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Sleater-Kinney – No Cities To Love

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El “disco de retorno” es un objeto cultural bastante prismático, que desde donde quiera que se le ilumine generará un espectro de resultados que son tan variados como coloridos. A veces, damos con los colores más bellos. Otras, simplemente con los más obvios; o las peores, con los más feos. Por ello es que hay mucho de riesgo cuando una banda indica que, tras volver a tocar en conjunto, sacarán un “disco de retorno”. De partida, ¿retorno a qué? ¿A escarbar en la nostalgia? ¿A repetir fórmulas para volver a lo básico? O tal vez la mejor opción: para ganar un sitial destacado en la música actual, tal como pasó en los tiempos dorados.

SLEATER-KINNEY 01Esta última opción la logran pocos artistas solistas, y pocas agrupaciones, principalmente porque la conjunción de factores para conseguir el éxito pleno de un disco de retorno es compleja. La química, la fuerza, el hambre de triunfo, tener algo que decir, decidir tirar de un mismo tren por un mismo riel al mismo tiempo. Y por ello es que “No Cities To Love”, el octavo disco de Sleater-Kinney, es tan fundamental y tan urgente de escuchar, diseccionar y disfrutar como toda su discografía. De hecho, “No Cities To Love” se instaló sin dudas como el primer, y tal vez más fuerte contendiente, a disco del año. Sí, en enero.

Es que lo que consigue Corin Tucker, Janet Weiss y Carrie Brownstein en este álbum es gigantesco. No sólo es imposible adivinar por el sonido de este disco que haya existido un bache de casi diez años en su historia, sino que también la energía desplegada es explosiva y llena de ganas, como si el trío estuviera re-debutando y sintieran que debían reclamar un lugar en el mundo. Una de las bandas más relevantes del rock norteamericano de las últimas décadas se puso la tarea de armar un disco prácticamente como si fueran debutantes. Lo mejor de todo es que lo logran, y este es uno de esos trabajos que no necesitan de contexto para ser comprendidos, como usualmente pasa con los discos de retorno. De hecho, ni siquiera merece ese apelativo, va más allá. “No Cities To Love” desafía al tiempo transcurrido y también a la necesidad del conocimiento previo de su trabajo.

SLEATER-KINNEY 02No es de extrañar que nos encontremos con un montón de gente que no haya escuchado antes a Sleater-Kinney y que ahora puedan convertirse en fanáticos. Aunque “The Woods” (2005), su disco anterior, era un gran disco y sus letras son las más profundas creadas por el trío, el sonido no era tan directo y urgente como ocurre en “No Cities To Love”. Lo mejor es que no retroceden un ápice en la crítica a grandes problemas de la sociedad contemporánea, como la relevancia excluyente del dinero (“Price Tag”), la dificultad de encontrar puntos de encuentro para los individuos (“No Cities To Love”) o la construcción errónea de referencias basales para las amistades (“Bury Our Friends”), todo esto con un sonido cargado de energía. Lo más interesante es que la perspectiva es absolutamente propia, sin buscar ser voces de una generación, sino que ser voz de sus pareceres, lo que deriva en algo mucho más genuino, honesto y humilde.

La batería de Janet Weiss está todo el tiempo al máximo, incluso en los matices más sencillos, en tanto que las guitarras de Carrie Brownstein y Corin Tucker se lucen con parte de los riffs más cargados de su historia. De hecho, el sonido es explosivo y catártico, pero al mismo tiempo todo está bajo control. Aunque la energía rememore al disco de una agrupación debutante, lo cierto es que la experiencia trasluce y da a entender que Sleater-Kinney debía volver a tener el hambre de antaño para sacar un disco digno de su historia, y lo logran con creces.

“No Cities To Love” es un disco urgente de escuchar y que toma tiempo de comprender en su totalidad. Como el sonido es tan directo y tan fácil de digerir, toma un montón de pasadas el llegar a SLEATER-KINNEY 03las profundidades de las capas de su sonido, o las letras, o el entendimiento de los espacios menos encendidos. Las armonías de canciones como “Surface Envy” son tan deliciosas como exigentes, y el cierre con “Fade” es el decantamiento perfecto de la sensación de liberación de energías, ira, alegría y urgencia que inundan a este, el octavo disco de la banda de Olympia.

Con “No Cities To Love”, Sleater-Kinney se ganará nuevos fans, reencantará a los antiguos, y también dice muchas cosas. De partida, dice presente, y nos devuelve a una de las principales bandas del rock independiente. También se instala con una voz que cualquiera puede tomarse porque, claro, el facilismo invita a mirar a S-K como una banda compuesta sólo por mujeres y ese filtro hace que nos fijemos en lo relevante de lo femenino y la voz de las mujeres en este álbum, pero eso sería injusto porque sería discriminación. Sleater-Kinney es una banda de rock, y punto, y como tal se dedica en su primer disco en casi una década a reclamar un lugar merecido con medio pie en el presente, medio pie en la energía adolescente, y un pie completo en el futuro que, como tal, luce brillante para el trío.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Dj Loncho

    09-Abr-2015 en 5:45 pm

    Buen rock de estas minas de Seattle………

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Kaiser Chiefs – “Duck”

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Duck

En “Duck” los ingleses dan con su versión más bailable. Coqueteando con ritmos pop y northern soul, Kaiser Chiefs se la juega por un álbum inocente, que sigue la línea de su último trabajo “Stay Together” (2016), pero que lo aleja cada vez más del estilo que los posicionó como una de las bandas más interesantes del indie británico. Con este nuevo LP, los de Leeds regresan para dar vuelta la página de su última producción, la cual llevó a Wilson y compañía a un sonido electro-pop que no terminó de convencer ni a la crítica ni a sus fans, por eso cuesta creer que este nuevo trabajo apunte donde mismo.

“People Know How To Love One Another”, primera canción de la placa, entrega melodías inocentes y letras cliché, dando con un sonido popero que hace bailar y pasarlo bien, pero que no entrega mucho más. De la banda que predecía motines y se caracterizaba por tener un espíritu obrero, queda muy poco. La inocencia es una tónica en el trabajo, el que comienza de una forma mucho más prometedora de la que termina. “Golden Oldies” y “Wait” muestran a los Chiefs más atinados, dejando en claro que los creadores de “Never Miss A Beat” pueden hacer himnos de estadio, aunque hayan dado un giro musical.

Una de las claves para entender los cambios entre “Stay Together” (2016) y este disco es la vuelta a las guitarras, elemento que en su anterior trabajo fue muy poco trascendental. Para “Duck”, Andrew White vuelve a tener un rol protagónico, pero de una manera distinta a la que tuvo en la primera parte de su discografía; ya no es el ejecutor de riffs afilados y grandes solos, sino que busca acompañar y nutrir piezas que van por distintos estilos, pero que terminan siendo canciones parecidas. Así es como pasamos de la balada “Target Market” a “Don’t Just Stand There, Do Something”, una de las canciones más similares a lo que desarrollaba la banda en la década pasada, aunque eso sería darle mucho crédito.

El disco entrega una sensación constante de repetición, provocando que las piezas no varíen mucho entre ellas y tampoco aporten nada nuevo a la escena, incluso pareciera que todas las canciones buscan lo mismo: dar con hits radiales y coros pegadizos, como los de “Record Collection” y “The Only Ones”. El LP deja en claro que la banda busca un nuevo sonido y estilo, luego de que su fórmula inicial comenzará a quedar oxidada con “Education, Education, Education & War” (2014) y, aunque el momento político y social que vive Inglaterra parecía una oportunidad idónea para ver al Ricky Wilson más afilado, este sólo siguió plasmando analogías amorosas y vivencias románticas. Las criticas sociales casi no aparecen en este trabajo y es que Kaiser Chiefs cambió, dejando bien atrás la impronta rebelde y combativa que tenían en “Employment” (2005) y “Yours Truly, Angry Mob” (2007).

Ya para el final del álbum se comienza a notar un agotamiento de la idea, recayendo nuevamente en una fórmula que se repite canción a canción: dar con un sonido pop que probablemente les servirá para seguir recorriendo los festivales más importantes, aunque muy difícilmente los posicione nuevamente como un show estelar de estos. “Lucky Shirt” y “Northern Holiday”, dos canciones extremadamente comerciales, sirven como aperitivo a “Kurt vs Frasier (The Battle For Seattle)” que da cierre al disco y la cual, a pesar de prometer con un título full cultura pop anglosajona, se queda en otra canción inocente tanto por su letra y sonido.

Kaiser Chiefs con este nuevo disco nos demuestra que vive tiempos de cambios y que lo bailable es su nuevo eje, simulando lo que hizo Franz Ferdinand con “Always Ascending” (2018) y The Kooks con “Listen” (2014). Los hombres de “Ruby” se suman a este boom que viven las bandas indie británicas por probar nuevos rubros, usando el pop y la electrónica como respuestas. Aunque el resultado del álbum no sea el mejor, al grupo parece no importarle, ya que su nombre sigue estando en el radar y, con trabajos como este, su participación en los charts y radios parece estar asegurada.


Artista: Kaiser Chiefs

Disco: Duck

Duración: 40:48

Año: 2019

Sello: Polydor


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