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Periphery IV: Hail Stan Periphery IV: Hail Stan

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Periphery – “Periphery IV: Hail Stan”

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En el estado actual de la música extrema, es poco probable que en el corto plazo exista un disco que sea trascendente para todos los fanáticos. Es improbable que alguna vez tengamos un “Master Of Pupppets” de esta generación; es decir, aquel que marque un hito y dicte cátedra respecto a cómo se deben hacer las cosas. Esto tiene múltiples factores, que ciertamente requieren un análisis por separado, pero quizá uno importante a mencionar es la diversidad cultural de lo que se entiende por “metal” en la actualidad. De ahí que bandas como Periphery sean ajenas a aquellos más cercanos al estilo más clásico y queden fuera del radar más apegado al tronco común de bandas como Metallica, Slayer o Megadeth.

En ese contexto, es imposible que “Periphery IV: Hail Stan”, el sexto LP de Periphery, sea un disco señero para el futuro del rock pesado en general, sin embargo, tiene los méritos de sobra para ostentar tal título en el círculo más reducido del metal progresivo de esta época. Y es que el nuevo opus de la banda liderada por Misha Mansoor destaca por su versatilidad, libertad compositiva y carencia de compromiso con etiquetas preestablecidas. Este álbum contiene un potencial difícil de mesurar en lo inmediato, dada las múltiples lecturas que se pueden hacer del mismo y que hacen parecer que al interior de la banda conviven en realidad tres distintas, pero que comparten la idea base de explotar a más no poder dos ámbitos: modernidad y complejidad.

De partida, está el cariz más pesado del quinteto. “Blood Eagle” es agresión pura, sin matices y directa al mentón. Lo importante acá es que se aleja –dentro de lo posible– del djent más masivo (si es que existe tal género y no es sólo la excusa para copiar los riffs de exponentes como Meshuggah). Las guitarras más ambientales se intercalan con los riffs filosos y con un Sotelo que sin duda está en un estado superlativo. Algo similar ocurre con “CHVRCH BVRNER”, que es otro ataque sin escalas, aunque no tan cohesionado como el corte anterior, lo que lo vuelve más prescindible. “Follow Your Ghost”, aunque más baja en velocidad, denota que el quinteto aún puede echar mano a estructuras compositivas ya ocupadas en su repertorio sin perder frescura.

Luego el álbum nos lleva a esa zona más innovativa de Periphery, en donde los recursos de la música pop toman protagonismo. Estos parajes son aquellos que podrían alejar de la banda al rockero más duro, pero que sin duda hacen que “Periphery IV: Hail Stan” no sea un disco más. “It’s Only Smiles” es una composición más cercana al emo que al metal, gracias a un Spencer Sotelo que derrocha una versatilidad encomiable. “Garden In The Bones” es otro corte pausado, con una melodía pegajosa, bastante similar a canciones que encontrábamos en “Juggernaut: Alpha” (2015). Finalmente, en esta línea destaca “Sentient Glow”, la que, a pesar de tener un patrón de batería bastante rápido y guitarras intensas, la vocalización limpia de Sotelo le da una textura similar al metalcore, ajena a un metal pesado, verbigracia además de un interludio que frena la fuerza del tema y le entrega una agradable sensación de grandilocuencia.

A continuación están los aires de libertad y frenesí creativos, que son siempre bienvenidos en un ambiente cada vez más ahogado por las estructuras de los géneros y sub géneros. “Reptile”, la canción con la que inicia el álbum, es sin duda el epítome de esto: inclasificable a más no poder, desbordando energía y con los cinco miembros de la banda contando con espacio para resplandecer: Holcomb, Bowen y Mansoor arrojan toda su técnica a través de riffs afilados, escalas imposibles y melodías suaves, todo en un mismo conjunto sonoro que sobrepasa los 16 minutos; para qué decir de la calidad de Matt Halpern, quien no desfallece y, por el contrario, encuentra los espacios para brillar a través de tiempos complejos que crea tras el kit de batería. Quizá la única mácula, es que hay partes bastantes interesantes que se pierden en su excesiva duración, sobresaturando la canción. En tanto, “Crush” abiertamente electrónica, da cuenta de esta emancipación, pero se asemeja más un remix que a un corte en sí mismo, evidenciando cierta inconsistencia en su inclusión.

En suma, “Periphery IV: Hail Stan” no será un álbum que marque una época para todo el espectro del metal, pero definitivamente debe estar entre lo más destacado del año, pues es la consagración sonora de un Periphery despojado de etiquetas. El disco reboza en libertad y creatividad, lo cual se puede apreciar en su mejor corte, “Satellites”: moderno, libre, épico y complejo, es un resumen perfecto de este álbum y los valores que la banda quiere plasmar.


Artista: Periphery

Álbum: Periphery IV: Hail Stan

Duración: 63:36

Año: 2019

Sello: 3DOT Recordings


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Discos

El Álbum Esencial: “Doolittle” de Pixies

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Doolittle

El éxito comercial nunca fue algo que se le diera a Pixies, quienes, pese a la considerable buena recepción de sus trabajos por parte de la crítica especializada, nunca gozaron de un éxito a nivel masivo como sí lo estaban viviendo otras bandas de la época. El período de fines de los ochenta y principios de los noventa significó un auge en torno a la música alternativa, donde los sonidos rabiosos y desenfrenados estaban ganando terreno por sobre el heavy metal y el rock ochentero de Poison, Mötley Crüe o Bon Jovi. Bandas como Nirvana, Sonic Youth o The Smashing Pumpkins representaban esta camada de jóvenes que sólo deseaban expresar todo mediante la música, dejando atrás la premisa del éxito comercial, primando la calidad por sobre la exposición mediática.

Bajo ese alero, Pixies ya llevaba un tiempo sonando en el circuito independiente gracias al EP “Come On Pilgrim” (1987) y su posterior álbum debut “Surfer Rosa” (1988), trabajos que posicionaron su nombre como una banda de futuro prometedor. Fue así como, llegando a 1989 y con la presión por parte de Elektra, su nueva casa discográfica, de lanzar un sucesor de su anterior placa, Black Francis y compañía trabajaron en los demos de un disco que rescataría elementos de la música mainstream para adaptarlos al inclasificable espectro sonoro del cuarteto. “Doolittle” (1989) significó un paso agigantado para la banda, quienes de pronto se oyeron sonando en las radios, siendo citados por sus colegas e, inclusive, pasando a la posteridad en cuanta lista de lo más destacado del año.

Sin duda, Black Francis siempre se mostró como el principal artífice de Pixies, trabajando en letras, música, y hasta en el aspecto gráfico de cada trabajo del grupo, por lo que un ritmo tan autosuficiente como este generó roces casi por inercia con Gil Norton, productor del disco, que intentó a como dé lugar forzar a Francis para realizar canciones más largas, agregar estrofas, solos, incluso extender ciertos parajes, lo que por supuesto no cayó muy bien en el robusto intérprete.

El propio frontman aseguró en entrevistas que el productor estaba intentando hacerlos sonar de manera comercial, contrario a la visión que ellos mismos tenían de las cosas, por lo que, pese a unas accidentadas sesiones de grabación, el disco finalmente vería la luz, resultando un consenso de la visión de Francis y los consejos no tan bien recibidos de Norton.

Se podría considerar a “Doolittle” como el despegue absoluto en los continuos cambios de ritmo, que serían el sello habitual de Pixies, demostrándose en canciones como “Debaser” o “Crackity Jones”, impregnadas del dinamismo propio de David Lovering, el baterista y arma secreta de la banda, quien también incursiona en la voz con “La La Love You”, otro de los cortes más recordados del LP. Aunque el sonido crudo y agresivo del cuarteto fue uno de los factores que los hizo reconocidos, el lado melódico también ha aportado canciones que en la actualidad son verdaderos clásicos, pasando desde “Here Comes Your Man”, “Monkey Gone To Heaven” o la simple pero poderosa “Tame”, construida sobre la base de una sucesión de acordes cuya intensidad va atrapando al auditor a medida que avanza hasta su desenlace.

Si juntamos y analizamos todos los factores que hicieron de Pixies una banda tan importante en la fugaz primera etapa de su carrera, probablemente comprendamos por qué las rencillas entre su líder y la bajista Kim Deal hayan terminado por desarmar a la banda, incluso cuando todavía tenían actividades por cumplir. Y es que, básicamente, Pixies se trata de eso, sobre cómo cuatro naturalezas muy diferentes chocan para formar una obra única y con una estructura que recoge lo mejor de todos lados.

Deal aporta la actitud, Lovering la elegancia, mientras que la meticulosidad de Francis se conjuga con el siempre sereno Joey Santiago, alguien que aportó la seriedad y profesionalismo suficientes para que este barco saliera a flote. De ahí en adelante, todo se puso un poco más turbulento, los egos no resistieron una convivencia armónica y la belleza propia de este caótico surrealismo generado por Pixies comenzaría a apagarse poco a poco. Para hablar de eso, es necesario ahondar en los trabajos posteriores del cuarteto y el contexto en el que se vieron envueltos durante su gestación, pero ese será tema para una próxima ocasión.


Artista: PixiesDoolittle

Disco: Doolittle

Duración: 38:38

Año: 1989

Sello: 4AD / Elektra


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