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Pixies – “Head Carrier”

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No puedes ser tan relajado, no puedes ser tan zen”, dice reflexivo Black Francis durante la canción que abre y da título al nuevo trabajo de Pixies. Imágenes de experiencias reverberantes y capacidad de aguante llenan este track que parece reflexionar sobre todo lo que ha significado este segundo tiempo de los oriundos de Boston. Y es que la vuelta de Francis y compañía al estudio de grabación ha sido de todo, menos un paseo dominical. Por un lado, han tenido que aprender a reinventarse sin perder identidad tras la salida de Kim Deal, su histórica bajista, y por otro lado, han tenido que lidiar con las expectativas de un grupo de seguidores que se debate entre exigir el retorno del sonido “Pixies” de los ochenta y otro que les exige novedad y transgresión, señalándolos casi como figuras llamadas a liderar una nueva revolución musical.

pixies-2016-01El inicio con el corte ya mencionado sigue la línea sonora de lo que ya ha venido mostrando la banda desde su retorno, con líneas de bajo protagónicas, esta vez a cargo de la ahora bajista oficial de la banda, Paz Lenchantin. Lo que sigue con “Classic Masher” nos  traslada a la vereda melódica pop del cuarteto, de amable escucha y contagiosa, logra llenar con éxito ese espacio que no consiguieron copar de forma adecuada durante su última entrega de estudio.

Por otro lado, “Baal’s Back” entra directo a despacharse uno de esos momentos de energía potente y desgarradora, que recuerdan la vibra de “Sad Punk” de Trompe Le Monde (1991), y pone de manifiesto que la característica dinámica loud/quiet de la banda sigue ahí, quizás ya no como parte de cada track, sino que a medida que avanza el larga duración. La agridulce quietud de “Might As Well Be Gone” no hace más que reafirmar el punto anterior.

“Oona” vuelve sobre una línea similar a “Head Carrier”, mientras que “Talent”, en otro de los momentos altos de la entrega, instala de forma rápida y efectiva un garage rock contagioso e inmediato, con un Joey Santiago acertadísimo en las guitarras. “Tenement Song” mantiene las cosas sin grandes cambios, y no es sino hasta la trilogía “Bel Esprit”, “All I Think About Now” y “Um Chagga Lagga” que aparecen nuevos elementos. Durante estos tres cortes, Paz Lenchantin introduce gradualmente el juego de vocales masculinos/femeninos que en el pasado ha sido uno de los sellos sonoros de la banda. Luciendo dulce en “Bel Spirit” y divertida jugando al eco en “Um Chagga Lagga” uno de los cortes que rescatan el sonido “Surfer Rosa” (1988) del conjunto. Es, sin embargo, “All I pixies-2016-02Think About Now” (con la bajista como líder vocal y autora de la música del track) la que se lleva los laureles de esta sección. Tema de revisión obligada, tanto por el evidente guiño musical a “Where Is My Mind” como por el explícito saludo a Kim Deal en las letras. Hacia el cierre, desafortunadamente “Plaster Of Paris” y “All The Saints” no logran mantener el buen momento, carentes de contrastes le quitan presencia a la última recta del registro.

Es indudable que el tiempo ha hecho su trabajo; el sonido de estos Pixies no es en ningún caso el de los ochenta y, por ende, quienes busquen en “Head Carrier” un nuevo “Surfer Rosa” (1988) o un “Doolittle” (1989) muy probablemente encuentren sólo decepción en estos treinta minutos. No es menos cierto, por otro lado, que muchos de los elementos que han definido desde siempre la identidad de la banda siguen ahí (la dinámica loud/quiet, los vocales intercalados de Francis con su contraparte femenina, el sonido, entre otros elementos) básicamente han cambiado el ritmo y la forma de entrega. En lo inmediato, la nueva formación nos regala un álbum que, a pesar de cometer algunos errores, se instala efectivo y lleno de matices, sorteando sin dificultades los baches que hicieron de “Indie Cindy” (2014) un disco que hasta hoy sólo ha trascendido por sus críticas. Esperemos que el cuarteto siga la línea trazada con este sexto larga duración y mantenga ese equilibrio y tranquilidad que han demostrado tener cada vez que las cosas no han ido bien, pero que, por sobre todo, sigan dispuestos a aventurarse una y otra vez en este camino. “Head Carrier” alcanza al menos para estar optimistas acerca de los capítulos que aún están por venir.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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