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Phoenix – Bankrupt!

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Los franceses de Phoenix vuelven a la primera línea del rock alternativo de la mano de su quinto álbum de estudio, “Bankrupt!”, con la difícil misión de ratificar todo lo bueno que ofrecieron con su predecesor “Wolfgang Amadeus Phoenix” (2009), placa que ese mismo año los hizo acreedores al Grammy como mejor disco de música alternativa. Uno de los hechos más llamativos de este trabajo es que fue mezclado con la consola Harrison 4032, usada en el legendario álbum “Thriller” (1982) de Michael Jackson, que el guitarrista Laurent Brancowits encontró en la página de E-Bay de su antiguo dueño, Clayton Rose, y que adquirió por la módica suma de US$ 17.000. El disco fue producido por la misma banda y Philippe Zdar (Cassius), y será editado bajo el sello Glassnote Records.

PHOENIX 01“Entertainment” es el tema encargado de abrir el álbum, y también el primer sencillo que se desprende de la placa. Una canción que destaca por su dinámica melodía y su agradable estribillo, generando excelentes expectativas para el resto del trabajo. El disco continúa con “The Real Thing”, corte que baja las revoluciones en contraste con su antecesor, mediante una base rítmica más pausada y ejecuciones a medio tiempo. “S.O.S. In Bel Air” vuelve a los sonidos más enérgicos, estructurados sobre un sólido riff de batería y la característica voz de Thomas Mars. Llega el turno de “Trying To Be Cool”, donde de inmediato llaman la atención las precisas y nítidas secuencias del bajo de Deck D’Arcy, matizadas en su perfecta medida por lúdicos efectos electrónicos. El cierre de la primera mitad del álbum corre por cuenta de “Bankrupt!”, el tema más extenso de todo el disco, cuya primera parte fluye sobre una agradable melodía a un pulso constante, para posteriormente explotar en un ritmo saturado de sonidos sintetizados y finalmente desembocar en una hermosa pieza donde sobresale la guitarra acústica.

Los sonidos más vivos y energéticos vuelven a ser protagonistas en “Drakkar Noir”, en donde sobresale la presencia del teclado y las guitarras de Brancowitz y Mazzalai. “Chloroform”, funciona como una continuación del corte anterior, disminuyendo la velocidad y delegando la estructura de la canción en los elementos más sintetizados y una exquisitamente bien lograda instrumentación, funcionando en perfecta armonía cada una de las texturas que constituyen la pieza. Se vuelve a incrementar la intensidad de la mano de “Don’t”, donde ya comienza a evidenciarse una peligrosa dependencia a los sonidos electrónicos y a los efectos que pueda aportar el sintetizador, teniendo como resultado una PHOENIX 02escasa variación en la propuesta. El viaje a través del disco prosigue con la delicada melodía de “Bourgeois”, ritmo que permite un mayor lucimiento de la voz de Mars, estableciendo uno de los buenos cortes de la placa. “Oblique City” es el último tema en mostrar sus credenciales, ofreciendo pasajes agiles y acelerados, que inyectan precisas dosis de energía, todo estructurado sobre potentes ráfagas de batería y delicadas pinceladas de cuerdas.

El principal rasgo que nos entrega el último álbum de los oriundos de Versalles es la consecuencia de su estilo, quizás no superando la meta impuesta por su anterior producción, pero sí estableciendo una impronta característica, que los propone como una de las bandas a tener en consideración dentro de la línea más alternativa del rock. “Bankrupt!” está compuesto por diez cortes que se tornan fácilmente digeribles, pero que tienen como principal defecto el depender en demasía de los sonidos electrónicos, abusando durante varios pasajes del uso del sintetizador. Phoenix, con catorce años de trayectoria, vuelve a demostrar la madurez de su estilo, dejando la mesa servida para corregir esos leves ripios que le significarán dar el gran salto a la consolidación.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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