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Periphery – “Periphery III: Select Difficulty”

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Si hay algo que caracteriza a la “generación Y” (o los llamados “millenials”), es una apatía por las etiquetas, por las fórmulas preconcebidas –lo que ciertamente no es una falta de compromiso– y, en definitiva, una apertura sin tapujos a otros aspectos que llenan la vida cotidiana, como la tecnología y la tecnificación. Esto abarca todas las cataduras de este grupo social, incluida la musical. En tal orden de ideas, no es arriesgado señalar que Periphery justamente es una banda ícono de esta subcultura, por cuanto su metal difícil de categorizar está desprovisto de preocupaciones en torno a mantener una esencia preestablecida. De ahí sus múltiples experimentaciones, desde el djent hasta el pop, desde lo análogo a lo digital, generando en el público reacciones discordantes, pues se duda si se está en presencia de una banda dura heredera de Meshuggah, o bien, es un producto más plástico y comercial que busca la accesibilidad y el beneplácito más masivo.

PERIPHERY 001Quizás  ambas premisas señaladas en lo precedente sean ciertas. Periphery es lo uno y lo otro a la vez. Con su cuarto disco (o quinto si es que se considera “Juggernaut: Alpha” y “Juggernaut: Omega” por separado) esto se confirma, ya que persiste una dualidad interesante en lo que dice relación con el verdadero sustrato de la banda. En efecto, “Periphery III: Select Difficulty” es una amalgama de sonidos que van desde un metal complejo y técnico en demasía, hasta lo ligero y blando del pop. Este último aspecto –valga señalarlo– apoyado únicamente por las versatilidad de Spencer Sotelo, cuyo rango vocal le permite adaptarse sin problemas a los riffs filosos y a las melodías más inteligibles a un público promedio.

Lo anterior provocará necesariamente que, en términos generales, el disco no sea bien comprendido. Temas como “The Price Is Wrong”, “Motormouth” o “Habbitual Line-Stepper”, poderosos e intensos, podrán llevar a la confusión a quién busque un metal moderno por la línea más cruda, por cuanto se encontrará con aquellas composiciones cuyo sustrato es la parsimonia, como “The Way The News Goes…”. Esto no es nuevo en Periphery, ya en ambos “Juggernaut” conjugaban sin inconvenientes lo mejor de ambos mundos. El problema en este álbum en particular –y esto como una crítica universal al mismo– es que no existe una coherencia interna entre las composiciones, lo que conlleva a que el oyente no logre captar del todo cuál es el mensaje musical de la banda, semblante que sí se encontraba presente en su trabajo anterior. Muestra de lo anterior, y paradójicamente, es el primer single del disco, “Marigold”, un tema que es difícil de encapsular, pero que de todas formas goza de una buena estructura musical.

PERIPHERY 002No obstante lo señalado, “Periphery III: Select Difficulty” es un buen álbum, con temas cuya calidad es superlativa especialmente en su segunda mitad. “Flatline” es una creación exquisita, que no se pierde en la técnica, sino que las guitarras de Misha Mansoor, corazón de la banda, se encuentran encaminadas a provocar una atmósfera dinámica y con una parte final sobrecogedora, gracias a la capacidad vocal de Sotelo. “Absolomb” es una canción que deja fluir naturalmente el lado más melodioso de la banda, no exenta de suntuosidades en las guitarras, pero gracias al tiempo que marca Matt Halpern en la batería (y en la programación de la misma) se mantiene el ímpetu a raya. “Catch Fire” es una de las canciones más experimentales que ha escrito Periphery, claramente más pop que cualquier otra, y nuevamente con un Sotelo que a veces recuerda la mutabilidad de Mike Patton, aunque carezca de la raíz rockera de este último. Ciertamente es un excelente tema, pero no será del gusto de aquellos cuyo paladar es más rudo. “Lune”, por su parte, es una obra personal de Misha Mansoor y es un punto alto dentro del disco, toda vez que logra reflejar algo que carece el mismo: un ambiente, una idea, una relación íntima entre lo que busca fraguar la banda y lo que captan los oídos del público. Bella y sencilla, a ratos recuerda lo mejor de Tool.

En suma, estamos en presencia de un álbum contundente, pesado y a la vez pausado, difícil de desentrañar pero digerible en demasía. Complejo sería la palabra que mejor lo define, aunque esto no se señala en tono negativo, sino más bien como un hecho de la causa: “Periphery III: Select Difficulty” es un buen fruto de este tiempo y de esta generación, aunque aquello no le asegurará necesariamente trascendencia.

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Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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