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Sleep – “The Sciences”

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La carrera de Sleep dista mucho de ser una historia típica en el mundo del rock, factor que pudo haber influido de gran manera en que se convirtieran en una banda de culto. Después de llamar la atención de todo el medio con el monolítico “Sleep’s Holy Mountain” (1992) –clásico que definiría los cánones del stoner para siempre– firmaron un lucrativo contrato con London Records, una movida típica de los 90 en que la banda de underground con un material revolucionario entre manos firmaba con la multinacional para cimentar el camino que los llevase a la inmortalidad, como pasó con una gran cantidad de agrupaciones después de que Nirvana rompiera el cerco entre lo alternativo y lo comercial. Todo normal hasta aquí, sin embargo, nada hacía presagiar que la agrupación iba a llegar con un disco que consistía en una sola canción de más de una hora de duración. Por supuesto, el sello la rechazó de plano y las disputas legales fracturaron al combo hasta provocar su disolución en 1995.

Años más tarde, esa épica suite llamada “Dopesmoker” (1999) vio la luz finalmente en el momento en que los miembros de Sleep ya circulaban por la esfera musical con otros proyectos. El guitarrista Matt Pike formó High On Fire, mientras el baterista Chris Hakius y el bajista y vocalista Al Cisneros formaron Om. Cada uno de esos grupos aportó verdaderos clásicos durante el largo hiato de Sleep, hasta su renacimiento con formación original en 2009 para tocar en el festival All Tomorrow’s Parties, en lo que muchos pensaron que sería otra reunión más de viejas glorias de la generación X. Para sorpresa de todos, lo que partió con el lanzamiento del single “The Clarity” (2014), con Jason Roeder de Neurosis ocupando el lugar de Hakius tras su retiro de la música, se materializó en 2018 con “The Sciences”, una nueva entrega que no sólo reafirma su legado como verdaderos estandartes del género, sino que lo extiende y lo aumenta para posicionarse en el panorama actual como si el tiempo no hubiese pasado entre ellos.

La pregunta que asalta inmediatamente es si estamos frente a un nuevo disco de Sleep o más bien al trabajo de un supergrupo, pero al poco andar queda claro que mantienen la línea trazada en sus discos anteriores con un enfoque que toma lo mejor de los elementos explorados mientras esta gigante bestia stoner estuvo dormida. La caótica introducción de tres minutos de fuzz “The Sciences” retumba en los oídos y conducen a “Marijuanaut’s Theme”, cuyo riff y batería galopante desembocan en excelentes solos de bajo y guitarra, a cargo de Cisneros y Pike, respectivamente. Desde el principio se notan los kilómetros de ventaja que gana la batería de Roeder en comparación con lo previamente establecido por Hakius, incluso en los momentos más lisérgicos de “Sonic Titan” y “Antarcticans Thawed”, en que el baterista de Neurosis logra darle mucho más dinamismo a canciones que se venían trabajando desde las sesiones de “Dopesmoker”, pero que ahora encuentran su versión definitiva, mucho más robustas y monstruosas, con ritmos marchantes que van mutando de la nada a incursiones llenas de groove.

En “Giza Butler” el trío se esmera en homenajear a Black Sabbath utilizando los elementos distintivos de los de Birmingham a su servicio, desde el bajo que se escabulle lentamente, pasando por la acuosa y psicodélica guitarra que va tejiendo una atmósfera de completa tensión, hasta la batería que va apareciendo tétricamente, como la calma antes de una tormenta en la que Al Cisneros se erige como un iluminado dispuesto a predicar su mensaje, el cual se puede escuchar mucho mejor que antes, ya que su voz sobresale durante todo el registro y ya no pasa escondido por debajo de todo ese torrente de riffs difusos. Finalmente, la instrumental “The Botanist” pone cierre a este viaje, mostrando el trabajo más fino de Pike como guitarrista de la agrupación, tanto en el comienzo agresivo y terriblemente distorsionado, como en su desarrollo que combina la emocionalidad de su guitarra eléctrica en un solo sencillamente astral con la delicadeza de la guitarra acústica, cerrando de manera perfecta un círculo de 53 minutos con total equilibrio.

A 15 años de su último larga duración, en todo sentido de la expresión, Sleep vuelve con un trabajo que está justo en el medio entre lo visceral y lo espacial, que bebe tanto de la agresividad de la distorsión desatada como de lo más hipnótico en términos de desempeño vocal para cuajar en una entrega balanceada y llena de momentos absolutamente atronadores. A pesar de que dos de las seis canciones que componen “The Sciences” ya circulaban en la órbita de sesiones anteriores o de actuaciones en vivo, es bueno tenerlas por fin en un formato oficial, algo que puede decepcionar a los fanáticos acérrimos impacientes por material cien por ciento nuevo, pero no se puede negar que la nueva formación dota de un aire totalmente fresco a esas composiciones y, a su vez, entrega el mejor material original de la banda hasta ahora. ¿Este disco marcará el despertar definitivo de Sleep o la banda decidirá mantener su irregularidad para ensalzar su posición como uno de los tesoros más preciados del stoner? Mientras esperamos la respuesta, demos comienzo al “rifftual”.


Artista: Sleep

Disco: The Sciences

Duración: 53:00

Año: 2018

Sello: Third Man Records


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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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