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Pennywise – Yesterdays

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Hoy por hoy, en el movimiento hardcore / punk (o por separado), la “metalización” de la propuesta musical aparece como la tendencia más seguida durante el último tiempo. Sin embargo, aún quedan agrupaciones que desarrollan su sonido con los mismos elementos que usaron en un principio, para así fortalecer el vínculo entre las convicciones artísticas y las personales –en este caso de una banda- a través de esta reafirmación de lo “clásico” por sobre lo “innovador”. Este ejercicio se fundamenta en la idea de que, en el caso de este género, lo que importa es el mensaje más que la forma o estructura. Dentro de este contexto, una de las ramas más fructíferas de esta corriente es sin duda el punk o hardcore melódico, donde California figura como su cuna. A diferencia de su símil en la costa este, acá la perspectiva y el enfoque pasan por un filtro más optimista y cercano a filosofías como la PMA (positive mental attitude), que a la propagación del odio como consigna.

PENNYWISE 01En la actualidad convergen y conviven expositores de la escuela contemporánea, con distintas procedencias, como Rise Against por ejemplo, con algunos de los bastiones más longevos como Bad Religion, NOFX o, quienes acaparan la atención en esta reseña, Pennywise. Activos por más de 25 años, con millones de copias vendidas y reconocidos como uno de los conjuntos independientes más exitosos, hoy nos muestran su último trabajo que lleva por nombre “Yesterdays”, sucesor de “All Or Nothing” (2012), donde las voces estuvieron a cargo de Zoly Teglas, vocalista de Ignite. En palabras del retornado vocalista original, Jim Lindberg, este es un “álbum nuevo, hecho de canciones viejas”, ya que en gran medida estas composiciones pertenecen al período de finales de los ochenta, cuando la banda recién emprendía el recorrido, contando además con una importante participación creativa, en la música y las letras, del bajista de la época, Jason Thirsk, fallecido posteriormente en 1996. El resto de los temas surgieron de los procesos que comprenden las obras “Full Circle” (1997) y “Straight Ahead” (1999).

En este sentido, es difícil analizar el disco desde una perspectiva netamente crítica, ya que, al parecer, los factores emocionales más que el afán creativo en sí, fueron los encargados de motivar la edición de este álbum. Por consiguiente, estamos en presencia de algo así como la tan manoseada “vuelta a las raíces” a la que tantos otros apelan para mantenerse vigentes. Según Lindberg, durante el tiempo cercano a “Land Of The Free” (2001), que coincide con los gobiernos de George W. Bush, el mensaje de la banda se politizó, basando sus líricas en el descontento, la disconformidad y el odio hacia lo establecido no sólo por aquel régimen, sino por la política de EE.UU. en general. Este cambio en la propuesta alejó a parte de la fanaticada en su momento, pero se asume como el sacrificio necesario para expresar la frustración que sentían por esos días. A pesar de que el panorama político hoy no es muy distinto, la agrupación optó por tomar todas estas canciones más optimistas o “divertidas” que tenían en el baúl y las ensayaron hasta darles la forma deseada, para luego grabarlas bajo un sistema que busca mantener un sonido limpio pero poco trabajado, sin la sofisticación que ofrece la post-producción de cualquier registro hoy en día, con el fin de obtener un trabajo que represente mejor el espíritu de aquella era.

PENNYWISE 02Luego de darle varias vueltas, algunos temas nos llaman más la atención que otros.  En primer lugar, la pista que abre el disco, “What You Deserve”, porque contiene la estructura clásica y pegajosa del punk, más una fuerte declaración al final que invita a “nunca más confiar en un policía”; “Noise Pollution” y “I Can Remember” poseen  coros extraídos de la mejor cosecha de la banda y fácilmente se abre la posibilidad de considerarlos en el futuro como clásicos del repertorio de los provenientes de Hermosa Beach, al lado de joyas como “Fight Till’ You Die”, “Society” y la inmortal “Bro Hymn”. Por otra parte,“Restless Time”, “Violence Never Ending”, “Am Oi!” y “Thanksgiving” flirtean un poco  más con la cólera y la rapidez de los ritmos, ya sea en la ejecución instrumental o en el fraseo vocal, representando a cabalidad la vibra y energía propias de la juventud que poseían en esa época. Finalmente, “She’s A Winner”, “Slow Down”, “No Way Out” y, de manera especial, “Public Defender”, muestran como fluye el juego entre la melodía y el punk que tantos frutos les ha dado y que los apasiona, donde además se evidencia un poco más la versatilidad en la ejecución por parte de los músicos, dentro de lo que el género permite, claro está. En la edición de lujo de “Yesterdays” aparece una pista adicional con grabaciones que datan de 1989, donde aparecen algunas de estas canciones y cuyo fin es corroborar la antigüedad de las creaciones que componen esta “nueva” entrega.

Resumiendo, da la sensación que lo importante acá es la dinámica de reivindicar aquello que algún día fue la chispa que encendió los motores, más que el avanzar “un paso más allá” en la evolución musical: un vistazo al pasado a través de los ojos de hoy, para recordar y conmemorar los orígenes que dieron forma a la propuesta actual. Sin duda un ejercicio sano, pero que para algunos resultará innecesario si creatividad y novedad es lo que se busca.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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