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Queens Of The Stone Age – “Villains”

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La seguridad es un valor escaso en tiempos de la sobreexposición y la generación de más opiniones que de ideas nuevas, pero a Josh Homme nunca le ha faltado, en especial porque la mayoría de los proyectos en los que se ha embarcado le han terminado dando la razón. En el séptimo disco de Queens Of The Stone Age, “Villains”, esta certeza se mantiene y se reafirma en los momentos más frágiles de un álbum que demuestra la capacidad de QOTSA no sólo reinventarse, sino que de dominar nuevos trucos de forma cabal.

El disco tiene un elemento clave: la producción de Mark Ronson, más conocido por su trabajo con artistas pop como Adele, Amy Winehouse o Bruno Mars, y quizás un problema del álbum es el sonido pastoso, indefinido e irrelevante de la batería, pero, por otro lado, entrega un punto de avance evidente en ámbitos de la canción, como son las melodías y armonías. Nunca Queens Of The Stone Age sonó tan bien, principalmente porque el trabajo melódico es exquisito, tanto, que este debe ser el registro más “tarareable” de la banda.

En este sentido, ver cómo Josh Homme es llevado a nuevos límites en su interpretación vocal es interesante. Probablemente, ese sea un mérito de Ronson, quien tiene una maestría en llevar a cantantes a dar su máximo, y con Homme esto no es la excepción, aunque resulta sorpresivo lo central que es este instrumento en “Villains”. Lo mejor es que la seguridad de Homme se traspasa en los momentos más vulnerables, como en “Fortress”, con una línea vocal brillante, o con los falsettos implacables del track final, “Villains Of Circumstance”, que llevan a Josh a una gimnasia vocal donde se ve que el trabajo de las líneas melódicas tuvo más atención que nunca.

Además, el disco es directo, e incluso los tracks con mayor desarrollo y extensión, como “Un-Reborned Again” o “The Evil Has Landed”, no dan impresión de densidad, sino que de vastedad. Así, el espacio narrativo y musical es mayor, sin inmovilizar al oyente, sino que invitándolo a recorrer paso a paso, sin necesidad de correr. “Villains” es un disco que se toma sus tiempos sin apuros, y a la vez parece que no se detuviera nunca, con un foco claro y específico. En las letras también se ven grietas en la seguridad del siempre cool Josh Homme, entregando detalles autobiográficos de entrada en “Feet Don’t Fail Me”: “Nací en el desierto el 17 de mayo de 1973”, su fecha de nacimiento real. Además, esta canción pone toques realistas a cómo él se ve a sí mismo: “I’m much older than I thought I’d be” (“Soy más viejo de lo que pensé que sería”). A su vez, en “Fortress”, a lo largo de toda la canción, se habla de cómo la “fortaleza” que cada cual se construye puede caer y volver a levantarse como protección.

Más que historias ajenas o sensaciones externas, “Villains” muestra parte de lo más personal escrito por la banda alguna vez, y en medio de un espíritu más pop, canciones más directas y composiciones bien trabajadas, este es uno de los mejores discos de Queens Of The Stone Age. Sin embargo, quienes esperen el rock que había dominado entregas anteriores, necesitarán un tiempo para digerir este sonido evidentemente más convocante, que a punta de sensibilidad y sinceridad podría tomar al mundo por asalto muy pronto.


Artista: Queens Of The Stone Age

Disco: Villains

Duración: 48:00

Año: 2017

Sello: Matador


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5 Comentarios

5 Comentarios

  1. Alfredo

    28-Ago-2017 en 1:13 pm

    en total desacuerdo con la cponclusion, como va a ser uino de sus mejores trabajos…es un disco liviano, popero sí, con temas mas orejas de lo que venian haciendo, es un buen disco pero para lo que es QOTSA, es un disco que pasa sin pena ni gloria. Si el Era Vulgaris para muchos era el disco más bajo de ellos, con el Villains sube un peldaño. Falta más aridez, más densidad, la mano del prodicyor no le hizo bien., Valiente Josh Homme? sì, siempre ha tenido un toque más oreja en sus proyectos, pero acá se le pasó la mano.

    • Pablo

      29-Ago-2017 en 9:04 pm

      Aprende algo en tu vida hijo mio

      • Alfredo

        07-Sep-2017 en 2:51 pm

        buscate una vida pelmazo y ocioso.

  2. Gustavo Díaz

    28-Ago-2017 en 1:58 pm

    Que buena crítica! Es la mejor que he leído y la que mejor representa mi visión de este nuevo álbum de QOTSA. Saludos!

  3. Felipe Jara

    05-Sep-2017 en 4:56 pm

    Quizá lo más destacable del Villains es que definitivamente es el disco en que mejor suena QOTSA. Si bien da la sensación que el talento de Jon Theodor se pierde un poco en esta pasada, este trabajo ubica en una posición especial a Dean Fertita, que con los teclados y sintetizadores tiene intervenciones notables y elegantes. Las guitarras son audaces y el bajo también se oye mejor que en cualquier lanzamiento anterior del grupo.
    Quizá muchos van a discutir que algunos seguidores -seguramente los más nuevos o fans de los proyectos paralelos de Homme- cataloguen esta placa como la mejor de la banda. Y finalmente es una discusión sin mucho sentido, pues al repasar Villains una y otra vez queda la sensación de escuchar un buen disco, en el que más allá de si el productor trabajó con artistas pop, o si el sonido arenoso y robótico que caracterizó sus primeras placas desapareció, la gran satisfacción que deja este álbum es que, en términos de sonido más que de estilo, es sin dudas el que hasta ahora ha alcanzado el nivel más alto. Y enfrentarse a un buen disco, siempre se agradece.

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El Álbum Esencial: “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd

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The Dark Side Of The Moon

No hay que ser seguidor de Pink Floyd para reconocer que “The Dark Side Of The Moon” marca uno de los momentos más altos en la historia del rock, metiéndose de lleno en ese selecto puñado de álbumes que todos deberían escuchar por lo menos una vez en la vida. Es tan así, que, si bien podemos estar todos de acuerdo en que los rankings no definen la grandiosidad de un álbum, no es menos cierto que funcionan como indicadores duros a la hora de evaluar un fenómeno musical. En esta línea, es imposible pasar por alto que al hablar de “The Dark Side Of The Moon” lo estamos haciendo de un disco con más de 45 millones de copias vendidas en todo el mundo, que además tiene la particularidad de haberse instalado majaderamente en el top 200 de Billboard desde su lanzamiento en 1973 hasta 1988, para luego (como si no hubiera sido suficiente) volver a meterse el año 2009. Si esto no es un indicador de vigencia y transversalidad, entonces nada lo es.

Sin embargo, los méritos que hacen de “The Dark Side Of The Moon” un álbum único, exceden largamente sus cualidades estadísticas. En lo concerniente a la banda, el disco marcaría sin duda una suerte de renacimiento. Después de debutar en 1967 con un fantástico larga duración bajo el liderazgo de Syd Barret, la inesperada salida del crazy diamond del cuarteto pondría en jaque el futuro de este, obligando al conjunto a entrar en un largo período de reinvención musical que no fue fácil. La experimentación sonora con marcados tintes de psicodelia y folk se tomaron la identidad de los londinenses y, si bien con el tiempo discos como “A Saucerful Of Secrets” (1968), “Ummagumma” (1969) y “Meddle” (1971) probarían ser imperecederos, lo cierto es que a principios de los setenta el conjunto comenzaba a hacerse difícil de seguir.

Por fortuna, una de las características de la banda siempre fue la capacidad de ir constantemente revaluando su propuesta. En esta línea, “The Dark Side Of The Moon” en ningún caso fue un accidente. La idea de aventurarse en un álbum de identidad lírica compacta, donde esto fuera incluso más relevante que la oferta sonora, hace rato se había apoderado de la mente de Waters, al punto que una de las cosas que demoró la salida del álbum tuvo que ver justamente con que Pink Floyd sintiera que el concepto se había logrado. Y dicho concepto era importante, sin duda la banda de sonido tenía que estar a la altura. Asentados durante ocho meses en los estudios Abbey Road y con Alan Parsons como ingeniero en sonido, echaron mano al uso de loops, samples de conversaciones grabadas en el estudio, sintetizadores análogos y la técnica del multi track recording para dar vida al trabajo que definitivamente haría de la banda un fenómeno reconocido a nivel mundial.

Para iniciar el viaje, el diseñador Storm Thorgerson nos regala una portada inmortal. De interpretaciones múltiples, la carátula de “The Dark Side Of The Moon” es el primer signo de que los cuarenta minutos de música que vienen de la mano de esta portada no son cosa trivial. “Speak To Me” funciona como obertura e incluye varios guiños a fragmentos que aparecerán a lo largo del disco. Corre como una sola pieza con “Breathe”, simbolizando el inicio de la vida, que estaría marcado por la batería de Nick Mason (a modo de latido cardiaco). Por su parte, el etéreo y acogedor ambiente de “Breathe” dominado por la guitarra de David Gilmour, abre las líricas del álbum (dejando de lado el pequeño fragmento de conversación de “Speak To Me”) en una imagen que evocaría al padre hablándole a su hijo recién nacido para que respire y lo haga sin miedo, no olvidando disfrutar la vida.

“On The Run” llega a sacudir la calma del corte anterior, destacando desde el inicio por una secuencia de sintetizador repetida de forma reverberante a altísima velocidad, representando de forma sublime el agobiante estrés al que nos vemos enfrentados en la inmisericorde maquinaria del día a día. La canción crece de forma sostenida a lo largo de sus casi cuatro minutos, explotando para dar paso a “Time”, uno de los cortes más celebrados de esta placa. Reconocible desde el primer segundo gracias al coro de relojes que abre el tema y el característico rototom con que Mason acompaña la introducción, “Time” se desarrolla directa y contundente, guiada de manera impecable por la avasalladora guitarra de Gilmour. Tratándose del único track firmado por los cuatro integrantes del conjunto, tiene además el mérito de abordar con elegancia uno de los tópicos más inquietantes de la existencia humana, la mortalidad y el sentido de trascendencia.

Y si de mortalidad se trata, el cierre de la primera cara de la placa termina graduando al registro en estos menesteres. Haciendo gala de una capacidad de improvisación vocal francamente excepcional, Clare Torry hace de “The Great Gig In The Sky” uno de esos cortes imposibles de ignorar. Único e irrenunciable (originalmente titulado “The Mortality Sequence”), logra expresar sin inconvenientes el dolor y paz que acompañan el proceso de la muerte. Sin embargo, no hay descansos en este viaje, ya que rápidamente la segunda cara del larga duración nos golpea con otra canción inmortal. Es el turno de “Money”, tema que, compuesto por Waters con el objeto de abordar el flagelo del dinero y la avaricia, no sólo incluye una de las líneas de bajo más reconocibles de los setenta, sino que además se da el lujo de completar la base rítmica del track con un loop de cajas registradoras, monedas y papel roto, para luego cerrar distorsionado y catártico. Brillante, sin duda alguna.

“Us And Them” baja las revoluciones, dejando al saxofón de Dick Parry como guía y protagonista de este maravilloso corte acerca del sinsentido de la guerra, donde el eco en la voz de Gilmour funciona tan bien a la hora de dar identidad a este track, que debería tener una mención adicional en los créditos. A continuación, “Any Colour You Like” repite casi sin cambios la estructura armónica de “Breathe”, sin embargo, a diferencia del primero, evita por completo las voces, entregándose del todo a generar atmósferas, haciendo uso y abuso del teclado sintetizado. Ya para ir tomando la recta final, “Brain Damage” habla del lado oscuro de la luna por primera vez en todo el trabajo, apuntando directamente a la figura de Syd Barret. Se trata de un tema de evidentes tintes psicodélicos, amablemente acompañado por guitarras, sintetizador y arreglos vocales, a través del cual Waters intenta reivindicar el derecho a ser distintos.

Hacia el final, “Eclipse” nos confronta con lo banal de la existencia. El órgano Hammond y los acompañamientos vocales funcionan de manera perfecta para enrostrarnos que nada de lo que hacemos o somos es finalmente tan importante. Al cierre, sólo nos queda el latido (último signo de vida al terminar esta travesía) y la paradoja con que la banda decide dejarnos, que dice “There is no dark side in the moon really / Matter of fact it’s all dark”. Sobrecogedor y liberador en igual medida.

“The Dark Side Of The Moon” se instalaría finalmente como un fantástico viaje a través de las problemáticas más universales que enfrenta un individuo a lo largo de su vida, logrando transcurrir de forma seductora y fluida desde la primera señal de vida de “Speak To Me” hasta el último latido que cierra el álbum. De hecho, la principal virtud de este trabajo terminaría siendo precisamente la excelente manera en que logra fluir a lo largo de sus cuarenta minutos. Se trata de un disco que, abordando temáticas tremendamente complejas, logra hacerlo de forma muchísimo más amigable, directa y efectiva que lo que venía haciendo la banda en sus trabajos anteriores. Este es el momento en que el conjunto terminaría de explotar, adquiriendo esa capacidad única de crecer en simpleza, sin sacrificar en nada la profundidad de su propuesta. El tiempo (y los siguientes discos) confirmaría que el giro había sido el correcto. Hoy, tal como hace décadas, la vida sigue siendo un camino difícil de recorrer, pero por fortuna siempre tendremos esta inmortal banda sonora para recordarnos que no hacemos el recorrido solos.


Artista: Pink Floyd

Disco: The Dark Side Of The Moon

Duración: 42:59 minutos

Año: 1973

Sello: Harvest Records / Capitol Records


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