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Slowdive – “Slowdive”

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Durante por lo menos la última década, ha habido un revival del shoegaze, ese estilo que recibió su nombre de la prensa inglesa de finales de los 80 y principio de los 90, donde la difícil categorización de las bandas que tenían en común una fuerte tendencia a los pedales de distorsión, las voces aletargadas y que estaban entre el rock psicodélico y el post-punk, les hizo recibir ese pseudónimo algo malicioso: “esos que se quedaban mirando los zapatos”. Entre ellos destacan My Bloody Valentine, Lush y Ride, y Slowdive está dentro de los conjuntos más icónicos de esta camada de bandas, y ahora, tras su reunión hace tres años, lanzan el álbum homónimo “Slowdive”, que surge tanto por el anhelo de una fanaticada renovada que clamaba por la aparición de un nuevo disco, como por la honesta tendencia del conjunto de manifestarse de manera espontánea, tal como lo hiciese antes su triste disolución en 1995.

No cabe hablar acá de las múltiples caídas que tuvo que experimentar la banda a lo largo de su carrera. Hoy el conjunto puede disfrutar de un reconocimiento que felizmente no fue póstumo. El bajista Nick Chaplin afirmó desde el comienzo de su reunión en 2014: “No queríamos sólo estar tocando un montón de canciones viejas a gente de nuestra edad. Hablamos acerca de hacer música nueva incluso desde antes de que empezáramos a ensayar”, y la honestidad que se escucha en álbumes como “Just For A Day” (1991) se percibe a flor de piel en su nuevo disco desde el primer momento, en esa capa de sonido invernal que a la vez se siente cálido, que llena la atmósfera con voces que se funden creando esta “muralla de sonido” característica del género, funcionando como horizonte donde se vuelven una con el sonido nostálgico de la guitarra, la batería y el bajo.

Si bien, desde “Pygmalion” (1995) la voz de Neil Halstead ha experimentado un desgaste evidente por el paso del tiempo, en el álbum hace un uso inteligente de efectos para darle más matices a esta, como bien se muestra en la canción “Slomo”: mientras que la voz de Rachel Goswell parece haber permanecido inalterable en el tiempo, su desempeño vocal en “Everyone Knows” es sencillamente celestial, y el sonido veloz y preciso de las bases de batería hacen que la música se experimente como un viaje etéreo acelerado. Los duetos característicos de la banda son un lugar en que ambos vocalistas han encontrado desde siempre un terreno cómodo donde trabajar, y en ese sentido “No Longer Making Time” se siente como un homenaje a la emblemática “When The Sun Hits” del álbum “Souvlaki” (1993), donde las voces armónicas, tras una melodía tranquila y un riff plácido de la guitarra, alcanzan un coro intenso. El sonido es familiar, pero se experimenta una indudable renovación.

Otro aspecto notable que Slowdive ha conservado de sus tres discos predecesores, es la majestuosa manera de dar cierre a sus álbumes, y este no es la excepción: en “Falling Ashes” un piano sutil, casi como una caricia, hace avanzar el último tema del álbum con solemnidad, cerrando con voces entrecruzadas que terminan con una sensación de dulzura que, fiel al estilo de la banda, se siente como una caída lenta.

Este nuevo disco de Slowdive cumple con trasmitir algo que pocas bandas pueden: autenticidad. Porque, siendo justos, hay que reconocer que en el sinnúmero de agrupaciones que se reúnen año a año en búsqueda de sus viejas glorias, es difícil encontrar una pieza que sea realmente honesta, que tenga un uso tan cuidado de la instrumentación y que, a la vez, sea increíblemente fiel a la motivación de crear, donde se siente el influjo de una emotividad desbordante. Y es que el homónimo de Slowdive produce la alegría de encontrarse con un viejo amigo, verlo cambiado, escuchar todo lo que ha aprendido con el tiempo y darse cuenta que, aun así, ha conservado su esencia: una sencillez y una calidez que le pertenece por naturaleza.

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Angel Olsen – “Whole New Mess”

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Whole New Mess

Hace menos de un año, Angel Olsen lanzó un álbum digno de definir una carrera. “All Mirrors” (2019) se estableció como el punto donde su composición y visión alcanzó un nuevo nivel, y el dramatismo de sus letras fue ampliado por la magnitud del sonido orquestal que acompañó al disco, combinación que lo convirtieron en uno de los mejores lanzamientos del año. Cuesta creer entonces que su concepto original sea todo lo contrario. “Whole New Mess” recopila las grabaciones originales de lo que conocimos en su disco anterior, reintroduciéndonos el corazón roto de la cantautora sólo a través de su voz y guitarra, demostrando que la grandiosidad de sus canciones no depende de los elegantes arreglos, sino que de su ilimitada capacidad de retratar el dolor.

Originalmente, “Whole New Mess” vería la luz junto a “All Mirrors” como una doble invitación al mundo de Olsen, pero su lanzamiento no pudo ser más oportuno. Como mucho del mundo actual, las versiones son solitarias, nostálgicas, envueltas en una atmósfera de confinamiento, como si hubieran sido compuestas en estos meses. Sin embargo, sería un error decir que son más silenciosas, pues la música presente introduce otra clase de poder. Tal es el caso de “Impasse (Workin’ For The Name)”, que puede parecer más minimalista en sonido, pero la voz y cuerdas de Olsen rugen de igual manera y su capacidad de electrizar no se pierde, a pesar de la desnudez mostrada.

Es a través de su capacidad para moldear su voz según sus emociones por donde la cantante logra diversificar los sonidos de un disco uniforme. Su voz es desgarradora, pero confortante, como en “Too Easy (Bigger Than Us)” o “Chance (Forever Love)”, donde sus tonos son clásicos, reminiscentes de dolores antiguos, aunque sus melodías son cálidas, como si confortaran sus lamentos. “Chance” pierde los arreglos que la convirtieron en un cierre tan catártico, pero no por eso deja de ser un fuerte golpe de emociones. Las vocales de “Tonight (Without You)” son potentes, pero necesarias, y aun sin el aplaudido final orquestal este parece ser un punto de catarsis, sin violines ni órganos, es su voz la que encuentra luz.

El peso más grande recae en las versiones originales de “All Mirrors” y “Lark”, ahora retituladas “(We Are All Mirrors)” y “Lark Song”. La primera es una pieza de folk mucho más tradicional, con un simple rasgueo que acompaña al relato universal de Olsen, intensificado por el constante reverb. Por su parte, “Lark Song” no pierde su fuerza y sigue arrastrando la responsabilidad emocional del disco, explotando a través de sus seis minutos en un crescendo de emociones. Si bien, estas versiones son mucho más íntimas, también reflejan una fuerte universalidad de experiencias, sin reducirse a las penurias del amor, sino que explorando múltiples relaciones humanas y sus efectos en las personas. La desnudez de su melodía ha permitido centrarse en el aspecto lírico, que presenta potencia por sí solo.

Existen dos canciones que no tienen punto a comparar: la apertura homónima y “Waving, Smiling”, que reemplazan a “Spring” y “Endgame”. La carta inicial lleva el espíritu del disco, mostrándose vulnerable y de un intencionado desorden, tal como los sentimientos que evoca, reconociendo una vida en constante cambio, pero aceptando la repetición de sus estados emocionales. El otro corte original es aún más vulnerable que el resto, tanto en melodía como en lírica es directa, sin rodeos, donde la soledad logra materializarse, pero un brillo esperanzador la ilumina: “El sol está brillando, estoy saludando, sonriendo, al amor por siempre, vivo y muriendo”.

Decir que las canciones en “Whole New Mess” son sólo demos inacabados sería minimizar las expresiones originales que se convertirían en “All Mirrors”. Esta colección de temas es tan fundamental como cualquier otra pieza de su discografía, donde la melancolía y desnudez no deben confundirse con una constante tristeza, sino como una invitación honesta a entender el mundo de una artista. Tan solo con su voz y su guitarra, Angel Olsen logra minimizar el sonido sin perder jamás la potencia, encontrando una nueva forma de hacer rugir sus sentimientos y dejando en claro que, lejos de los arreglos majestuosos, puede encontrar momentos de dramatismo, catarsis y, sobre todo, esperanza.


Artista: Angel Olsen

Disco: Whole New Mess

Duración: 42:05

Año: 2020

Sello: Jagjaguwar


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