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Omar Rodríguez-López – Octopus Kool Aid

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El puertorriqueño Omar Rodríguez-López, guitarrista de The Mars Volta y At The Drive-In, sigue incrementando su ya extensa discografía en solitario, y ahora es el turno de “Octopus Kook Aid” el tercer álbum que edita este 2012 y que precede a “Un Corazón De Nadie” y “Saber, Querer, Osar y Callar”. Este nuevo disco corresponde a material grabado en febrero de 2011 y en donde el músico nuevamente se hace cargo de todos los instrumentos, pero que tiene la particularidad de delegar el protagonismo de las voces en Teri Gender Bender, líder y vocalista del grupo mexicano Le Butcherettes.

Este álbum está editado bajo el sello discográfico del artista y, al igual que sus anteriores trabajos, puede ser escuchado y adquirido desde la página de Rodríguez-López en BandCamp. El disco está conformado por diez tracks, los cuales fueron mezclados por Jon Debaun y masterizados por Pete Lyman. El llamativo arte gráfico de la portada es responsabilidad del artista visual Sonny Kay.

La canción encargada de abrir el disco es “Buenos Aires”, una relajada pista instrumental de poco más de un minuto, que tiene como protagonista excluyente el sonido del sintetizador. En “Where Are The Angels?” realiza su primera aparición la delicada voz de Teri Gender Bender, que se complementa a la perfección con una base rítmica que funciona en su justo volumen, generando buenas expectativas para el resto del álbum. Llega el turno de “Pink Heart”, que mantiene la tendencia a las melodías sin tanta intensidad y fuertemente influenciadas por matices electrónicos. Una pista que en un comienzo puede parecer interesante, pero que a medida que avanza se torna un tanto monótona. “Células Hermosas” constituye el segundo tema instrumental de la placa y podría ser descrito como la mezcla de improvisaciones con varios elementos, teniendo siempre como núcleo al sintetizador. Las voces vuelven para cerrar la primera mitad del disco con “People Feeding”, que en base a una melodía sombría, confirma que este trabajo no se destacará por su energía y potencia, sino más bien por secuencias pausadas y sensibles.

El sonido electrónico de “Un Café Atonal” da la bienvenida a la segunda parte del álbum, un nuevo corte instrumental que destaca por su interesante melodía, pero que carece de cambios de ritmo. La canción “18”presenta una nueva faceta de Teri Gender Bender, con una voz mucho más oscura que se mimetiza con una base opaca y poco enérgica. “Waves” colabora a que el disco no logre salir de su letargo, fundamentándose en un ritmo plano y una voz que se diluye de a poco sobre el sonido del sintetizador. La mayor desilusión del álbum llega de la mano de “Avión Apestoso”, la falta de creatividad en su máxima expresión. Dos minutos de un sonido homogéneo, cuya frecuencia raya peligrosamente en lo molesto, y en donde las variaciones de volumen constituyen el único esfuerzo por intentar variar la melodía. El disco termina de buena forma con “Worlds Get In The Way”, un track mucho más potente que el resto de la placa y que inyecta un poco más de intensidad dentro de lo contenida de su propuesta.

Existen artistas a los que le funciona de mejor manera el trabajar en solitario, este no es el caso de Omar Rodríguez-López, quien saca enormes dividendos en la incorporación de Teri Gender Bender en las voces, logrando que “Octopus Kool Aid” se encumbre por sobre el promedio de lo mostrado este 2012. No es recomendable engañarse pensando que esta placa es un ejemplo de gran expresión artística, por el contrario, se encuentra un par de peldaños bajo lo que podría considerarse un disco recomendable, pero que tiene la virtud de marcar un crecimiento respecto a la mediocridad de sus anteriores trabajos. Quizás la principal crítica que se puede realizar al álbum es lo poco arriesgada de su propuesta, manteniendo siempre una misma línea musical, sin abrirse a la incorporación de variantes en su sonido.

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Triggerfinger – “Colossus”

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Colossus

Están por cumplir 20 años de carrera. Dos décadas que parecen mucho y poco al mismo tiempo. Triggerfinger es una banda que, con cinco discos a cuestas, nada tiene que demostrar y que, sin embargo, no ha logrado encontrar el punto de despegue para llegar a la cima y codearse con los más grandes de la escena (no siendo teloneros, claro está). Pero ¿qué los hace tan especiales? No son genios incomprendidos ni nada por el estilo; de hecho, su sonido es muy fácil de digerir, sin que ello implique falta de originalidad o de agudeza creativa.

El stoner rock y el rockabilly son los componentes que perfilan la fórmula de este power trio oriundo de Bélgica, siendo un buen punto de referencia la semejanza estilística que comparte con Queens Of The Stone Age: ambas agrupaciones nacieron por la misma época, tienen una estética retro, y las dos son insolentemente seductoras y onderas. Esto último evidenciado por sus respectivos frontman, ya que, así como Josh Homme posee un carisma desbordante, Ruben Block no se queda corto, derrochando presencia escénica por montones.

El post punk se hace presente en “Colossus”, canción que da el nombre a este álbum. Parte enérgico y crudo, con la particularidad de que acá intervienen dos bajos, uno de ellos afinado lo más agudo posible buscando reemplazar a la guitarra, tarea que estos belgas cumplen satisfactoriamente. “Flesh Tight” es de esos temas que de lejos se nota que son singles: cuenta con una estructura rítmica y melódica que la hace en extremo pegadiza, adicionada a la incorporación de un teclado que, en contraste con la sugerente voz de Block, da como resultado una pieza que deja un halo siniestro escondido bajo una atmósfera retro. Muy rocanrolero.

“Candy Killer” emerge misteriosa y parsimoniosa, como aquella tranquilidad que antecede a la tormenta. Inicia con la ejecución del bajo de Paul Van Bruystegem, la que, a modo cortina sonora, mantiene la tensión y dramatismo hasta el final. Con “Upstairs Box” se manifiesta una mezcla de arreglos sesenteros de dos vertientes: por un lado se distinguen articulaciones psicodélicas procedentes de la guitarra de Block, y por otro, Mario Goossens prolonga el ritmo con una percusión al más estilo pop de antaño, elementos que se combinan armoniosamente.

“Afterglow” logra evocar pasajes crepusculares, es una pieza principalmente acústica, que destaca por su sedosidad melódica y su final, donde se desarrolla un desgarrador solo de guitarra. Después de este paréntesis auditivo, la potencia nuevamente adquiere ventaja. “Breathlessness” emerge con un aire brit, lo que, expresado a través de las seis cuerdas de Block, recuerda al inconfundible sonido de Oasis. “That’ll Be The Day” es otro de los temas que encuentran su mejor desarrollo en el coro, donde la cadencia sonora se transforma en un quiebre para una composición que tiene una estructura en base a sintetizadores y percusiones que emulan sonidos industriales. Mientras tanto, el bajo sigue siendo el que marca la pauta a través de intensos riffs. “Bring Me Back A Live Wild One” tiene buen pulso, posee algo de blues y de rock & roll, pero en una medida que le permite conservar su carácter moderno.

“Steady Me” parece sacado de una colección de lados B, o al menos no parece encajar con el esquema propuesto en este LP, jugando con el tempo, con los arreglos vocales y con distorsiones sonoras, una buena amalgama de sonidos que, lejos de asustar, se transforma en una buena forma de acercarse al término de esta lista de tracks. Acá estamos ante un desenlace por partida doble. Por un lado, “Wollensak Walk” se presenta en una pieza instrumental de blues que logra evocar parajes desérticos tipo western. Simple, pero muy efectivo; al menos ese es el final lógico. Sin embargo, 20 segundos después emerge el remate oficial disfrazado de pista oculta en una apología a la música campirana del sur de EE.UU, curiosa elección viniendo de una banda europea. Es tan hermosamente inesperado como “Das Schützenfest” de Faith No More.

Este último lanzamiento mantiene la esencia que Triggerfinger ha venido cultivando desde su debut en 2004 con su producción homónima, no obstante, aquellas experimentaciones que plasman casi al final de esta placa sugieren que existe un deseo que los empuja a salir de su zona de confort. Deseo que podría impulsar o sepultar su carrera. Sin embargo, estamos ante un disco fresco y versátil, cualidades que están lejos de ser tan solo muestra de su potencial. Han demostrado que saben cómo construir atmósferas, pues la gama de estilos presentes se logra cocinar bien en esta obra, donde lo stoner, lo ochentero, lo psicodélico y la sensualidad de la voz de Block se entrelazan, dando como resultado a este gigante, este coloso.


Artista: TriggerfingerColossus

Disco: Colossus

Duración: 36:23

Año: 2017

Sello: Mascot Records


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