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Refused – Freedom

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Es cierto que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, y eso no sólo pasa en las películas. La carrera que Refused eligió desde sus comienzos, hace más de 25 años, nunca estuvo exenta de esa pesada responsabilidad derivada de un compromiso ideológico contundente. Y, claro, el famoso título de la carta (“Refused are fucking dead”) que el vocalista Dennis Lyxzén escribió para definir la separación de la banda en 1998, hizo un flaco favor a la decisión de la banda en 2012 de volver juntos a los escenarios, más allá de que muchos la estuvieran esperando. Juraron nunca más regresar y mintieron, pero ¿a quién le importa? ¿Acaso algún fan de Faith No More de los numerosos que hay en Chile se lamentó porque aquello del último concierto no haya sido verdad, finalmente?

REFUSED 01Lo cierto es que Refused, con importantes contradicciones de por medio, están de vuelta. Sobre finales de 2014 entraron en silencio al estudio y en junio pasado dieron a luz a “Freedom”, una obra con interesantes momentos de inspiración provocadora. Los de Umea no dudan en poner en jaque a todo seguidor bien pensante: “Elektra” y “366”, dos de los aciertos del disco, son co-escritos y producidos por un tal Shellback, sueco que controló las perillas en álbumes de artistas como Pink, Adam Lambert, Taylor Swift, Maroon 5 y otras atrocidades. Si no es decir “fuck you!” a lo establecido y obligar a sus seguidores a sacarse la modorra de lo convencional, entonces ¿qué es? Resulta admirable la forma en que Dennis Lyxzén y los suyos (David Sandström en batería, Kristofer Steen en guitarra y Magnus Flagge en bajo) se reinventan, y pensar que Lyxzén fue un harcoreta straight edge hace un par de décadas.

Lo interesante de “Freedom” es que no se limita a “molestar” en las decisiones que conlleva, sino también en la música en sí, que es lo que realmente nos importa. La mencionada “Elektra” es un comienzo avasallante, quizá no sobrado de la originalidad que aparecerá en otros momentos del disco, pero de que es efectiva es algo difícil de discutir. Y aquí viene el primer triunfo: esta canción junto a “366” parecen cualquier cosa menos algo producido por un tipo que trabajó con los artistas mainstream anteriormente nombrados.

“Old Friends / New War” es quizá el mejor tema del álbum. Una declaración sonora de guerra fría, guiada por una batería que suena como un martillo hidráulico de diez toneladas. Un riff frenético, pero de guitarras acústicas y unas voces graves, deformes y convincentes, que se disputan el poderío con los gritos clásicos de Lyxzén, son el camino del éxito.

REFUSED 02Las reminiscencias al antiguo Refused afloran en “Dawkins Christ” –que recuerda al clásico “New Noise” del genial “The Shape Of Punk To Come” (1998)-, así como la influencia de Fugazi es una evidencia demasiado bestial en “Thought Is Blood”. Lejos de estos momentos, donde la creatividad no estuvo todo lo alto que se podía esperar, se encuentran el fraseo funk de la guitarra de “Francafrique”, un tema del que uno no se puede liberar fácilmente, el carácter ecléctico de “Destroy The Man”, que los hace ver como unos Queens Of The Stone Age pasados en furia, y el rock & roll clásico de “War On The Palaces”, donde los riffs se acompañan de trompetas.

Habrá quien se sienta decepcionado con este disco, no siempre es fácil asumir cambios en artistas que asumen posiciones ideológicas muy férreas. Quien pueda extraerse de ese punto de vista, disfrutará de un súper dinámico, variado y concienzudo trabajo discográfico de rock violento.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Francisco Gonzalez

    21-Jul-2015 en 12:57 am

    Es el tremendo disco oe. Hay mucho riff memorable y overpower.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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