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Savages – Silence Yourself

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“El mundo era silencioso. Ahora tiene demasiadas voces. Y el ruido es una distracción constante”. Estas son las primeras cuatro líneas del manifiesto que ponen las inglesas Savages en la portada de su álbum debut, “Silence Yourself”. Sí, un manifiesto en 2013, un año donde pareciera que las cosas importantes se dicen sólo en la política más evidente, y que el resto hiciera material para entretenernos, o para darse mensajes a sí mismos, o simplemente por el ideal de hacer arte y punto. Pero Savages quiere volver a los grandes conceptos, a denotar la relevancia de los propios discursos para la música y, más importante, no dejar que su mensaje llegue a sus receptores con cualquier tipo de ruido. Es en este trance y con estos elementos a su alrededor que “Silence Yourself” se erige como un disco fundamental de este año, quizás más que ningún otro, por su mera capacidad de devolverle SAVAGES 01a la música su trascendencia moral, ética y humana. Lo mejor de todo es que se hace de forma directa, potente y lo hacen cuatro mujeres con más cojones que muchos machos recios que prefieren hablar de sus problemas antes que instalarse con importancia sobre el resto de las cosas.

Savages tiene la ambición de las bandas de antes, y el look y postura de su frontwoman, la francesa Jehnny Beth, le ha recordado a muchos a Ian Curtis, el fenecido emblema de Joy Division, o la potencia de la interpretación vocal de Siouxsie Sioux, y la banda en sí ha sido comparada con los rostros del post-punk, tales como Gang Of Four o Magazine. Quizás ellas son reflejos de estas influencias, pero lo que las hace únicas es el arrojo y la seriedad con la que se toman el hacer música. Es raro que exista una foto sonriendo de alguna de las cuatro integrantes de Savages, y no es necesario que lo hagan. Su personaje transversal se caracteriza por la seriedad y la urgencia con la que entregan su música.

Parte de esos deberes se refleja en que al disco no le sobra nada. Su parquedad y minimalismo es un indicador de cuán desarrolladas se encuentran las composiciones, al punto de que los coros se caracterizan por usar una palabra o frase de forma repetitiva, como “I Am Here” o “Husbands”. Pero también se trata de no guardarse nada, como la afilada guitarra de Gemma Thompson, en el mejor riff de lo que va del año, en la potente “She Will”, o la batería de Faye Milton cayendo crecientemente como una aplanadora en la ya mencionada “I Am Here”. Pero todo inicia con “Shut Up”, canción que parte con un excerpt de “Opening Night”, película de John Cassavetes, otro de esos artistas a los que parecía no sobrarles nada. Y desde ese interrogatorio que parte desde la pregunta “¿Cuántos años SAVAGES 02tienes?” y la tensión en la falta de una respuesta, y después del descreimiento ante las respuestas, esa tensión se desencadena en “Shut Up”, dominada por la armonía entre las figuras de bajo y guitarra.

La oscuridad resulta natural, de frente, al borde de lo inevitable, siempre generando recovecos en los que se cuela el misterio y la seducción de una propuesta que es tan rockera como bailable. Allí caen paradas las comparaciones con Joy Division, otra banda donde el bajo definía mucho en la dinámica de las canciones. Pero acá la energía no se basa en letras de lamentos o de descontento, sino que todo se trata de la inquisición a la naturaleza humana y la identidad (“No Face”), la espera por algún indicio, por algo (“Waiting For A Sign”) o lo asfixiante que resultan las comparaciones en todo orden (“City’s Full”).

La cumbre del álbum probablemente sea “She Will”, que viene después de esa inquietante pausa que representa el instrumental “Dead Nature”. En esa canción no sólo tenemos a Jehnny Beth interpretando de forma impecable, sino que haciéndose cargo de conducir a una banda cuya mejor faceta se da en la explosión de los sonidos en la forma más expansiva que se pueda. Así, el minuto final de “She Will” es una total catarsis, donde desde la guitarra de Thompson irrumpe el bajo de Ayse Hassan, potente e inclemente, y de ahí la batería de Milton culmina un in crescendo sin misericordia.

La propia Jehnny tiene su propia explosión en “Husbands”, donde en los coros muestra su lado más animal y bestial con inesperada naturalidad. Y es que la frontwoman es consciente del terreno que pisa. Tiene su propio sello (Pop Noire); una relación de más de una década con su amor de juventud; apuesta por la relevancia del arte en todas sus expresiones; es fanática devota de Joy Division; y pese a toda su furia, sigue dándose maña de llevar zapatos de diseñador en el escenario, con total gracia y (repetimos el término) naturalidad. Lo que hablemos de Jehnny Beth, de verdad es aplicable a todas SAVAGES 03las miembros de la banda, porque todas tienen un estilo particular, pero lo interesante es que, aunque los manifiestos y la estética en blanco y negro sean aparentemente mecanismos llenos de ambición y demasiada autoconsciencia en lo que se hace, la invitación al silencio para escuchar es lo primordial aquí. No por nada en sus conciertos hacen la petición expresa de que nadie saque fotos o grabé con teléfonos, dado que también la interacción persona a persona debe restablecerse.

Finalmente, llega más lento, pausado, pero igualmente potente y coherente el track final, “Marshal Dear”, que hasta incluye un clarinete, pero que no abandona el camino visceral y constantemente inquisidor de este, quizás uno de los debuts más potentes del año. Lo más relevante es que no sólo debutan con un disco sólido en materia compositiva o sonora, sino que también tratan de devolverle los principios y la moral artística a la música. En una época donde todo apunta a la tecnología y los dispositivos, finalmente alguien trata de que nuevamente la música, su creación y admiración, sea cosa de humanos, y para ello primero hay que silenciar las voces internas, y así escuchar fuerte y claro. Y vaya que Savages suena fuerte y claro.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Claudio Espinoza

    03-Oct-2013 en 12:44 pm

    Uno de los mejores discos que he escuchado este año. Son 11 potentes mazazos directo a tu cabeza.
    Joy Division + Siouxsie & The Banshees = SAVAGES

    Espectacular

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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