácil de conseguir de buenas a primeras.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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