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Omar Rodríguez López – Un Corazón De Nadie

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El prolífico guitarrista y productor de At The Drive-In y The Mars Volta, vuelve a sorprender con el lanzamiento de un nuevo trabajo en solitario, el cual fue editado bajo su propio sello discográfico y que llama la atención por ser concebido en un período en que Omar se encuentra ocupado en muchas otras actividades, como lo son el retorno a los escenarios de At The Drive-In, después de 11 años de alejamiento, y la edición de la nueva producción de The Mars Volta (“Noctourniquet”). El álbum lo conforman 10 canciones distribuidas en poco más de 35 minutos, con una tendencia a los sonidos electrónicos, y que se caracterizan por el uso –y abuso- del sintetizador.

Es sabido que en sus otros proyectos, Omar también se hace cargo de las voces de apoyo y esto queda en evidencia en “Mono”, canción que abre el disco y en donde, más que cantar, se dedica a recitar la letra, en un volumen tan moderado que la voz tiende a perderse sobre la base del tema. “Ocho”, la segunda canción de la placa, sigue en la misma línea que su predecesora, dando las primeras muestras de que este disco no se caracterizará por su variación de estilos. El álbum continúa con “Tiburyn”, en donde el protagonismo sigue estando a cargo del sintetizador, pero reflejando una carencia de la energía propia de la música electrónica. En “Esperar”, la voz sigue relegada a un segundo o tercer plano, y es precisamente en este punto que se genera un contrasentido entre lo experimental de la placa y el poco afán por realizar algún quiebre en el ritmo y velocidad de las canciones. El tema que cierra la primera mitad del disco es “Colmillo”, en donde los sonidos robóticos y la melodía de un órgano, logran esbozar una variación respecto al resto del álbum.

La segunda parte del disco comienza con “Querer”, que en una suerte de paramnesia, vuelve a rememorar la poca energía que ofrece el primer track del álbum. “Tres” tiene el mérito de incorporar sonidos más cercanos a lo experimental, pero que no terminan por plasmar una identidad propia. Acercándonos a la recta final del trabajo, comienza a sonar “Vencer”, la tercera canción de la placa que es 100% instrumental, y que perfectamente podría ser incluida en un disco de relajación, debido a su prácticamente nula intensidad. El tema “Hez” se mantiene fiel al estilo del álbum, con efectos principalmente electrónicos, los cuales no tardan en caer en un ciclo que no da lugar a cambios de ritmos. El cierre del trabajo queda a cargo de “Adiys”, que como era de esperar, cede a la potencia del sintetizador y que tiene como mayor cualidad que, hacia el final de la canción, logra imprimir por primera vez en el disco, un cambio de ritmo sustancial, al pasar de sonidos saturados (que llegan a ser incluso molestos), a sonidos más melódicos, casi propios de una caja de música.

Lamentablemente, el nuevo material de Omar Rodríguez López es una muestra inequívoca que el hecho de que se cuente con el tiempo y los recursos necesarios para grabar un disco, no son en lo absoluto razones suficientes para hacerlo. Una placa carente de sentido artístico, que no aporta en nada al género, y en donde, más que evidenciarse el indiscutible talento de Omar, se despiertan dudas respecto a su habilidad para grabar en solitario. Un disco absolutamente prescindible, que pasará a la historia como un experimento fallido del puertorriqueño, y que deja la enseñanza que los grandes también se pueden equivocar.

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Weyes Blood – “And In The Darkness, Hearts Aglow”

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Tres años pasaron desde que Natalie Mering estrenara el cuarto trabajo de estudio de su proyecto Weyes Blood, llevándose el reconocimiento general y un sinfín de aplausos con una obra tan completa como “Titanic Rising” (2019). Aunque la artista se acostumbraba a las buenas críticas, las expectativas serían aún mayor al momento de enfrentarse a un próximo larga duración, misión que tiene pendiente con la llegada de “And In The Darkness, Hearts Aglow”, un trabajo donde la premisa de oscuridad absorbe gran parte de la trama, pero que la interpretación desde el corazón la transforma en una obra con una belleza e intensidad por partes iguales, haciéndole justicia a su título, más allá de las palabras. Todo esto se debe a la manera en que el disco se desarrolla, así como las capas que resisten el análisis o de cualquier prejuicio a la profundidad y efectividad de dichas composiciones.

Desde las distintas aristas que podamos darle a este disco, el principal factor que resalta es la capacidad de Natalie Mering a la hora no sólo de componer canciones, sino que también de la impronta que aplica en la producción, con una serie de colaboradores cooperando en aquella misión. Y es que desde la apertura con “It’s Not Just Me, It’s Everybody” demuestra cómo las cosas siguen su curso desde donde quedaron la última vez y, así, poder identificar de entrada los elementos que hacen de esta obra una sucesora de “Titanic Rising”, ya que es la propia intérprete quien describe este LP como el segundo en una trilogía que comenzó con su lanzamiento anterior. Si bien, prácticamente todas las canciones tienen la intervención de un arreglista externo, todo esto debido al trabajo que los músicos Ben Babbitt y Drew Erickson aplican en gran parte de los tracks, el componente personal se siente no sólo desde la interpretación, sino también desde donde Mering estructura su obra.

De esa forma de estructurar es cómo podemos ver el funcionamiento secuencial de inmensas composiciones, como “Children Of The Empire” o “Grapevine”, en las que Weyes Blood se luce en una interpretación muy rica en detalles, donde su voz logra tomar primer plano incluso con una sección instrumental tan cuidadosa y robusta como la que implementan en la guitarra y batería los hermanos Brian y Michael D’Addario, ampliamente reconocidos como el dúo The Lemon Twigs. Entre el sinfín de influencias y comparaciones que recibe la artista, los nombres de Brian Wilson y Karen Carpenter siempre estarán presentes en la manera compositiva e interpretativa, respectivamente, pero lo cierto es que Natalie ha sabido nutrirse de esos elementos para entregar un enfoque fresco y de manera más directa, evitando plagios o reminiscencias tan explicitas en su música. Un ejemplo de ello es la melancólica “God Turn Me Into A Flower”, donde la hipnótica presencia vocal de Mering se toma cada espacio con una delicadeza e intensidad que ha transformado en sello propio.

“Hearts Aglow”, por otra parte, encierra un poco los tópicos y componentes sonoros de esta quinta obra de estudio de Weyes Blood, aplicando correctamente términos líricos y musicales de la melancolía y contemplación personal, pero a la vez dejando entrever esas fisuras que permiten entrar a un plano más luminoso y optimista. Los arreglos siguen tan impecables como en cualquiera de las canciones de este disco, pero su desarrollo inminente hacia el interludio “And In The Darkness” le dan una cara única, con el carácter más ligado al pop barroco, poniendo énfasis en la experimentación, sobre todo considerando la presencia de una canción como “Twin Flame” que, contraria a la mayoría, carece de arreglistas externos y se centra en las propias ideas de la intérprete. Luego del tormentoso paso de “In Holy Flux”, el disco cierra con “The Worst Is Done” y “A Given Thing”, sumando 10 minutos donde tenemos desde el lado más juguetón hasta el más apasionado, aristas opuestas en el amplio rango interpretativo de Mering.

Siempre es complejo analizar una obra cuando se pueden tomar tantas referencias a la hora de desmantelar su estructura, pero lo cierto es que es en ese ejercicio donde verdaderamente podemos notar cuánto hay de inspiración y de reinterpretación, o si, en el peor de los casos, existe algún atisbo de plagio. Los artistas más nuevos enfrentan el gran problema de un panorama musical a veces desgastado, donde todo fue inventado y nadie puede ser el primero a la hora de querer aplicar sus ideas o entregar una versión más fresca de algo que ya esté arraigado en el oído colectivo. Lo de Weyes Blood no es por ninguna parte algo novedoso o diferente a muchos discos que podamos oír previamente, pero su principal gracia se encuentra en cómo esos elementos se presentan e interpretan, y ahí es donde la artista se desmarca de sus pares y logra salir adelante como una compositora que tiene mucho que ofrecer con su arte. Cinco discos y sólo aciertos es algo que pocos pueden contar, sobre todo a una edad tan temprana, donde el legado musical no puede hacer otra cosa que reforzarse de aquí en adelante.


Artista: Weyes Blood

Disco: And In The Darkness, Hearts Aglow

Duración: 46:22

Año: 2022

Sello: Sub Pop


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