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The Desaturating Seven The Desaturating Seven

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Primus – “The Desaturating Seven”

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Cuando alguien decide adentrarse en el extraño mundo de Primus, acepta el riesgo de visitar un terreno en el que no siempre se juega a la segura ni en lo conceptual ni en lo musical y, en ese sentido, la novena placa de los de San Francisco no es la excepción. Tras romper su silencio discográfico en esta nueva etapa después de su hiato con el bien recibido “Green Naugahyde” (2011) y de reimaginar el soundtrack  del clásico cinematográfico de 1971 “Willy Wonka & The Chocolate Factory” en “Primus & The Chocolate Factory With The Fungi Ensemble” (2014), los liderados por Les Claypool se vuelven a inspirar en una lectura para niños en el reciente “The Desaturating Seven”, y valiéndose de ese espíritu arriesgado que los caracteriza, deciden inscribirse con una obra conceptual tan concisa, que deja a todos esperando por más.

En poco menos de 35 minutos, el cuento “The Rainbow Goblins” (1978), un misterioso relato del italiano Ul de Rico que el bajista leía a sus retoños antes de dormir, se transforma en un ecléctico viaje con tintes progresivos, recordándonos al King Crimson de mediados de los ochenta, además de servir como testimonio de la primera entrega de material original con la formación clásica de la banda desde 1995, sin contar el EP “Animals Should Not Try To Act Like People” de 2003.

La pregunta cae de cajón: ¿el regreso de Tim Alexander le devuelve a Primus ese sonido extremadamente kinésico que los hizo conocidos hace dos décadas? No exactamente. Si bien, se nota que la chispa entre Les Claypool, Larry LaLonde y el reintegrado Tim “Herb” Alexander está intacta, con una química en la ejecución de los instrumentos que se extrañaba en las placas anteriores, el trío opta por un trabajo introspectivo, con una cuota de locura mesurada en favor de atmósferas más densas y etéreas. Ni siquiera se nota que estuvieron separados tanto tiempo, ya que la base rítmica logra producir momentos exquisitos, a fin de acoplarse a las intrincadas líneas de guitarra que construyen el paraje sombrío que sirve de telón de fondo para la historia de estos siete duendes obsesionados por atrapar los arcoíris, argumento que el disco comparte con el cuento.

Con la ayuda del bajista de Tool, Justin Chancellor, en la narración de “The Valley”, quién asume el rol de maestro de los duendes, el viaje parte con una guitarra acústica que muta al ritmo de la voz lisérgica de Les, además de la incorporación paulatina de la percusión de Alexander, creando un ambiente intrigante, que da paso a “The Seven”, la cual se esboza como la muestra más patente del aplastante sonido actual de la banda con cambios de ritmo que rememoran al rock progresivo más clásico. Por su parte, “The Trek” se extiende por casi ocho minutos, con una vibra siniestra en la que el sonido de la guitarra de LaLonde parece tributar al mismísimo Steve Howe, a la vez que el slap característico de Claypool se abre paso para marcar las distintas secciones de la canción, uno de los puntos altos del disco.

Mientras “The Scheme” suma más dinamismo, pero sin la necesidad de las explosiones dementes de antaño, “The Dream” sumerge el relato en un paraje más introspectivo gracias a una fabulosa línea de bajo que va siguiendo la voz, pero que después eleva las pulsaciones y conduce a “The Storm”, la primera pieza que se creó para este álbum y que el bajista no sabía si utilizar en su proyecto con Sean Lennon o con Primus. Sin embargo, decidieron trabajarla cuando Larry LaLonde la escuchó por el teléfono y quedó prendado de ella. En este corte, con claras influencias a la complejidad de sus siempre adorados Rush, la agrupación desborda virtuosismo, pero siempre dentro de un marco extremadamente regulado. Como si se tratara de un círculo perfecto, “The Ends?” invierte el orden de lo que se escuchó al principio en “The Valley”, partiendo con la percusión de sonidos tribales de Tim y fundiéndose con el bajo danzante para rematar en un perfecto desenlace de guitarra acústica.

No es tan descabellado pensar que la alegoría de estos duendes que buscan devorar los arcoíris se pueda traspasar a la realidad de un mundo –y un país completo en el caso de Estados Unidos– consumido por la misma avaricia y codicia que ciega a estos seres mágicos, de manera que dicha idea, sumada a una total indiferencia hacia la fórmula de la canción convencional con verso y coros reconocibles, perfila un disco muy sólido en lo conceptual, pero escueto en lo musical. Cualquiera hubiera pensado que el regreso de la formación original podría diluirse en una extensa muestra de poder instrumental y frenetismo, no obstante, escogieron apostar por un disco de excelente factura, pero demasiado breve para un combo en tan buena forma. Sabemos que Primus apesta a genialidad, y ese mismo hedor es el que esta vez dejó a los “bastardos” con ganas de más: el precio del riesgo.


Artista: PrimusThe Desaturating Seven

Disco: The Desaturating Seven

Duración: 34:38

Año: 2017

Sello: ATO Records / Prawn Song Records


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1 Comentario

1 Comentario

  1. Larry

    14-Nov-2017 en 10:17 am

    “además de servir como testimonio de la primera entrega de material original con la formación clásica de la banda desde 1995.”
    No, “Animals should not try to act like people”, 2003…

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Arctic Monkeys – “Tranquility Base Hotel & Casino”

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Tranquility Base Hotel & Casino

Un hype autogenerado en prensa y fanáticos por igual mantuvo las miradas del mundo en “Tranquility Base Hotel & Casino”, el sexto álbum de Arctic Monkeys, esperado ansiosamente por quienes anhelaban saber el siguiente paso que el cuarteto de Sheffield iba a tomar. Ante esto, el conjunto dio vida a uno de los trabajos más extraños y desorientados de su discografía, incluso más que su antecesor “AM” (2013), polémico punto de inflexión en el camino de Alex Turner y los suyos. Sí, Turner y los suyos, porque este nuevo LP no hace más que reflejar un deseo casi intrínseco del frontman por tomar el control de todos los aspectos creativos de la banda, asumiendo poco a poco más protagonismo sobre sus compañeros, al punto de llegar a un disco en que los otros tres talentosísimos miembros quedan relegados a ser la banda de compañía de su figura principal.

Desde el comienzo se aprecia un trabajo claramente influenciado por las decisiones artísticas de Turner, entregando un constante tempo de ambiente lounge, con la banda completa sirviendo de acompañamiento rítmico para el desolado Alex y sus reflexiones sobre la vida, como cual rockstar en el ocaso, sólo que con varios años y vivencias menos que de costumbre. Esa caricaturización del artista introspectivo y melancólico no ayuda mucho a la hora de sentar sobre la mesa lo que debía ser un regreso en gloria y majestad, pero que va perdiendo fuerzas por ripios que su misma naturaleza pretenciosa va dejando en el camino. Canciones como “Star Treatment” o “American Sports” dejan en evidencia el sentido principal de la obra, que se sostiene bajo una calidad sonora sólida y mucho más elaborada que en trabajos anteriores, pero que a la larga no posee un trasfondo más potente para su desarrollo general.

Continuando con lo que se siente como un loop eterno, el bajista Nick O’Malley igual logra lucirse junto a la batería de Matt Helders, pese a lo reducida de su participación en términos creativos, igual que lo ocurrido con el guitarrista Jamie Cook que, independiente de unos cuantos solos genéricos en algunas canciones, no es mayor el trabajo que realiza. Muchos de los defensores de este trabajo han criticado el hecho de que la gente pide que Arctic Monkeys vuelva a ser lo de antes, aludiendo a una ausencia del estilo que la banda profesaba en sus primeros años. Lo cierto es que eso está lejos de ser así, ya que lo que se pide no es un regreso en términos de sonido, sino que de calidad. No se trata de volver a los guitarrazos de antaño o a las potentes canciones de tiempos rebeldes, como “Favourite Worst Nightmare” (2007), en vez de eso, se siente la necesidad de que la banda encuentre su norte en términos de creatividad, dejando de lado una pomposidad forzada y repetitiva, que no le hace un gran favor a su verdadera calidad como músicos.

Un giro artístico siempre será un riesgo considerable, y Arctic Monkeys lo supo manejar de cierta forma con su anterior álbum, pero en el caso de “Tranquility Base Hotel & Casino” no existe un deseo de reforzar la línea sonora que proliferó en aquella placa, optando por adornar composiciones donde se huele a millas de distancia el trabajo casi solitario de Alex Turner. Ese sonido ya conocido en proyectos del músico –como The Last Shadow Puppets– que se toma cada segundo de este álbum, estableciéndolo más como un capricho personal del frontman en vez de un disco que tenga un sentido claro de su forma y fondo, así como del concepto que pretende englobar entre sus canciones. No hay que confundir todos los argumentos expuestos con que la calidad sonora del trabajo es precaria, ya que sin duda existe una ampliación en el espectro de la banda, solidificando así su interpretación. El principal problema es lo forzado con que Turner intenta vender una supuesta obra maestra, recurriendo a clichés que derivan en un producto insípido y falto de ideas.

Muchos coinciden en que este álbum representa un gran paso para la banda, algo que es completamente cierto. Ahora, el destino que ese paso le entregue al cuarteto será la gran interrogante, ya que podría poner en jaque los egos de una agrupación que se empieza a ver consumida por el protagonismo de su vocalista. El propio Jamie Cook afirmó haberle sugerido a Turner lanzar este trabajo como un álbum solista, pero finalmente accedieron a etiquetar la obra como el sexto LP de la banda. Todas las cosas tienen un significado diferente, dependiendo el punto de vista en que se mire, y claramente este disco habría tenido una recepción abismalmente diferente si no se presentaba como el nuevo trabajo de una de las bandas más importantes de los últimos años.

El amor al recuerdo siempre estará latente, pero sólo el tiempo dirá cuál es el destino de Arctic Monkeys. Por ahora, existen dos caminos claros: abrazar esta etapa como la nueva obsesión del principal titiritero del conjunto, o reflexionar sobre una banda que podría dar mucho más, pero que prefiere dejarse llevar por ideas que se imponen en pos de un beneficio no igualitario para todos sus integrantes. En manos de todos queda la elección sobre el camino que se tomará.


Artista: Arctic MonkeysTranquility Base Hotel & Casino

Disco: Tranquility Base Hotel & Casino

Duración: 40:51

Año: 2018

Sello: Domino


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