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Riverboat Gamblers – The Wolf You Feed

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La sutileza nunca ha sido (y al parecer nunca será) una de las cualidades de Riverboat Gamblers. Quizás fue por eso que su último trabajo, “Underneath The Owl” (2009), se sintió más como un retroceso que como una necesaria búsqueda de nuevos horizontes. Si bien contó con un puñado de temas (entre ellos “DissdissdissKisskisskiss”, “Keep Me From Drinking” y “Victory Lap”) que seguramente hicieron sacudir las cabezas de fanáticos como en sus inicios, el trabajo final terminó siendo una obra plana, que no contó ni con la subversiva agresividad de “Something To Crow About” (2003), ni con la vertiginosa precisión de “To The Confusion Of Our Enemies” (2006). En resumidas cuentas, fue un disco que pasó sin pena ni gloria, que buscaba alejarse del punk rock para adentrarse en territorios cercanos al hard rock y que mostraba a una banda que de manera infructuosa intentaba salir de su “confort zone”. Con tales antecedentes, uno esperaría que el quinteto oriundo de Texas se diera por vencido y continuara siguiendo la ruta dictaminada por sus tres primeras obras, pero Riverboat Gamblers son un hueso duro de roer y en su quinta obra se la jugaron una vez más por alcanzar el objetivo que vieron escapar con “Underneath The Owl”. Es así como nos llega “The Wolf You Feed”, un disco que supera con creces lo hecho en 2009 y que terminará tranquilizando –de alguna u otra forma- a quienes vienen siguiendo a esta banda desde sus inicios.

“Good Veins” abre con un riff endemoniado y con gritos (casi) de guerra, que logran evocar aquellas canciones que hicieron y aún hacen de los Gamblers una de las bandas más alocadas en sus presentaciones en vivo. “Bite My Tongue” sigue con la misma tónica, dejando en claro que para ellos el punk rock es parte de su ADN, y que son pocas las bandas que pueden crear golpes de adrenalina tan brutales como las construidas por estos tejanos.

Hasta aquí, todo pareciera mantenerse dentro de los cánones normales a los que nos tenía acostumbrados la banda. Sin embargo, las cosas cambian radicalmente. “Comedians” baja las revoluciones de manera considerable, para así entregar uno de los cortes más emotivos que este quinteto jamás haya interpretado. Las melancólicas letras que se nos presentan, no hacen más que entregar información acerca del frontman de la banda, Mike Wiebie, quien además de ser vocalista de los Gamblers, se dedica en sus tiempos libres a realizar funciones de stand-up comedy. La imagen del comediante siempre ha tendido ser una tragicómica, y esta canción aborda dicho sentimiento de manera notable.

“Heart Conditions” y “Eviction Notice” destacan del resto de los temas restantes, gracias a una valiosa mixtura que logra hacer lo que ningún tema de “Underneath The Owl” logró hacer: avanzar, pero sin dejar de lado aquellos elementos que hacen de sus canciones unas de las más adictivas en el mundo del punk rock.

¿Logra el resto del álbum alcanzar un nivel que lo transforme en una obra esencial dentro de la historia de estos tejanos? Probablemente no.  Y es que el terreno por el que ahora transita la banda es uno sumamente complejo. Alejarse de lo que son claramente sus fortalezas, hace de este disco una arriesgada apuesta. Riverboat Gamblers ha sobrevivido a una experiencia que pudo haber sepultado a otras bandas con menor sapiencia. La última vez no resultó del todo bien. Esta vez el aterrizaje ha sido mucho más suave, qué duda cabe, pero no exento de contratiempos.

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Waxahatchee – “Saint Cloud”

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Saint Cloud

Poniendo a descansar las melodías rockeras de su último álbum, “Out In The Storm” (2017), Katie Crutchfield se arma de los elementos característicos del folk y americana para enfrentarse a su etapa más vulnerable. Con un acercamiento más cálido e íntimo, “Saint Cloud” se presenta como un clásico contemporáneo del género. A través de su carrera, Crutchfield ha sido capaz de moldear el sonido de sus guitarras para representar las emociones detrás de sus canciones. Desde sus composiciones lo-fi (American Weekend”, 2012), pasando a un rock más pulido (“Out In The Storm”), hasta llegar a su disco más country, donde las melodías son tan dulces como confrontacionales.

“Oxbow”, la pieza inicial, es una vulnerable y altisonante apertura, un juego entre géneros musicales que deja al oyente adivinando qué es lo que se avecina. Líricamente, retrata el primer paso del viaje de sobriedad de la cantante, capturando los temas de adicción y codependencia en un esperanzador estribillo. “Can’t Do Much” aclara de mejor manera la gama sonora que presentará el disco, donde la voz y las cuerdas presentan los elementos característicos del americana. Si bien, en el corazón de sus discos el folk siempre ha estado presente, es en sencillos como este donde queda claro que aquí abraza el género completamente.

Sin embargo, el espíritu del americana no se encuentra sólo en las melodías del álbum, ya que este está construido como un mapa de los lugares que inspiraron cada canción presente. Algunos de estos son claros, como “Ruby Falls”, una cascada en la ciudad donde reside su gemela; un oscuro y acústico corte sobre la adicción a los opioides y sus efectos, siendo un ejemplo del combate temático y sonoro presente en el disco, entre lo esperanzador y lo descorazonador. “Arkadelphia” –una carretera en su natal Alabama– es una visita a su adolescencia, donde las cuerdas logran trazar una nostálgica melodía que ayuda a adentrarse en el flashback que relata. Y es que los espacios y la significancia de estos siempre han sido relevantes en el proyecto, desde su mismo nombre, Waxahatchee, un arroyo en su ciudad nativa, y Crutchfield siempre ha llevado sus orígenes en ella.

Los sencillos que se desprenden de “Saint Cloud” son algunas de las piezas mejor logradas de su carrera. “Fire” es un himno de autoaceptación; un diálogo interno donde cada palabra es de aliento para sí misma y para cualquiera batallando una adicción. Sin dejar jamás el espíritu country, es el acercamiento más prominente a una canción rock, con una pegajosa melodía que es alentadora como conmovedora. “Si pudiera amarte incondicionalmente, podría planchar los bordes del cielo más oscuro, para una compositora que temía escribir estando sobria, estas son algunas de sus líricas más importantes. “Lilacs” es un confesionario corte donde la artista lamenta la dependencia de un otro, un clásico atemporal donde las cuerdas y su voz muestran el progreso después de todos estos años, donde ya no tiene miedo de llenar cada espacio en el que se presenta.

Waxahatchee lleva sus influencias en la manga, asegurándose de no sonar como un tributo y logrando sacar una sonrisa al recordar un sonido que ha traspasado las barreras del tiempo. Reminiscente es el falsete presente en “Can’t Do Much” o “Lilacs”, que por un segundo emocionan al pensar en Joni Mitchell o las melodías presentes en “Hell” o “War”, que de seguro serían aprobadas por Bob Dylan. En un género con tantos clásicos como lo es el folk, la cantautora no se queda en el pasado, sino que lo estudia para su presente.

El track final, “St. Cloud”, inspirado en la ciudad donde nació y creció su padre, es una delicada pieza acústica con una desnuda interpretación vocal, dándole cierre al recorrido por las ciudades que conforman su trayectoria. Pero no sólo los lugares, sino que las personas presentes en estos: su hermana, sus padres, sus amistades, su versión adolescente e incluso David Berman, quien recibe un tributo a su nombre. Al finalizar, es claro que en “Saint Cloud” Waxahatchee ha presentado su disco más liberador y quizás el más importante de su carrera. Sin grandes decoraciones, ahonda en lo más profundo de sí misma, visitando los momentos que la hicieron ser quien es mirando hacia un futuro prometedor, con un clásico entre sus brazos.


Artista: Waxahatchee

Disco: Saint Cloud

Duración: 40:06

Año: 2020

Sello: Merge


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