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Pearl Jam – Lightning Bolt

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¿Cómo alcanzar algo único tras nueve discos y un estilo perpetuado desde hace más de dos décadas, con la transición comenzada en “Versus” (1993) y ya consolidada en “Vitalogy” (1994)? Cambiar premeditadamente el sonido podía ser el camino fácil; desafiar el proceso y la  involuntaria coyuntura, el difícil. Pues bien, aún cuando la pregunta es planteada desde las graderías –nunca ha sido una real preocupación para los referentes del grunge– y sin ser un unitario descollante, en “Lightning Bolt” Pearl Jam consigue originalidad en congruencia con las circunstancias y una inusual trayectoria.

Hombres de familia con múltiples proyectos en solitario y que han naturalizado los métodos de composición como quintento, transparentaron más que en cualquier otro LP la libertad con la que cada PEARL JAM 01uno de ellos –salvo Matt Cameron con suficiente aporte en la batería- propuso y creó. Latente, tangible, el álbum terminó logrando algo extraordinario: sonorizar la confianza mutua con que se obsequian autorías, un prodigio que sólo grupos con más de veinte ininterrumpidos años de ruta consiguen. Más que nunca suenan como una banda, la palabra banda suena.

Como aval de este control compartido, los dos primeros singles lanzados son obra musical de Mike McCready. Los riff de “Mind Your Manners” son tan incendiarios como los de “Spin The Back Circle” de “Vitalogy”, mientras que en la gran “Sirens” –escrita entre el sonido de las sirenas circundantes en Los Angeles- se hizo de las cuerdas acústicas para enaltecer  los cuadernos de viaje de Eddie Vedder: “Escucha las sirenas (…) ¿La próxima vez vendrán por mi? Por cada decisión que tomo, cometo un error. No es mi plan verte en los brazos de otro hombre. Y si escoges quedarte, esperaré, lo entenderé”.

La línea que Jeff Ament dispuso para “My Father’s Son” es otro aserto. Los graves –distorsionados- edifican un pilar melódico sostenido con apenas tres o cuatro notas de Stone Gossard. Nuevamente Vedder remece mirando la evolución humana como una resistencia a la adopción de genes psicopáticos en nuestro ADN, e irónicamente dando las gracias –seguramente a su padre que nunca conoció-, “por los oscuros regalos con los que no simpatizo”, como una inagotable fuente de inspiración. “Yellow Moon”, también del bajista, amaga la potestad de “Low Light” (“Yield”, 1998), llegando sólo en momentos a ser una congénere.

Ament y Gossard vuelven a complementarse en “Pendulum”, que bien puede hermanarse con “Parting Ways” e “Infallible”, de estrofas similares a “Tremor Christ”, y coros con el sello de muchas baladas PEARL JAM 02insertas en las últimas placas: emocionantes ascensos y radicalmente distintos a los comienzos del track, matices que a los que la ansiedad no puede sino claudicar plácidamente. El guitarrista queda como exclusivo artífice en “Let The Records Play”, una incuestionable garantía de las raíces bluseras del rock, potente y estimulante.

El resto es Edward Louis Severson III (nombre de nacimiento del frontman criado al sur de California). En cortes agitadores figuran “Getaway”, un puñetazo con otra tremenda línea de Ament y la mejor elección para abrir el disco; “Lightning Bolt”, cuatro tenaces minutos en que todos terminan tocando fuera de sí, incluyendo los icónicos gritos que advierten la fortuna detrás del miedo: “Debes saber que nunca la dejarás ir (…) Todos tus problemas no morirán contigo. Nunca la dejes de ir, es un rayo”; y “Swallowed Whole”, quizás la de mejores matices y estructura, menos explosiva y exclamando el apreciarse vivo: “Canciones susurradas en el viento, respirando en el perdón como vibraciones infinitas (…) podría ser el sol, puedo ser el sonido, puedo rehacerme aquí mismo y sumergirme”.

Finalmente, el Vedder de “Into The Wild” (2007) y “Ukelele Songs” (2011) asoma con la hermosa melodía y desgarradora letra de “Sleeping By Myself” (“Debí saber que había alguien más (…) nunca pude ir con nadie más (…) no creo en nada sino en el dolor y no puedo ver que esto tenga arreglo. Estaré solo durmiendo esta noche”), justamente sacada de su último trabajo solista y re versionada para “Lightning Bolt”, agregando múltiples capas instrumentales al otrora exclusivo pequeño de cuatro cuerdas. El álbum cierra con “Future Days”, más dulce y alentadora (“si alguna vez te pierdo, de seguro me perderé a mí (…) Creo, y creo porque puedo ver nuestros días futuros, días de tu y yo”), evocando los arpegios y encantadora atmósfera de “Man Of The Hour” (“Greatest Hits”, 2004).

PEARL JAM 03Todas estas similitudes con piezas de su larga discografía corroboran el sentido de agrupación que han convertido en un sonido, un resultado musical con méritos también para Brendan O’Brian, productor. La retrospectiva no sugiere una búsqueda que homologa viejas fórmulas; es el autoretrato de una carrera que atesoran como quien elige las mejores fotografías de una bitácora. La gratitud es que son bellísimas; el miedo es que si las han descrito, es porque quizás el viaje va llegando a su término. De todas formas, el dejo es más emotivo que dramático. Cada vez que algo ha tenido que decir, Pearl Jam, conciente de la fortuna de ser escuchado en todo el mundo, reaparece, no desiste. Y el motivo de la permanencia es justamente la esperanza de no testificar el desenlace, porque el ensamblamiento y la fe que se tienen como banda, es conmovedoramente indestructible.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. pojpokj

    15-Dic-2013 en 3:01 am

    Como el orto el disco. MYM sería lo único weno.

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Algiers – “There Is No Year”

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There Is No Year

Algiers es una banda que logró algo de notoriedad en los circuitos alternativos durante 2017 gracias al lanzamiento de su segundo larga duración, “The Underside Of Power”, cuyo mensaje visceral y contestatario tuvo una relativa buena recepción. Caracterizados por su singular capacidad de mezclar el góspel con géneros más modernos, este año regresan con un trabajo menos ruidoso que sus antecesores, distanciándose levemente del sonido noise punk de sus inicios para estrechar lazos con sonoridades más íntimas, como el post-punk y el dark wave.

El álbum comienza con la canción que le da nombre, “There Is No Year”, y ya desde aquel punto la banda nos muestra la apuesta por explorar nuevas sonoridades que dialoguen más de cerca con el mainstream. Como si fuera la misma canción, una transición minimalista da paso a “Dispossession”, un tema que vuelve con fuerza a las raíces góspel. El cambio más drástico con trabajos anteriores se hace más notorio con “Hour Of The Furnaces”, transportándonos hacia pasajes mucho más oscuros, dando paso uno de los cortes más asfixiantes y conmovedores de esta larga duración, “Losing Is Ours”, y quebrando ese ambiente bruscamente con “Unoccupied”, uno de los pocos tracks de ritmo enérgico del larga duración.

Posteriormente se encuentra “Chaka”, dónde se hace notar con fuerza la influencia dark wave antes mencionada. Este es uno de los momentos más interesantes del álbum, convirtiéndose en una veta que debería seguir siendo explotada por los de Atlanta. Como acto seguido, “Wait For The Sound” y “Repeating Night” mantienen una sonoridad sutilmente tenebrosa, la que, gracias a las pinceladas de sonido industrial, nos recuerdan al “Black Celebration” de Depeche Mode del año 1986. Ambos temas, pese a ser auditivamente más digeribles, resaltan el interesante trabajo de producción hecho por Randall Dunn, nombre vinculado al drone y post-metal.

Llegando al cierre, rodeados por un aura cuasi vampírico, “We Can’t Be Found” mantiene un tira y afloja entre pasajes lúgubres y celestiales, mientras que “Nothing Bloomed” nos hace sentir toda su intensidad, conduciéndonos a un falso gran finale, pues luego de esto, algunas ediciones cuentan con el bonus track “Void”, un single noise punk que revive el sonido de los primeros años de la banda y que ya había sido publicado anteriormente para Adult Swim como material promocional.

A diferencia de los dos álbumes anteriores de esta agrupación, “There Is No Year” es un trabajo que muestra una fachada más personalista, mayormente destacando el talento de su vocalista Franklin James Fisher. Esto conlleva una disminución o, mejor dicho, una mutación del protagonismo del resto de los miembros y sus capacidades interpretativas (al menos en el estudio), lo cual se hace notorio en una banda que desde sus inicios concibió una propuesta musical vanguardista. Son esos los costos que muchas veces deben pagar quienes aspiran a consolidar un sonido más radial, y en el caso de Algiers es un sacrificio que, si bien es evidente, no perturba la esencia ruidosa, política y, sobre todo, exploratoria, manteniéndonos en la búsqueda por agregar nuevas texturas a su poco convencional apuesta sónica.


Artista: Algiers

Disco: There Is No Year

Duración: 37:05

Año: 2020

Sello: Matador


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