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Slipknot – .5: The Gray Chapter

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Para una banda siempre es y será doloroso ponerse de pie luego de la pérdida de un integrante y/o amigo. El continuar trabajando se hace tedioso, y muchas agrupaciones deciden simple y llanamente separarse. Y es que la muerte es algo que deja una marca muy profunda y enraizada, pero hay ejemplos de músicos que han salido adelante y que, pese al dolor de la situación, optan por transformar toda esa energía negativa en algo positivo y significativo, tanto para su fiel público como para ellos mismos. Ejemplos simbólicos son Deftones y Alice In Chains, quienes saben de esto, y han plasmado desde lo mas profundo de sus mentes y corazones discos destacables, que marcan un antes y un después respecto a ese tan difícil paso, dándole el vamos al próximo capítulo. Como un inminente homenaje a su bajista y miembro fundador, Paul Gray, nace “.5: The Gray Chapter” con esa sensación mística y enigmática que es propia de un disco lleno de matices y sentimientos encontrados.

SLIPKNOT 01Esta última producción de Slipknot podría fusionar lo mejor de dos épocas. Por una parte toda la agresividad de “Iowa” (2001) y por otra la oscuridad y siniestralidad de “Vol. 3: (The Subliminal Verses)” (2004). Debemos recordar que el icónico baterista, Joey Jordison, fue desvinculado de la banda, hecho que marcó otro lamentable episodio para los fans, pero que intencionalmente –o no- dejó entrever a través de las redes sociales información fundamental sobre el proceso de composición de la esquiva quinta placa de estudio.

La placa abre con “XIX” y su gaita a ritmo fúnebre que, paulatinamente, nos transporta hacia ese sentimiento de silencio y respeto a un caído. Corey Taylor se incorpora logrando un grito desgarrador que, a la par con los tambores y de forma abrupta, converge en los enigmáticos y fantasmagóricos sonidos de Craig Jones en las mezclas. Toda esta ira reunida en el aire decanta en “Sarcastrophe” que, como un golpe en la mandíbula a la mismísima muerte, logra desencajar el ambiente creado y lo hace estallar. Esto se extrapola en el siguiente track, “AOV”, que parte muy al característico estilo de riff del death metal melódico, combinado con voces limpias que ensamblan de forma perfecta una pieza veloz, de buen groove en batería y que, hacia el final, remarca un headbanging brutal.

SLIPKNOT 02“The Devil In I” es el tema que nos introdujo al nuevo sonido de los norteamericanos y que además nos presentó en video como lucirían sus nuevas máscaras. Es un track melancólico y muy potente, que inicia con un trabajo en guitarras bien enganchador, funcionando a la perfección como mezcla entre agresividad y melodía. Percibimos nuevos sonidos y estos se ven ejecutados en “Killpop”, con un corte más hacia lo alternativo y que destaca en composición y arreglos, los mismos que estallan en el final junto a un impecable solo que, en cierta forma, mata a ese sonido “pop” que se presentó al inicio de la canción. Toda esa brutalidad culmina en “Skeptic”, corte visceral de ritmo insano marcado en batería, que nos recuerda los mejores momentos de la época “Iowa”; y es que posee todo: odio, armonía y un enorme mensaje dedicado a Paul Gray: “Este mundo no volverá a ver a un loco hijo de puta como tú / El mundo nunca conocerá a otro hombre tan increíble como tú”. Ahora, si el tema anterior dejaba ese sabor a “Iowa” que tanto se le pedía a la banda que volviera a experimentar, “Lech” deja en claro que esos bizarros tiempos de overol rojo están devuelta y arremeten con otro gran track que eleva esta fórmula a niveles simplemente demenciales.”Goodbye” es otra pausa necesaria ante el caos. Con una atmósfera llena de texturas y sentimientos, que se ven reforzados por una guitarra a medio tiempo, pavimenta el camino para “Nomadic”, tema que posee una batería con mucho groove, samples enfermizos y un coro pegadizo que, junto a las guitarras más afiladas que nunca, marca otro punto alto en este larga duración.

“The One That Kills The Least” explora sonidos contrastados entre el mencionado “Iowa” y “Vol. 3: (The Subliminal Verses)”. Un coro bien pronunciado y un puente hacia otro buen solo, hacen que esta pieza salga de las pautas autoimpuestas en trabajos anteriores. Destacable en percusiones se asoma “Custer”, que irrumpe con mucha violencia e intenta apagar una fogata con bencina. Un coro reiterativo y un trabajo alucinante en sampleos, transforman este tema en otro corte de alto calibre que los adictos al mosh pit amarán. “Be Prepared For Hell” marca otra pausa enfermiza, siendo la SLIPKNOT 03antesala perfecta para “The Negative One”, que fue elegido como single, y que además goza de varios matices en cuanto a composición, trayendo de vuelta los scratchs tan característicos de los primeros trabajos. Ya cerrando la obra, emerge “If Rain Is What You Want”, melancólica pieza que tiene todo lo que Slipknot sabe hacer: un coro bien ejecutado, una batería que marca el paso de las guitarras y el toque caótico y preciso que, con sampleos, endulza con atmósferas espectrales cada canción.

Para Slipknot el odio siempre fue el vital combustible para hacer fluir los engranajes a la hora de componer. Algo que los marcó y catapultó como el máximo exponente de una escena muchas veces menospreciada por los más puristas y que, pese a lo complicada de su carrera, ha forjado el respeto del público, tanto en lo visual como en lo musical. Posiblemente es su trabajo mas pulido en cuanto a sonido, con una cantidad de temas destacables que sobrepasa lo hecho anteriormente. Destacable es la forma en que son tratadas las percusiones, y cómo el resto de los integrantes aportaron enormemente en la composición, tanto en atmósfera como en la fórmula sonora seleccionada. Slipknot, cumple a cabalidad con su objetivo; han concebido un disco feroz, uno que con tan sólo escuchar el primer acorde es capaz de volarle la cabeza a quien, por curiosidad o necesidad, se determine a calificar este excelente registro.

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  1. Demian Altamirano

    26-Oct-2014 en 6:09 am

    Comparto mucho lo que dices.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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