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Opeth – “Sorceress”

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Entrando en esta década, la sonoridad de Opeth tomó un notorio cambio de rumbo. La bestialidad del death metal progresivo se fue desvaneciendo hasta mutar en un metal progresivo más melódico, abandonando los característicos cantos guturales de su vocalista y fundador Mikael Åkerfeldt. “Sorceress” viene a consolidar esta última etapa de la agrupación nacida en Estocolmo, Suecia, quienes son un emblema del metal y el progresivo contemporáneo.

opeth-01El disco comienza con la serenidad de “Persephone”, pieza instrumental de guitarra acústica que nos remonta al medioevo renacentista. Todo cambia de forma abrupta con “Sorceress”, tema cuya responsabilidad fue la de ser primer adelanto del LP. Con su introducción de teclado –reflejo del hard rock setentero– en manos de Joakim Svalberg, la rítmica cuasi marcial de los versos y los juegos de armonías, hacen que el hipnotismo se haga presente de principio a fin. La atmósfera envolvente continúa con “The Wild Flowers”, que si bien posee una evidente línea metal, es claro ejemplo del enfoque progresivo del actual Opeth. Este tema, por momentos con cierto aire arábico, es uno de los puntos altos del LP, sobre todo por el solo de guitarra de Fredrik Åkesson.

“Will O The Wisp” es un tema acústico donde el sonido de las flautas y el solo de guitarra, con una imperceptible pero precisa distorsión al cierre, dan una buena cuota serenidad, la que rompe “Chrysalis”, canción que, pese a la ausencia de guturales, nos recuerda toda la potencia y oscuridad del Opeth de “Blackwater Park” (2001) o de “Ghost Reveries” (2005). Un ritmo acelerado y una especie de dialogo entre los solos de guitarra y teclado, hacen de este corte una figura digna de devoción para los seguidores más antiguos de la banda, pese al progresivo decline de revoluciones en su cierre. A medio andar llegan “Sorceress 2” y “The Seventh Sojourn”. El primero, un tema folk en donde Åkerfeldt expone toda su calidez vocal; el segundo, un semi-instrumental impregnado de tintes arábicos con un interesante juego de percusiones, que cambia a un canto celestial amenizado a piano, expresión del sincretismo cultural de la Europa medieval del Mediterráneo muy presente a lo largo de todo el disco.

opeth-02El punto más alto llega en “Strange Brew”, con la expresión máxima de lo que Opeth significa: un ritual entre melodías profundas y tétricas, un juego entre la calma y la barbarie. Los cambios abruptos de intensidad –elemento característico de los suecos– se empoderan de este, el track más largo del disco. Tras esta potente demostración de técnica, nos encontramos con “A Fleeting Glance”, un tema marcado por los teclados y de una estética calmada con aires renacentistas en su inicio, y “Era”, una pieza que se aleja del metal para aproximarse a una sonoridad más rockera. Así, el disco finaliza con una reincursión melódica a “Persephone” con “Persephone (Slight Return)”, esta vez con piano en lugar de guitarras acústicas.

Si hay algo que nos ha enseñado Mikael Åkerfeldt y compañía es que el paraíso y el infierno pueden convivir en perfecta armonía. Sin embargo, esta vez nos posiciona con la balanza inclinada drásticamente hacia el ala celestial. Probablemente, no podemos comparar la clásica estética demoniaca con la del actual disco porque se encuentran en planos diferentes, pero si es que hay algo claro con “Sorceress” –que en palabras de la banda es el mejor disco que han hecho– es la evolución sonora, que los hace trascender del mundo del metal inspirados en la hechicera Perséfone (reina del infierno en la mitología griega), entregándonos una armónica muerte para mantenernos hipnotizados mientras ardemos en las llamas del averno, sin darnos cuenta, hasta que vuelvan en gloria y brutalidad.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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