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Saxon – “Thunderbolt”

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Siempre es provechoso que las bandas clásicas del heavy metal entreguen nuevo material como señal de supervivencia para un estilo que está en constante renovación. En ese sentido, existen dos ejemplos que ilustran cómo la vieja guardia se mantiene vigente: Accept y Saxon. Y es que la relación entre los germanos y los británicos no es al azar, ya que comparten al productor Andy Sneap, figura clave que ha influido en la propuesta que ambos combos exponen hoy en día. Es verdad que las dos bandas han endurecido su sonido durante el último tiempo, sin embargo, mientras los intérpretes de “Balls To The Wall” muestran respeto a todas las credenciales que los ha definido por décadas, los de “Princess Of The Night” intentan combinar su sonido de antaño con tintes modernos, pero obteniendo resultados dispares en la entrega número veintidós de su catálogo.

En canciones como “Nosferatu (The Vampires Waltz)” el experimento no convence, debido a un exceso de teclados que busca generar una atmósfera tenebrosa que no le viene bien a la banda, ya que suenan como cualquier otra agrupación que defiende valores góticos. Otro corte en el que su esencia se pone en juego es “Predator”, track en que la voz de Biff Byford y Johan Hegg de Amon Amarth van solapadas, pero este monstruo de dos cabezas con una parte de león británico heavy y otra de monstruo vikingo gutural es amorfo, por lo que pierde equilibrio y cae abatido vertiginosamente. Siendo esos los puntos más bajos del disco, la fórmula entre lo moderno y lo clásico tiene un resultado bastante positivo en “Speed Merchants”, ya que la combinación entre el contundente riff de la dupla de guitarras comandada por Paul Quinn y Doug Scarratt, sumada a la atronadora batería de Nigel Glockler, suena fresca y encuentra un buen camino en su desarrollo.

“Sons Of Odin” se exhibe robusta con el bajo de Nibbs Carter dándole mucho cuerpo, además las guitarras gemelas logran crear un clima épico en el que se les siente mucho más holgados. “A Wizard’s Tale” encapsula los valores más actuales del metal, esta vez al servicio de Saxon, con una perspectiva agresiva, letal y eficaz en los versos, pero cadenciosa y melódica en los coros. Siguiendo esta senda más rejuvenecedora se encuentra “The Secret Of Flight”, que toma por sorpresa al tener tantos parecidos con los cortes de “The Rise Of Chaos” (2017) de Accept. La forma de encarar los riffs, el pre-coro lleno de majestuosidad y el coro poderoso, recuerdan de sobremanera a Hoffmann y los suyos, aspecto que en ningún caso es negativo, puesto que prefigura un sentido de “hermandad” entre dos bandas clásicas del género, hilo conductor que Sneap maneja satisfactoriamente.

Como no todo puede ser experimentos, modernidad e influencias, “Sniper” nos trae un heavy metal con mucha sustancia interpretativa, donde el doble bombo se roba las miradas. La dupleta “Olympus Rising” y “Thunderbolt” también sigue la senda de la vieja escuela, una bienvenida de lujo gracias a la performance notable de la banda completa, reuniendo todos los ingredientes para sonar en un cien por ciento al Saxon que todos conocemos. “Roadies’ Song” funciona excelente en el plano del hard rock ochentero –terreno en el que los británicos siempre juegan de local– con una letra dedicada a sus tramoyas, aquellos personajes que ayudan a convertir cada espectáculo en realidad, como ya lo había hecho Motörhead en “We´re The Road Crew” 38 años atrás. De hecho, “They Played Rock And Roll” es un emocionante homenaje a la banda de Lemmy, y se esmeraron para retratar en cuerpo y alma el carácter del trío a tal nivel, que la estructura completa de la canción está tomada de su manual de estilo, además de inducir excelentes guiños en la letra que ponen la carne de gallina a cualquier fanático de la movida británica.

Después de vivir una época de baja notoriedad en los noventa, el heavy metal de corte clásico renació como un fénix gracias a la vuelta de puntas de lanza, como Bruce Dickinson y Rob Halford a sus respectivas agrupaciones en los albores de la década del 2000, y otros estandartes como Accept y Saxon reformándose y sacando nuevo material de manera constante para mantener el barco a flote. Es innegable que el presente de los sonidos más pesados goza de buena salud, con una camada importante de nuevos talentos bebiendo de las influencias que han dejado –y siguen dejando– los próceres del estilo. Lo importante es que contamos con bandas de energía inagotable, como Saxon, para continuar un legado que ya lleva cuarenta años y que no deja de reproducirse; de hecho, llama la atención ese traspaso de ideas que los antiguos entregan a los nuevos y viceversa, aunque esto no siempre logre resultados eficientes en algunos casos. Se valoran los esfuerzos por seguir buscando nuevos horizontes, pero hay veces en que no es necesario que el águila vuele tan lejos si recorre con tanta gracia y sabiduría los parajes que ya conoce.


Artista: SaxonThunderbolt

Disco: Thunderbolt

Duración: 47:03

Año: 2018

Sello: Silver Lining Music


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El Álbum Esencial: “La Voz de los ’80” de Los Prisioneros

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La Voz de los 80

Jorge González dijo una vez que el primer disco de una banda toma mucho tiempo porque el proceso parte desde que naces hasta que cumples edad para grabarlo, mientras que para el segundo sólo cuentas con un par de meses debido a la presión del sello. “Corazones” (1990), en rigor el primer trabajo de Jorge como solista, goza de un sonido pulcro y de una genialidad compositiva totalmente atemporal, “La Cultura de la Basura” (1987) cuenta con atisbos de experimentación y materializa el virulento sarcasmo social de la agrupación, y “Pateando Piedras” (1986) representa el cénit creativo del grupo produciendo un trabajo de alta calidad, que los posicionó como un suceso de masas. Pero es “La Voz de los ’80” el que encapsula esa energía primal, rudimentaria y cruda, que rompió con todo lo establecido como signo de una catarsis a nivel nacional en un país sumido en una gris dictadura.

Son diez cortes nacidos en la adolescencia de tres jóvenes de San Miguel que aplanaban las calles de la capital chilena entre interminables conversaciones sobre la música y su entorno. Nacieron como una banda de colegio, tocando en festivales escolares muchas veces con instrumentos prestados, sin embargo, su equipamiento más valioso eran sus canciones, creaciones que son la consecuencia de una mezcla ecléctica entre lo mejor de la música juvenil de la época, léase The Cars, Depeche Mode, New Order o The Clash, con la tradición auditiva de cualquier casa de clase media, como Raphael, Camilo Sesto o Salvatore Adamo. La sensibilidad pop con la aspereza del rock al servicio de letras inteligentes, llenas de sarcasmo, que se derraman en un disco que en la actualidad parece un compilado de grandes éxitos.

La capacidad que tuvo Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia para retratar a su generación, el momento político y la cultura pop, es el gran valor que hace a este disco permanecer en el tiempo. La juventud que aparece en “Brigada de Negro”, esa que nada en alcohol y tabaco, es casi tan difusa como la sombría línea de bajo de González que serpentea por toda la canción, mientras Narea marca el ritmo con sus acordes y Tapia promueve una batería marchante, que narra la hipocresía juvenil de una felicidad hedonista que difícilmente era la realidad de la clase media asolada por la política neoliberal de los Chicago Boys. Parte de esa atmósfera aparece en “La Voz de los ’80”, canción que remece con la energía rabiosa de un trío que se quería comer al mundo desde el primer momento. A pesar de que cada obra esté anclada a su época, lo importante es cuando esta trata temas tan universales que se van repitiendo generación tras generación.

El primer larga duración de Los Prisioneros es un disco que siempre será joven, porque refiere a los temas que vive cada chiquillo o chiquilla desde que esta etapa de la vida humana emergió como una forma cultural en sí misma, después del destape mundial en los años 50. Tanto el relato del despertar sexual que se palpa en “Eve-Evelyn”, como la posterior desolación amorosa de carácter invernal de “Paramar”, son impulsivas y encaran la frustración amorosa con un relato original, el mismo que sale disparado de los parlantes de manera un poco más furiosa en “Mentalidad Televisiva”. Y ¿si la chica que perdió su imaginación para instalar un video tape ahora la perdiera para instalar la última actualización de YouTube, Snapchat o Instagram? Son los temas que, entre la ingenuidad y suspicacia, instalan esas verdades que siempre vamos a vivir, estemos en la época que estemos.

Esa aterrizada visión que ostentaba el trío siempre los hizo ver como algo distinto en un panorama musical un tanto agreste. En la primera mitad de los 80 la música de guitarras era marginal en nuestro país, el rock estaba relegado a encuentros que, si bien cimentaron gran parte de lo que después se expresaría en el underground criollo en estilos más extremos como el thrash o el punk, se veían aplastados por la culturalidad de un régimen que impuso firmemente su manera de ver la realidad, contexto clave para entender letras como “Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De Estados Unidos” y “No Necesitamos Banderas”, que recogen elementos foráneos como el reggae y el ska para alinearlos a nuestras características locales. Esto choca de frente con la postura del sonido imperante en el mundo universitario dominado por el Canto Nuevo, forjado desde las raíces propias de nuestra música, y no al revés, como en el caso del rock.

Las letras pomposas y repletas de metáforas, adornadas con la complejidad de los acordes de una guitarra acústica, no podía ser más distinto al mensaje directo de “Sexo” o de “¿Quién Mató A Marilyn?” que, tomando elementos de la cultura pop, prefiguran un mensaje directo, conciso y simple de entender, aunque no por ello menos contundente. Es por eso que “Nunca Quedas Mal Con Nadie”, grabada el 6 de diciembre de 1984 –mismo día en que Jorge cumplía 20 años–, emerge como una crítica tanto a ese movimiento como también a la liviandad de las bandas que compartieron un terruño que Los Prisioneros nunca quisieron habitar. Aparato Raro, Cinema, Valija Diplomática, Emociones Clandestinas, seguidos de un largo etcétera, se subieron al carro del nuevo rock chileno y recibieron un mejor trato de las emisoras locales, cosa que no pasó con los de San Miguel, precisamente por lo filudo de su lírica.

Famoso por sus frases para el bronce, el otrora vocalista de la banda expresó: “Pocas veces nos hicieron una crítica en un diario, y las veces que lo hicieron, era para decirnos que éramos pésimos, lo último, que sonábamos mal, que no servíamos para nada y que éramos una moda no más”. El tiempo no se ha cansado de probar lo equivocado que estaban los tabloides del momento. Desde aquella foto tomada en la Vega Central en la que se ve a tres muchachos sosteniendo sus instrumentos, hasta esa camisa apuñalada como carta abierta a un amor imposible que vino a cerrar la primera etapa del grupo después de la vuelta a la democracia, Los Prisioneros marcaron a fuego la historia de nuestro país.

Su valor no está condicionado por el mero hecho de retratar a una generación que vivió momentos sombríos ­–lo que ya sería un mérito–, sino que recae en cómo tres miembros de esas escuelas numeradas, en las que les enseñaban humildad y resignación, lograron establecer un mensaje que resuena hasta el día de hoy y que se mantiene totalmente vigente. Eso habla tanto de la inteligencia de sus letras, como de una sociedad que siente un romanticismo exacerbado por muchos elementos de la cultura de épocas pasadas, sobre todo en lo que se refiere a los años 80; no por nada se sigue escuchando en la radio casi la misma música que alguna vez llamó la atención de Narea, Tapia y González.

En la actualidad, Chile sigue teniendo problemas limítrofes (“no necesitamos banderas, no reconocemos fronteras”), sigue luchando contra el machismo (“…y les sigues el juego, y les das tu dinero, y te sientes muy hombre y me río en tu cara de tu estupidez”) y seguimos presa del cinismo ahora exacerbado por las redes sociales (“pretendes pelear y sólo eres una mierda buena onda”). Los Prisioneros cambiaron la forma de ver la realidad, pero parece que somos nosotros los que no hemos cambiado tanto.


Artista: Los PrisionerosLa Voz de los 80

Disco: La Voz de los ’80

Duración: 40:22

Año: 1984

Sello: Fusión / EMI Music


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