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Ordinary Man Ordinary Man

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Ozzy Osbourne – “Ordinary Man”

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Una de las fórmulas históricamente exitosas en el mundo del rock es intentar romper algún paradigma. Golpear desde la apuesta visual, proponer un nuevo formato rítmico o fusionar estilos, siempre han sido giros que, por lo general, tienen buena acogida. Por el contrario, hay un selecto grupo de artistas que goza justo de la virtud opuesta, esos que uno no quiere que cambien y que, aunque no nos regalen novedad alguna, siempre vamos a recibir con los brazos abiertos. En esa exclusiva vereda está el Príncipe de las Tinieblas, un personaje único del imaginario rock, salido de la realidad más cruda de la Inglaterra post Segunda Guerra Mundial para fundar uno de los estilos musicales más trascendentales de los últimos cincuenta años. Luego de diez años de silencio discográfico y con más de setenta años de batallas en el cuerpo, Ozzy ha vuelto a darse maña para grabar un disco, y este hecho por sí solo ya es motivo suficiente para celebrar.

Para dar vida a este nuevo capítulo, el Madman puso en las perillas y guitarra a Andrew Watt (Lana Del Rey, Post Malone), dejando la base rítmica a cargo de Duff McKagan (Guns N’ Roses) y Chad Smith (Red Hot Chili Peppers). Sin embargo, como a esta altura todos parecen querer acompañar al viejo Ozzy, el disco goza además de numerosos invitados, entre los que destaca Slash, Tom Morello y, por supuesto, el mismísimo Sir Elton John. Este tipo de combinación muchas veces corre el riesgo de desplazar al artista anfitrión a un lugar secundario, dando como resultado discos sin ninguna identidad, y en esa línea hay que reconocer que, si bien en un principio la apuesta por Andrew Watt parecía arriesgada, finalmente probaría ser tremendamente efectiva, ya que uno de los méritos de los que goza “Ordinary Man” justamente es que suena a Ozzy todo el tiempo.

Los 45 minutos del disco combinan momentos de potente y contagioso rock con otros de tono más pausado, los que en esta oportunidad claramente dominan la oferta. En la primera vereda encontramos a “Straight To Hell”, track claramente pensado para sacudir los ánimos desde el inicio (los primeros vocales con Ozzy diciendo “alright now” son todo un llamado a la batalla), alternando un contagioso riff de guitarra cortesía de Slash, con arreglos de voces y teclados que resaltan el lado más oscuro del Madman. En esta misma línea se suma “It’s A Raid”, encargada de cerrar el disco en tono hard rock/punk de alta velocidad. Dependiendo del paladar, puede ser considerada la menos afortunada del álbum o derechamente un acierto a la hora de aportar nuevos sonidos, sin embargo, el corte funciona además como declaración de intenciones: Ozzy nos recuerda que, si quiere experimentar, lo hace y punto. Es más, se da el gusto de cerrar el álbum mandándonos a todos al carajo.

En el lado más pausado del álbum, “Ordinary Man” se alza como uno de los temas insignes de este larga duración. Con la inesperada ayuda de Elton John y combinando de manera perfecta guitarras, piano y arreglos orquestados, Ozzy da vida a una balada rock digna de lo mejor de su catálogo solista. En esta misma senda “All My Life” se anota otro momento destacado, particularmente por su contenido lírico, donde Osbourne abre parte de su imaginario más íntimo y lo comparte con nosotros. “Goodbye”, “Under The Graveyard” y “Scary Little Green Men” apuestan a la misma fórmula, todas contemplativas en un comienzo para luego explotar hacia el cierre, haciendo gala de contundentes percusiones y afilados solos de guitarra, que por momentos resucitan sin miramientos las claves del sonido Sabbath (particularmente notorio en “Under The Graveyard”). Finalmente, “Holy For Tonight” nos regala un tema donde Ozzy básicamente se despide de sus seguidores y reflexiona acerca de su mortalidad.

Diez años tuvieron que pasar para tener un nuevo trabajo de Ozzy. Él mismo dijo que no estaba en sus planes hacer un nuevo álbum, sin embargo, grabar “Take What You Want” con Post Malone le dio el golpe que necesitaba para volver al estudio. Y lo cierto es que, luego de escuchar “Ordinary Man”, queda la sensación de que fue lo mejor que Ozzy pudo haber hecho. El álbum tiene todas esas claves que han hecho de él la marca que es; las guitarras afiladas están ahí, las percusiones estremecedoras hacen su trabajo y el Madman se las arregla como siempre para sacudirnos y, al mismo tiempo, hacernos esbozar una sonrisa. Pero lo que hace especial a este álbum es que indudablemente se trata de un disco de despedida. Cada uno de sus rincones nos dice adiós, las letras, las colaboraciones inesperadas, las bromas entre líneas, todo busca dejar las cosas en orden antes de cumplir con el destino. ¿Lo logra? Sin duda lo hace. ¿Agrega alguna nueva variable al sonido de su catálogo? A esta altura ciertamente a nadie le importa.


Artista: Ozzy Osbourne

Disco: Ordinary Man

Duración: 49:21

Año: 2020

Sello: Epic


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Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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