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Slayer – Repentless

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“El show debe continuar”, frase utilizada en constantes oportunidades, en especial cuando las cosas se ponen un poco difíciles. Esa oración tan cliché, fue fundamental para Slayer a la hora de construir el sucesor de “World Painted Blood” (2009), porque el camino para la banda se puso cuesta arriba durante el último tiempo. A la partida de su emblemático baterista Dave Lombardo en febrero de 2013, se sumó el fallecimiento de su guitarrista, Jeff Hanneman, sólo 3 meses después, haciendo que “Repentless” tardara un poco más en ver la luz. Pese a esto, Kerry King –para muchos el mentor principal de la banda- tomó las riendas hacia nuevas direcciones, cosa que queda evidenciada en el sonido de este, el 11° álbum del cuarteto. Con riffs demoledores y potentes solos de guitarra, Slayer entrega en “Repentless” el manifiesto concreto de que siguen más vigentes que nunca, aunque fue SLAYER 01todo un desafío para King y Araya, ya que debían mantener la fórmula de su sonido, sin contar con dos piezas fundamentales de este.

Desde los orígenes del Slayer más clásico, arremete “Delusions Of Saviour”, introducción que marca el prólogo perfecto para la agresividad desatada en “Repentless”, track que, además de dar nombre al disco, declara un mensaje conciso y sin rodeos: Slayer está de regreso, con más potencia que nunca. Notable es el trabajo de Paul Bostaph en las baquetas, en especial en esta canción; el baterista, que regresa a la banda luego de “God Hates Us All” (2001), se luce con agresivos redobles y una impecable velocidad, sin nada que envidiarle a Dave Lombardo.

King supo definitivamente cómo mantener el sonido característico de la banda, dándole un retoque a lo mostrado en álbumes anteriores. No por nada “Take Control” se confiesa como un track notoriamente de su autoría, con cambios de ritmo y apocalípticos solos de Gary Holt, quien a pesar de estar girando desde 2011 con la banda, hace su debut discográfico supliendo a Hanneman. “Vices” se refugia bajo el Slayer de los años 2000, muy en la línea de “World Painted Blood”; Bostaph vuelve a hacer de las suyas con una increíble interpretación en la batería durante los tres minutos y medio que dura la canción. La calma llega en “Cast The First Stone”, pero esto sólo en su introducción, porque luego se transforma en una descarga de riffs demoledores y esas líricas tan agresivas que Tom Araya dispara sin cesar. Ese mismo tono amenazante y furioso del frontman se ve reflejado en “When The Stillness Comes”, y es en este punto donde el álbum ya ha mostrado de todo, evidenciando aún más su contundencia en “Chasing Death”, donde los apocalípticos riffs de King y Holt se entremezclan con la implacable batería de Bostaph y la voz de Araya, haciendo que la banda suene como en sus mejores años, pese a tener a sólo dos componentes de esa época dorada.

SLAYER 02Y si de apocalipsis se trata, “Implode” lo desata desde su inicio. La versión 2015 de Slayer encuentra su cúspide en esta canción, la cual habla del fin del mundo, guerras mundiales y destrucción, es decir, thrash en su máxima expresión. Si bien en el álbum fueron utilizados algunos solos de Hanneman, estos no fueron ejecutados por el fallecido guitarrista. Aún así, uno de los descartes de “World Painted Blood”, titulado “Piano Wire”, fue incluido en memoria de Jeff, siendo la única composición de su autoría presente en el disco. El sonido que cierra el álbum pasa por distintas etapas, desde el Slayer clásico y ochentero en “Atrocity Vendor”, hasta uno moderno (sin perder ese sello característico) en “You Against You”, que despliega rapidez y agresividad en su ritmo y letra. Todo aquello desemboca en “Pride In Prejudice”, broche de oro que se desarrolla entre redobles, riffs, solos y los gritos de Araya, cerrando un álbum sin puntos bajos, manteniendo una tónica de entrega siempre en lo más alto.

A pesar del escepticismo de críticos y fans por igual, King supo cómo dirigir el destino de la banda, entregando uno de los trabajos más notables de su discografía, y que los hace regresar en gloria y majestad. Si bien Gary Holt no aportó en composición, deja la vara alta en cuanto a la interpretación de canciones que en vivo hará suyas. Lo mismo para Paul Bostaph que, aunque ya tiene más recorrido en el cuarteto (siendo este su quinto álbum con la banda), logra destacar sin que se extrañe a Dave Lombardo en las baquetas. El manifiesto de Slayer era demostrar que siguen tan agresivos como siempre, cosa que queda demostrada con creces durante 41 minutos y 57 segundos.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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