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Radiohead – In Rainbows

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Radiohead ha vuelto y vaya de qué forma. Con un golpe a la cátedra: el pasado 10 de octubre comenzaron a vender su nuevo material, “In Rainbows” por la web y al precio que cada fanático quisiera o pudiera pagar. Libertad total.

Lo mejor no es eso. Es la música. Es verdad, la banda innovó una vez más y eso se aplaude. Pero hay un punto, a lo menos curioso, en todo el asunto: descargar “In Rainbows” gratis o pagando poco es injusto porque, pese a que todos soñamos alguna vez con este sistema de distribución, el disco vale mucho más de lo que uno podría pagar.

Mirado desde la otra vereda, es excelente acceder a tan buena música pagando nada. Porque ese es el punto: “In Rainbows” no sólo entró a la historia por su forma de venta sino que porque es un gran disco, una obra calculada y craneada con maestría. Cada canción es parte de un único gran concepto, pero es, en sí, un mundo paralelo que te invita a viajar por el espacio, hundirte en el océano ó navegar por tu mente. Una agradable volada rock; como diría un amigo.

El séptimo trabajo de los ingleses es envolvente desde el primer segundo y también, desde la primera vez que uno lo escucha. Otros discos son como una patada al hígado: te contaron que era bueno, pero por más que lo escuchas una y otra vez, no hay caso y te golpea, te duele. “In Rainbows” es al revés: mientras más veces lo escuchas, mejor; más elementos descubres y más profundo te adentras en lo que el disco propone.

La propuesta del disco es amplia e inagotable. Con elementos sacados de todos los álbumes anteriores (aunque sean sutiles) y rescatando virtudes del proyecto solista de Thom Yorke, “The Eraser” (2006), el concepto es fresco e innovador. Sin seguir una sola línea, el disco viaja por variados estilos que tienen como eje la voz siempre sobrecogedora de Yorke, pero apoyada en todo momento por la banda. El grupo completo alcanza un gran nivel.

“In Rainbows” nos enseña que aunque una agrupación haya realizado cosas geniales antes, nunca hay que creer que no se pueden superar o reinventar. Sin desmerecer ningún álbum de Radiohead, este último material entró de lleno a pelear por el premio al mejor. “Quizá po aí” (término netamente futbolero; gracias Matador) es una exageración, pero también grafica de alguna manera la potencia del disco.

Todas las canciones, por el concepto antes mencionado del mundo paralelo, son claves. Hay unas que gustan más que otras, pero se debe reconocer que hace mucho tiempo no aparecía un trabajo tan sólido, compacto, preciso y, además, con hits tan hermosos como “In Rainbows”.

Justamente, cada hit es una razón para escuchar el disco. Por lo tanto, hasta el 3 de diciembre -fecha en que sale el trabajo en formato vinilio y cd- tenemos diez perfectas razones para escuchar Radiohead. Motivos que son como un río y su cascada que fluyen desde los orígenes de la Tierra, y que nada, ni siquiera las fallas geográficas o la explotación humana, logran alterar su curso.

radioheadrainbows.jpg

Por lo tanto, hacer una mención para cada hit es casi imposible porque, insisto, son un mundo en sí, profundo y único. Entre todos forman, en conjunto, una gran obra sublime que supera por mucho a lo que se hace hoy generalmente en el planeta de la música: muchas veces vale más el negocio y las ventas, en desmedro de la calidad del trabajo.

Radiohead es un ejemplo de que las cosas se pueden hacer más por el contenido que por lo superficial (ventas). Podría seguir adentrándome en “In Rainbows” y todo lo que conlleva, pero estaría mucho tiempo dando vueltas y, de seguro, acabaría perdido.

Sólo me queda recomendar este disco porque es una oportunidad, hoy, de escuchar algo notable, innovador e único y de volver a creer en que aún se pueden hacer cosas que rompan con lo típico a lo cual cada vez nos hemos acostumbrados sin darnos cuenta.

Track list:
01. 15 Step
02. Bodysnatchers
03. Nude
04. Weird Fishes/Arpeggi
05. All I Need
06. Faust Arp
07. Reckoner
08. House Of Cards
09. Jigsaw Falling Into Place
10. Videotape

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8 Comentarios

8 Comentarios

  1. Paulina

    04-Dic-2007 en 8:15 am

    Qué puedo decir. In Rainbows, como cualquier disco de Radiohead, me permitió conocer sonidos nunca antes percibidos. El grupo sabe innovar, experimentar y, paradójicamente, nunca queda conforme con lo logrado. Por eso, dan lo mejor de sí en cada trabajo nuevo.

    Es Radiohead, una banda que dejará huella por su música única e incomparable. Un ejemplo a seguir para los grupos futuros.

    Saludos y compren el disco.

  2. Toño

    28-Dic-2007 en 2:34 am

    wooo yo tengo el disko i lejos mui
    buen trabajoo me enkantan los juegos de voces
    llevan aun estado de relajacion y extasis musical
    increible

    escuchen el disco

  3. noob

    06-Abr-2008 en 4:04 pm

    It sounds good, I love the simplicity. Your posts are easy as a pie and really attractive at the same time.

  4. moso

    19-May-2008 en 7:55 pm

    de perro lo mejor k hay aparte de inhale exhale pero nadien niun cd ninguna cancion niuna mina mejor k la kata (peponaxscreamo) http://www.fotolog.com/xbyxscreamogirlx es la mas linda si la vas a postiar k sea con delikadesa

  5. yuyin

    04-Jul-2008 en 3:23 pm

    parece que soy la unica que no puede tener ese maldito cd no cacho una en el sitio de ellos.¿¿¿ como lo consiguieron uds??

  6. Pacman

    23-Oct-2008 en 3:35 am

    Muy buen disco…..

    y pronto se vendra un siguiente disco ojala

  7. alvaro

    24-Jun-2009 en 10:36 pm

    RADIO KAKA MIERDA DE PATETIKOS KE SE GURAN ALTERNOS Y VAN A VER AL LOGI DE TOM YORKE KANTANDO KUALKER WEA ESTOS LOKOS SON PATETIKOS PARECEN CONCIERTOS EVANGELIKOS JAJAJ

  8. alvaro

    24-Jun-2009 en 10:37 pm

    KOMENTEN DISKOS BUENOS ONDA VIOLADORES DEL VERSO, SFDK ETERNA INOCENCIA O KOSAS ASI

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El Álbum Esencial: “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd

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The Dark Side Of The Moon

No hay que ser seguidor de Pink Floyd para reconocer que “The Dark Side Of The Moon” marca uno de los momentos más altos en la historia del rock, metiéndose de lleno en ese selecto puñado de álbumes que todos deberían escuchar por lo menos una vez en la vida. Es tan así, que, si bien podemos estar todos de acuerdo en que los rankings no definen la grandiosidad de un álbum, no es menos cierto que funcionan como indicadores duros a la hora de evaluar un fenómeno musical. En esta línea, es imposible pasar por alto que al hablar de “The Dark Side Of The Moon” lo estamos haciendo de un disco con más de 45 millones de copias vendidas en todo el mundo, que además tiene la particularidad de haberse instalado majaderamente en el top 200 de Billboard desde su lanzamiento en 1973 hasta 1988, para luego (como si no hubiera sido suficiente) volver a meterse el año 2009. Si esto no es un indicador de vigencia y transversalidad, entonces nada lo es.

Sin embargo, los méritos que hacen de “The Dark Side Of The Moon” un álbum único, exceden largamente sus cualidades estadísticas. En lo concerniente a la banda, el disco marcaría sin duda una suerte de renacimiento. Después de debutar en 1967 con un fantástico larga duración bajo el liderazgo de Syd Barret, la inesperada salida del crazy diamond del cuarteto pondría en jaque el futuro de este, obligando al conjunto a entrar en un largo período de reinvención musical que no fue fácil. La experimentación sonora con marcados tintes de psicodelia y folk se tomaron la identidad de los londinenses y, si bien con el tiempo discos como “A Saucerful Of Secrets” (1968), “Ummagumma” (1969) y “Meddle” (1971) probarían ser imperecederos, lo cierto es que a principios de los setenta el conjunto comenzaba a hacerse difícil de seguir.

Por fortuna, una de las características de la banda siempre fue la capacidad de ir constantemente revaluando su propuesta. En esta línea, “The Dark Side Of The Moon” en ningún caso fue un accidente. La idea de aventurarse en un álbum de identidad lírica compacta, donde esto fuera incluso más relevante que la oferta sonora, hace rato se había apoderado de la mente de Waters, al punto que una de las cosas que demoró la salida del álbum tuvo que ver justamente con que Pink Floyd sintiera que el concepto se había logrado. Y dicho concepto era importante, sin duda la banda de sonido tenía que estar a la altura. Asentados durante ocho meses en los estudios Abbey Road y con Alan Parsons como ingeniero en sonido, echaron mano al uso de loops, samples de conversaciones grabadas en el estudio, sintetizadores análogos y la técnica del multi track recording para dar vida al trabajo que definitivamente haría de la banda un fenómeno reconocido a nivel mundial.

Para iniciar el viaje, el diseñador Storm Thorgerson nos regala una portada inmortal. De interpretaciones múltiples, la carátula de “The Dark Side Of The Moon” es el primer signo de que los cuarenta minutos de música que vienen de la mano de esta portada no son cosa trivial. “Speak To Me” funciona como obertura e incluye varios guiños a fragmentos que aparecerán a lo largo del disco. Corre como una sola pieza con “Breathe”, simbolizando el inicio de la vida, que estaría marcado por la batería de Nick Mason (a modo de latido cardiaco). Por su parte, el etéreo y acogedor ambiente de “Breathe” dominado por la guitarra de David Gilmour, abre las líricas del álbum (dejando de lado el pequeño fragmento de conversación de “Speak To Me”) en una imagen que evocaría al padre hablándole a su hijo recién nacido para que respire y lo haga sin miedo, no olvidando disfrutar la vida.

“On The Run” llega a sacudir la calma del corte anterior, destacando desde el inicio por una secuencia de sintetizador repetida de forma reverberante a altísima velocidad, representando de forma sublime el agobiante estrés al que nos vemos enfrentados en la inmisericorde maquinaria del día a día. La canción crece de forma sostenida a lo largo de sus casi cuatro minutos, explotando para dar paso a “Time”, uno de los cortes más celebrados de esta placa. Reconocible desde el primer segundo gracias al coro de relojes que abre el tema y el característico rototom con que Mason acompaña la introducción, “Time” se desarrolla directa y contundente, guiada de manera impecable por la avasalladora guitarra de Gilmour. Tratándose del único track firmado por los cuatro integrantes del conjunto, tiene además el mérito de abordar con elegancia uno de los tópicos más inquietantes de la existencia humana, la mortalidad y el sentido de trascendencia.

Y si de mortalidad se trata, el cierre de la primera cara de la placa termina graduando al registro en estos menesteres. Haciendo gala de una capacidad de improvisación vocal francamente excepcional, Clare Torry hace de “The Great Gig In The Sky” uno de esos cortes imposibles de ignorar. Único e irrenunciable (originalmente titulado “The Mortality Sequence”), logra expresar sin inconvenientes el dolor y paz que acompañan el proceso de la muerte. Sin embargo, no hay descansos en este viaje, ya que rápidamente la segunda cara del larga duración nos golpea con otra canción inmortal. Es el turno de “Money”, tema que, compuesto por Waters con el objeto de abordar el flagelo del dinero y la avaricia, no sólo incluye una de las líneas de bajo más reconocibles de los setenta, sino que además se da el lujo de completar la base rítmica del track con un loop de cajas registradoras, monedas y papel roto, para luego cerrar distorsionado y catártico. Brillante, sin duda alguna.

“Us And Them” baja las revoluciones, dejando al saxofón de Dick Parry como guía y protagonista de este maravilloso corte acerca del sinsentido de la guerra, donde el eco en la voz de Gilmour funciona tan bien a la hora de dar identidad a este track, que debería tener una mención adicional en los créditos. A continuación, “Any Colour You Like” repite casi sin cambios la estructura armónica de “Breathe”, sin embargo, a diferencia del primero, evita por completo las voces, entregándose del todo a generar atmósferas, haciendo uso y abuso del teclado sintetizado. Ya para ir tomando la recta final, “Brain Damage” habla del lado oscuro de la luna por primera vez en todo el trabajo, apuntando directamente a la figura de Syd Barret. Se trata de un tema de evidentes tintes psicodélicos, amablemente acompañado por guitarras, sintetizador y arreglos vocales, a través del cual Waters intenta reivindicar el derecho a ser distintos.

Hacia el final, “Eclipse” nos confronta con lo banal de la existencia. El órgano Hammond y los acompañamientos vocales funcionan de manera perfecta para enrostrarnos que nada de lo que hacemos o somos es finalmente tan importante. Al cierre, sólo nos queda el latido (último signo de vida al terminar esta travesía) y la paradoja con que la banda decide dejarnos, que dice “There is no dark side in the moon really / Matter of fact it’s all dark”. Sobrecogedor y liberador en igual medida.

“The Dark Side Of The Moon” se instalaría finalmente como un fantástico viaje a través de las problemáticas más universales que enfrenta un individuo a lo largo de su vida, logrando transcurrir de forma seductora y fluida desde la primera señal de vida de “Speak To Me” hasta el último latido que cierra el álbum. De hecho, la principal virtud de este trabajo terminaría siendo precisamente la excelente manera en que logra fluir a lo largo de sus cuarenta minutos. Se trata de un disco que, abordando temáticas tremendamente complejas, logra hacerlo de forma muchísimo más amigable, directa y efectiva que lo que venía haciendo la banda en sus trabajos anteriores. Este es el momento en que el conjunto terminaría de explotar, adquiriendo esa capacidad única de crecer en simpleza, sin sacrificar en nada la profundidad de su propuesta. El tiempo (y los siguientes discos) confirmaría que el giro había sido el correcto. Hoy, tal como hace décadas, la vida sigue siendo un camino difícil de recorrer, pero por fortuna siempre tendremos esta inmortal banda sonora para recordarnos que no hacemos el recorrido solos.


Artista: Pink Floyd

Disco: The Dark Side Of The Moon

Duración: 42:59 minutos

Año: 1973

Sello: Harvest Records / Capitol Records


https://open.spotify.com/album/4LH4d3cOWNNsVw41Gqt2kv

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