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Serj Tankian – Harakiri

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Déjà vu es ese extraño fenómeno sufrido por Keanu Reeves en Matrix cuando ve que pasa un gato negro por un pasillo y se da cuenta que algo no anda del todo bien. Como Keanu nunca pudo poner cara de intriga, el director decidió poner un segundo gato negro en escena para que nosotros, los espectadores, supiéramos de ese error en la Matrix. Déjà vu también es un video de Beyoncé, que a juzgar por su coreografía, hay un error en ella misma. Una sensación similar al Déjà vu es el Déjà entendu, que se define como el fenómeno de haber escuchado algo antes, sin que ello haya pasado. Y “Harakiri”, el nuevo álbum de Serj Tankian, patrón de fundo en System Of A Down, es también un Déjà entendu, pero de los buenos.

No hay que trabajar en Billboard o HumoNegro para saber de la preponderancia de Tankian en SOAD y de la posibilidad de que un proyecto en solitario tenga los mismos códigos de su banda. Si nos vamos unos años atrás, encontramos los álbumes “Imperfect Harmonies” (2010) y “Elect The Dead” (2007), ambos con la misma fórmula sonora de SOAD: vértigo, velocidad, síncope, guturales, riffs rápidos y gritos parecidos a los de una señora de la tercera edad. Y con “Harakiri” pasa lo mismo, completando la interesante trilogía en solitario del doble oficial del Duque Igthorn de los Osos Gummy.

El desfile de tracks comienza con “Cornucopia”, estandarte que cuenta lo que está por venir en los próximos 45 minutos y un poco de lo que ya hemos escuchado antes, seguido por “Figured Out”, abriendo el disco con un dúo de tracks con los arreglos necesarios en voz y guitarra como para no extrañar a su partner Daron Malakian. En tercer lugar y en tono folklórico del Cáucaso está “Ching Chime”, interesante muestra de la capacidad vocal  y legado étnico de los antepasados de don Sergio, provenientes de Armenia (país vecino de Georgia, Irán y Azerbaiyán. Todo pasando por allá, perro). En “Butterfly” vuelve el poder sónico de costumbre, con esos cambios de ritmo que quién sabe cómo diablos a la larga te arman un tema ordenado. El quinto track lleva el mismo nombre del álbum y se merece un par de orejas más para escucharlo, porque es una de esas baladas o “lentos” de esos buenos que ya le conocemos, como “Aerials” y “Toxicity” de SOAD. Luego conmemora la ocupación de Wall Street con “Occupied Tears”, tema que se desmarca del set completo del disco, al combinar bases electrónicas con arreglos rockeros y le alcanza incluso para meter algo de jazz por ahí. Buena jugada. Las secuencias electrónicas le quedan gustando y lo comprueba con “Deafining Silence”, jugando también el beatboxing y las segundas voces. Pero la sangre tira y su sello rockero personal vuelve con la velocidad característica en “Uneducated Democracy”, para nuevamente bajar las revoluciones con “Forget Me Knot” y un falsetto femenino que coquetea perfectamente con la ópera, que nuevamente aparece, pero cambiándose de sexo para hacer registros vocales masculinos en “Reality TV” y su combinación ganadora de letras en el estribillo “nipples, tongues , testicles, cheeks”.

Cerramos con todo el vértigo y la fuerza de “Weave On”, para coronar un álbum que no se desinfla en ningún momento, así que este próximo 10 de julio no queda nada más que bajarlo por Torre… comprarlo y ponerle harta oreja.

“Harakiri” es el hermano menor mateo de “Elect The Dead” y de “Imperfect Harmonies”, y también primo de los álbumes de SOAD, que depura el sonido de sus familiares, evitando innovar demasiado, porque lo hecho por Tankian en solitario y con sus amigos armenios ya es algo nuevo. En términos de letras, detenerse en cada una de ellas es pega. Pero en todos los tracks se pueden encontrar conceptos propios de una crítica contemporánea e inteligente contra las grandes corporaciones, los medios, los gobiernos, las guerras y la falta de humanidad en la ídem. Harta metáfora y juego de palabras. Mucha gracia y mucha rabia. Nada de protestas gratuitas como “el shishtema es corrupshión” o “la shoshiedad tiene la culpa de que yo queme microsh y kioshkosh”.

El único detalle de “Harakiri” es que ese mismo detalle puede convertirse en el gran problema: la similitud en sonido con System Of A Down. Un problema vivido en otras épocas, como en los 80’s con Journey y los proyectos en solitario de su vocalista Steve Perry. Pero, ¿qué se le va a hacer cuando el Tatita Dios armenio te entrega el don de una voz única? Seguir sacando discos buenos sin preocuparse si suenan parecidos o no.

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Marco Moya

    06-Jul-2012 en 9:52 pm

    Weon!

    QUE DISCAZOOOOOO

    QUE VOOOOOOOOOOOOOOOOOZ

    Y http://kat.ph/usearch/harakiri%20serj%20tankian/ Por que eserar hasta el 10 es demasiado Mainstream jajajajajajaja

  2. BJ

    17-Jul-2012 en 8:53 pm

    Me gusta mucho más lo q hacía en el proyecto SERART.

  3. ElHarakiriLink

    30-Jul-2012 en 5:18 pm

    Serj Tankian

    Harakiri – 01 – Cornucopia
    Harakiri – 02 – Figure It Out
    Harakiri – 03 – Ching Chime
    Harakiri – 04 – Butterfly
    Harakiri – 05 – Harakiri
    Harakiri – 06 – Occupied Tears
    Harakiri – 07 – Deafening Silence
    Harakiri – 08 – Forget Me Knot
    Harakiri – 09 – Reality TV
    Harakiri – 10 – Uneducated Democracy
    Harakiri – 11 – Weave On

    ST-H.rar
    subido a media fire en el link:

    http://www.mediafire.com/?opgetlligdw1lis

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Hinds – “The Prettiest Curse”

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The Prettiest Curse

Llevar las influencias musicales en la manga puede resultar en molestas comparaciones. En el caso de Hinds, la sombra de bandas como The Strokes se ha vuelto en una constante, pero en su último disco, “The Prettiest Curse”, el cuarteto español amplía sus sonidos y mira hacia una audiencia más amplia, con un material distintivo que celebra el trabajo y carisma de la agrupación. Con producción de Jenn Decilveo (Beth Ditto, Bat For Lashes), la banda deja de lado su clásico sonido garage pop por una paleta más expansiva y colorida. Esto se percibe rápidamente en la apertura “Good Bad Times”, un explosivo giro al power pop con relucientes guitarras y percusión, liderada por el juego vocal entre Carlotta Cosials y Ana Perrote.

Sus personalidades relucen en “Just Like Kids (Miau)”, una crítica a los sexismos y prejuicios que han enfrentado en la industria: “¿Puedo decirte algo sobre tu banda? Estoy seguro de que te encantaría escuchar mi consejo. El sarcástico corte es acompañado de un instrumental dulzón que enaltece la actitud pasivo-agresiva de la composición, en un giro que apela a una mayor audiencia, pero que se presenta como un paso natural más que una necesidad de satisfacer al mainstream. Otra agradable sorpresa son las primeras letras en español de la banda, presentando un arriesgado spanglish que puede resultar molesto para unos y disfrutable para otros. Este juego cultural se materializa musicalmente en la cautivante “Come Back And Love Me <3”, un romántico homenaje a sus raíces, girando hacia bossa nova en la disonancia más grande del “The Prettiest Curse”, pero que se gana un espacio gracias a la constancia en sus vocales. El uso de su lenguaje nativo es una herramienta más que bienvenida, haciendo que su sonido sea más distintivo.

Los elementos del garage no son olvidados por completo, y canciones como “Burn” son ejemplos fieles a su sonido original, donde las chicas se unen en un rugiente estribillo que culmina en un outro a cargo del guitarreo electrónico clásico. Sin embargo, sus estructuras son mucho más pulidas que antes y la técnica en estas logra destacar, como en “Take Me Back”, un tema clásico del repertorio de la agrupación, pero con una evolución que deja brillar cada elemento, con un solo que funciona como el golpe emocional del disco en una nostálgica y atrapante melodía.

Si bien este es un disco de cambios, el elemento principal sigue siendo las voces de de Cosials y Perrote. Mucho de “The Prettiest Curse” es liderado por la personalidad que sale de sus vocales, logrando cambiar el tono en que cada canción es percibida, desde la irónica “Just Like Kids”, la sensual “Come Back And Love Me”, o “Riding Solo”, que presenta un pegajoso coro creado para estadios, en uno de los sonidos más expansivos del álbum. Y es que gran parte del trabajo presenta himnos dignos de cantar en vivo, donde “Boy” es el matrimonio perfecto de los elementos pop y rock del disco, así como también del inglés y español, con un dulce estribillo sepultado en fuertes guitarras.

La batalla más grande que enfrenta el disco es precisamente la magnitud sonora que tiene como objetivo. Al optar por melodías más cercanas al pop, muchos de estos elementos son barridos por las fuertes guitarras propias del garage. Este choque melódico amenaza con opacar la mejor carta de la agrupación: el peculiar, pero inescapable estilo vocal que narra las composiciones. Por esto, la pieza final, “This Moment Forever”, es un apreciado momento donde el instrumental descansa para darle protagonismo a la potencia de sus voces, despidiéndose con el momento más intimo del disco, pero no menos cautivante.

La idea de que los giros hacia el pop reflejan una reducción del sonido original se ha convertido en una narrativa obsoleta, en especial en el caso de Hinds, quienes logran usar estos elementos para construir su propia identidad. Este cambio puede asustar a los fans más puritanos, pero el espíritu de sus primeros discos está presente en “The Prettiest Curse”, si es que no más amplificado. Las guitarras son más brillosas y los vocales presentan más confianza, sin embargo, el encanto original no ha disminuido ni un poco.


Artista: Hinds

Disco: The Prettiest Curse

Duración: 32:45

Año: 2020

Sello: Lucky Number / Mom + Pop Music


https://open.spotify.com/album/5EAxNmYYdSAswaDuqPTiYN

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