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Rex Brown – “Smoke On This…”

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Con sólo ver la portada de “Smoke On This…” nos damos cuenta de que Rex Brown está haciendo toda una declaración de principios: aparece con su guitarra al hombro y despojado de su inseparable bajo, postal a la que nos ha tenido acostumbrado durante estos casi 30 años de carrera. Precisamente para erradicar los fantasmas del pasado, Brown se rodeó de viejos conocidos en esta primera incursión como vocalista y guitarrista al frente de un proyecto, tipos que conocen el negocio, que logran aportar a su sonido y, principalmente, que lo ayudaron a encontrar su voz como primer desafío, algo que, según sus propias palabras, le tomó mucho tiempo. Con Nashville como centro de operaciones, el equipo estuvo conformado por el guitarrista y compositor Lance Harvill, el baterista de Accept, Christopher Williams, y el productor Caleb Sherman, quienes fueron piezas fundamentales en la creación musical del oriundo de Graham, Texas, un trabajo que se percibe personal, directo y lleno de confianza.

“Lone Rider” y “Crossing Line” prenden el ambiente con riffs llenos de energía, que golpean directamente en la cara; una dupla efectiva de buen rock con una parte de la brújula ubicada en la estructura setentera, pero con un sonido que bien podría situarse en el radar más noventero, no obstante, es “Buried Alive” la que se roba todas las miradas. Inspirada en lo que tuvo que pasar después de la pérdida del eterno Dimebag Darell, la canción se empapa del sonido personal del “Led Zeppelin III” (1970), con un remate poderoso hacia el final sin perder en ningún momento el balance entre la agresión eléctrica y la introspección acústica. “Train Song” vuelve a la carga con el riff más denso y metalero que encontraremos en toda la placa, con una muralla de guitarras realmente atronadora, mientras que “Get Yourself Alright” sorprende gracias a la sitar tocada por el propio Sherman, lo que inevitablemente le da un toque beatlesco, efecto que según el mismo Brown es totalmente intencional. Además, la mezcla del slide con el instrumento indio imprimen un aire lánguido en los versos, pero la electricidad y la batería más acelerada de Williams aumentan las pulsaciones hacia el final.

En la segunda parte de la placa definitivamente se aprecia un espíritu mucho más reflexivo. La delicada y prístina “Fault Line” nos hace viajar a ese rock de estampa más sureña que Rex lleva en su ADN, aspecto que se vio totalmente realzado mediante la ayuda del colaborador de Lynyrd Skynyrd, Peter Keyes, con un hermoso cierre de piano que conduce a “What Comes Around Goes Around”, una pieza oscura, pero a la vez cálida, mientras que “Grace” –con una onda cercana a los trabajos más reposados de The Beach Boys– resulta interesante, distinta y extrañamente luminosa comparada con la vibra general del disco.

Otra canción que ayuda a energizar esta parte del larga duración es “So Into You”, en la que se muestran los dotes de Rex en la guitarra principal y se perciben matices floydianos, que también se hacen presentes en “Best Of Me”, posiblemente una de sus canciones más desgarradoras. La dualidad de “One Of These Days” da un cierre triunfal, ya que Brown es capaz de construir un binomio sónico que en un primer escenario encamina al oyente bajo una atmósfera críptica, oscilante y amenazadora, para después hacerlo caer en un vacío acompañado únicamente de su voz y del teclado, lo que revienta en un solo de guitarra y un final muy deudor de The Beatles de la última época.

El ingrediente más interesante de “Smoke On This…” es la manera en que las influencias clásicas del artista construyen un relato potente, coherente, sólido y sin pirotecnias innecesarias. Si los devotos del sonido de Pantera o Down vienen a buscar retazos de ese pasado, no los van a encontrar aquí, pero tampoco deberían sentirse decepcionados. La ventaja de los discos solistas de los grandes referentes del rock es que nos muestran de qué están hechos, y nos permiten entender lo que alguna vez aportaron a sus bandas madre. En esta pasada, Rex Brown no sólo se desprendió de su bajo, sino que fue capaz de sacarse de encima sus propias cargas como el eterno colaborador de todos para encontrar su voz, y vaya que lo logró con creces.

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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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