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Slash – Apocalyptic Love

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Slash, el ex guitarrista de Guns N’ Roses y Velvet Revolver, vuelve a la escena musical con su segundo álbum en solitario, el cual fue editado bajo su propio sello discográfico (Dik Hayd International, aunque distribuido por EMI) y que cuenta con la voz del frontman de Alter Bridge, Myles Kennedy, quien también colabora en la composición de todas las canciones. Kennedy ya había trabajado con Slash en dos placas en vivo, “Live In Manchester” (2010) y “Made In Stoke” (2011), pero este constituye el primer registro en estudio. El resto de los músicos que dan vida al álbum, son Bobby Schneck (guitarra rítmica), Brent Fitz (batería) y Todd Kerns (bajo), que según la portada del disco, vendrían siendo “The Conspirators” (Los Conspiradores).

Este trabajo fue grabado en los estudios Barefoot Recording de Hollywood, y su producción estuvo a cargo del conocido Eric Valentine, quien también fue responsable del primer disco de Slash (2010), y que ha colaborado con artistas de la talla de Queens Of The Stone Age, Smash Mouth y Good Charlotte. Como era de esperar, la mayoría de las canciones del álbum se fundamentan sobre potentes y bien logrados solos de guitarra, además de sólidos riff, que no hacen otra cosa que dejar en claro el virtuosismo de Slash, y un egocentrismo que lo motiva a plasmar su impronta en cada uno de los cortes del disco. A pesar del papel protagónico que asume la guitarra del inglés, en varios pasajes la voz de Myles Kennedy se logra imponer, alcanzando un equilibrio entre ambos elementos, lo que tiene como resultado lógico un trabajo consistente y lleno de potencia.

El tema encargado de abrir el disco, es también el que le da su nombre; “Apocalyptic Love” es un prólogo perfecto a lo que será el resto del álbum, con una guitarra que suena potente y la particular voz de Kennedy, exigiendo al máximo su registro vocal de 4 octavas. La segunda canción es “One Last Thrill”, que crece en velocidad respecto a su predecesora y que mantiene la energía en lo más alto. En “Standing In The Sun” se bajan un poco las revoluciones, para dar paso a una melodía mucho más armónica, en donde gana en presencia la guitarra de Slash. El siguiente tema, “You’re A Lie”, corresponde al primer sencillo de la placa, el cual destaca por lo fuerte de su sonido y un estribillo pegajoso. “No More Heroes” comienza mucho más relajado, con una batería que suena tímida, y en donde irrumpen las seis cuerdas y la voz de Myles, para completar una pieza potente. Los sonidos más crudos llegan de la mano de “Halo”, sin duda uno de los puntos más altos del trabajo, que saca ventaja en energía, casi forzando a seguir el ritmo con cada parte del cuerpo. El siguiente corte es “We Will Roam”, que en contraste con los anteriores temas, no aporta mucho al desarrollo del álbum. Un track del que perfectamente se podría prescindir sin ver impactada la integridad del disco.

La segunda mitad del trabajo comienza con la singular “Anastasia”, que desde un principio llama la atención por los sonidos limpios y melódicos de una guitarra acústica, pero que de inmediato vuelve a la realidad con toda la potencia del hard rock que llega de improviso. El disco continúa con “Not For Me”, en donde todo el protagonismo lo asume la voz de Alter Bridge, relegando a un segundo plano al resto de la banda. En el comienzo de “Bad Rain” el registro de Kennedy sigue dominando, pero de a poco vuelve a aparecer la batería y los sonidos ásperos de la guitarra de Slash. “Hard & Fast” hace honor a su nombre, imprimiendo mucha velocidad y una interpretación que no escatima en energía y entrega. El tema “Far And Away” trae de vuelta los sonidos más limpios en una suerte de balada rock, con un guitarra que suena al volumen exacto, para no interrumpir la perfección de la pieza. La última canción del álbum es “Shots Fired” que cierra el circuito de la misma manera en que comenzó, con sonidos potentes en cada una de las pistas y la fuerza vocal de Myles Kennedy que se convierte en pieza angular de los buenos dividendos que saca el disco. La edición de lujo también incluye los temas “Carolina” y “Crazy Life”, que mantienen la misma línea del resto del trabajo.

A modo de resumen, se puede decir que Slash consiguió superar con creces su primer trabajo en solitario, encontrando en Myles Kennedy el complemento perfecto para dar vida a un álbum lleno de energía y potencia, que cumple cabalmente con lo que se espera de un artista de su reputación.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Joaquin Chocapic Perez

    31-May-2012 en 3:28 pm

    Es el medio disco. La verdad, desde que salió el primer single del disco, quede con las esperanzas que Slash, Myles y The Conspirators nos traían algo muy bueno, potente y de calidad. No me decepcione. Gran trabajo!

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El Álbum Esencial: “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd

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The Dark Side Of The Moon

No hay que ser seguidor de Pink Floyd para reconocer que “The Dark Side Of The Moon” marca uno de los momentos más altos en la historia del rock, metiéndose de lleno en ese selecto puñado de álbumes que todos deberían escuchar por lo menos una vez en la vida. Es tan así, que, si bien podemos estar todos de acuerdo en que los rankings no definen la grandiosidad de un álbum, no es menos cierto que funcionan como indicadores duros a la hora de evaluar un fenómeno musical. En esta línea, es imposible pasar por alto que al hablar de “The Dark Side Of The Moon” lo estamos haciendo de un disco con más de 45 millones de copias vendidas en todo el mundo, que además tiene la particularidad de haberse instalado majaderamente en el top 200 de Billboard desde su lanzamiento en 1973 hasta 1988, para luego (como si no hubiera sido suficiente) volver a meterse el año 2009. Si esto no es un indicador de vigencia y transversalidad, entonces nada lo es.

Sin embargo, los méritos que hacen de “The Dark Side Of The Moon” un álbum único, exceden largamente sus cualidades estadísticas. En lo concerniente a la banda, el disco marcaría sin duda una suerte de renacimiento. Después de debutar en 1967 con un fantástico larga duración bajo el liderazgo de Syd Barret, la inesperada salida del crazy diamond del cuarteto pondría en jaque el futuro de este, obligando al conjunto a entrar en un largo período de reinvención musical que no fue fácil. La experimentación sonora con marcados tintes de psicodelia y folk se tomaron la identidad de los londinenses y, si bien con el tiempo discos como “A Saucerful Of Secrets” (1968), “Ummagumma” (1969) y “Meddle” (1971) probarían ser imperecederos, lo cierto es que a principios de los setenta el conjunto comenzaba a hacerse difícil de seguir.

Por fortuna, una de las características de la banda siempre fue la capacidad de ir constantemente revaluando su propuesta. En esta línea, “The Dark Side Of The Moon” en ningún caso fue un accidente. La idea de aventurarse en un álbum de identidad lírica compacta, donde esto fuera incluso más relevante que la oferta sonora, hace rato se había apoderado de la mente de Waters, al punto que una de las cosas que demoró la salida del álbum tuvo que ver justamente con que Pink Floyd sintiera que el concepto se había logrado. Y dicho concepto era importante, sin duda la banda de sonido tenía que estar a la altura. Asentados durante ocho meses en los estudios Abbey Road y con Alan Parsons como ingeniero en sonido, echaron mano al uso de loops, samples de conversaciones grabadas en el estudio, sintetizadores análogos y la técnica del multi track recording para dar vida al trabajo que definitivamente haría de la banda un fenómeno reconocido a nivel mundial.

Para iniciar el viaje, el diseñador Storm Thorgerson nos regala una portada inmortal. De interpretaciones múltiples, la carátula de “The Dark Side Of The Moon” es el primer signo de que los cuarenta minutos de música que vienen de la mano de esta portada no son cosa trivial. “Speak To Me” funciona como obertura e incluye varios guiños a fragmentos que aparecerán a lo largo del disco. Corre como una sola pieza con “Breathe”, simbolizando el inicio de la vida, que estaría marcado por la batería de Nick Mason (a modo de latido cardiaco). Por su parte, el etéreo y acogedor ambiente de “Breathe” dominado por la guitarra de David Gilmour, abre las líricas del álbum (dejando de lado el pequeño fragmento de conversación de “Speak To Me”) en una imagen que evocaría al padre hablándole a su hijo recién nacido para que respire y lo haga sin miedo, no olvidando disfrutar la vida.

“On The Run” llega a sacudir la calma del corte anterior, destacando desde el inicio por una secuencia de sintetizador repetida de forma reverberante a altísima velocidad, representando de forma sublime el agobiante estrés al que nos vemos enfrentados en la inmisericorde maquinaria del día a día. La canción crece de forma sostenida a lo largo de sus casi cuatro minutos, explotando para dar paso a “Time”, uno de los cortes más celebrados de esta placa. Reconocible desde el primer segundo gracias al coro de relojes que abre el tema y el característico rototom con que Mason acompaña la introducción, “Time” se desarrolla directa y contundente, guiada de manera impecable por la avasalladora guitarra de Gilmour. Tratándose del único track firmado por los cuatro integrantes del conjunto, tiene además el mérito de abordar con elegancia uno de los tópicos más inquietantes de la existencia humana, la mortalidad y el sentido de trascendencia.

Y si de mortalidad se trata, el cierre de la primera cara de la placa termina graduando al registro en estos menesteres. Haciendo gala de una capacidad de improvisación vocal francamente excepcional, Clare Torry hace de “The Great Gig In The Sky” uno de esos cortes imposibles de ignorar. Único e irrenunciable (originalmente titulado “The Mortality Sequence”), logra expresar sin inconvenientes el dolor y paz que acompañan el proceso de la muerte. Sin embargo, no hay descansos en este viaje, ya que rápidamente la segunda cara del larga duración nos golpea con otra canción inmortal. Es el turno de “Money”, tema que, compuesto por Waters con el objeto de abordar el flagelo del dinero y la avaricia, no sólo incluye una de las líneas de bajo más reconocibles de los setenta, sino que además se da el lujo de completar la base rítmica del track con un loop de cajas registradoras, monedas y papel roto, para luego cerrar distorsionado y catártico. Brillante, sin duda alguna.

“Us And Them” baja las revoluciones, dejando al saxofón de Dick Parry como guía y protagonista de este maravilloso corte acerca del sinsentido de la guerra, donde el eco en la voz de Gilmour funciona tan bien a la hora de dar identidad a este track, que debería tener una mención adicional en los créditos. A continuación, “Any Colour You Like” repite casi sin cambios la estructura armónica de “Breathe”, sin embargo, a diferencia del primero, evita por completo las voces, entregándose del todo a generar atmósferas, haciendo uso y abuso del teclado sintetizado. Ya para ir tomando la recta final, “Brain Damage” habla del lado oscuro de la luna por primera vez en todo el trabajo, apuntando directamente a la figura de Syd Barret. Se trata de un tema de evidentes tintes psicodélicos, amablemente acompañado por guitarras, sintetizador y arreglos vocales, a través del cual Waters intenta reivindicar el derecho a ser distintos.

Hacia el final, “Eclipse” nos confronta con lo banal de la existencia. El órgano Hammond y los acompañamientos vocales funcionan de manera perfecta para enrostrarnos que nada de lo que hacemos o somos es finalmente tan importante. Al cierre, sólo nos queda el latido (último signo de vida al terminar esta travesía) y la paradoja con que la banda decide dejarnos, que dice “There is no dark side in the moon really / Matter of fact it’s all dark”. Sobrecogedor y liberador en igual medida.

“The Dark Side Of The Moon” se instalaría finalmente como un fantástico viaje a través de las problemáticas más universales que enfrenta un individuo a lo largo de su vida, logrando transcurrir de forma seductora y fluida desde la primera señal de vida de “Speak To Me” hasta el último latido que cierra el álbum. De hecho, la principal virtud de este trabajo terminaría siendo precisamente la excelente manera en que logra fluir a lo largo de sus cuarenta minutos. Se trata de un disco que, abordando temáticas tremendamente complejas, logra hacerlo de forma muchísimo más amigable, directa y efectiva que lo que venía haciendo la banda en sus trabajos anteriores. Este es el momento en que el conjunto terminaría de explotar, adquiriendo esa capacidad única de crecer en simpleza, sin sacrificar en nada la profundidad de su propuesta. El tiempo (y los siguientes discos) confirmaría que el giro había sido el correcto. Hoy, tal como hace décadas, la vida sigue siendo un camino difícil de recorrer, pero por fortuna siempre tendremos esta inmortal banda sonora para recordarnos que no hacemos el recorrido solos.


Artista: Pink Floyd

Disco: The Dark Side Of The Moon

Duración: 42:59 minutos

Año: 1973

Sello: Harvest Records / Capitol Records


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