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O.R.k. – “Soul Of An Octopus”

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O.R.k. es una de esas reuniones donde músicos de elite generan proyectos de una creatividad tremenda para agrado de los fans del progresivo, y probablemente de los músicos mismos. La banda compuesta Lorenzo Esposito Fornasari en las voces y teclados, y Carmelo Pipitone en la guitarra, cuenta con la colaboración de dos músicos consolidados dentro del rock progresivo: Colin Edwin de Porcupine Tree en bajo y Pat Mastelotto de King Crimson en batería. “Soul Of An Octopus” es, sin duda alguna, un disco multifacético, que muestra la habilidad de músicos que no tienen nada que envidiar a atletas de la guitarra, el bajo o la batería. Sin embargo, este aspecto no es explotado por O.R.k., y no porque no puedan, sino porque su interés en muchos casos está en crear una obra donde la habilidad técnica se expresa en determinados momentos con una estética muy cuidadosa, transformando al disco en un deleite.

Todo comienza con “Too Numb”, la que posee un temple calmado y misterioso, con un fraseo casi propio del rap. Es una buena mezcla de habilidad técnica con una justa medida de efectos electrónicos, guitarras hábiles pero sutiles y toques rockeros mesurados, los que dan paso a “Collapsing Hopes”, que cuenta con una base country oscura y con un juego de voces muy a lo Alice In Chains. La estructura es variable, las melodías no permanecen mucho tiempo, porque el despliegue creativo se encarga de hacer avanzar la canción y, al escucharla, casi sin que nos demos cuenta nos lleva hasta el final.

“Searching For The Code” tiene un ritmo más moderno, y las bases de batería y bajo sumadas a los efectos electrónicos hacen de esta pieza un conjunto de rock alternativo con toques de jazz. Así, la canción avanza con un aire de letargo que llega a una melodía más hábil y rockera. Uno de los puntos más altos del disco se escucha en “Dirty Rain”, canción con un aire seductor y que tiene aires al progresivo que desarrolla Porcupine Tree en discos como “Deadwing” (2005). El bajo con delay de Colin Edwin crea una base enigmática, la que pasa rápidamente a una intensidad poderosa en el outro de la canción. “Scarlet Water” destaca en profundidad, y es aquí donde podemos escuchar un sonido más celestial, con instrumentos que albergan arreglos sutiles, pero demostrando una habilidad compositiva y ejecutiva muy bien cuidada.

Probablemente “Heaven Proof House” sea una de las apuestas más enigmáticas del disco. Comenzando con unos versos recitados, su sonido luce influencias de Leonard Cohen, llevando a la canción a un in crescendo que termina con un temple apocalíptico, y así pasar a “Just Another Bad Day”, donde el sonido juguetea con la voces y las guitarras hábiles, para seguir con el uso de sintetizadores de aire new wave. Y es en esta canción donde escuchamos al O.R.k. más estridente y técnico; el sonido es bipolar y tiene reminiscencias del King Crimson de “Discipline” (1981). Los momentos de clímax de la banda nunca son demasiado explosivos en este disco, tal como lo revela “Capture Or Reveal”, canción fresca y llena de emotividad, con arreglos corales que acompañan la voz de Lorenzo Esposito, siempre entrando de manera bien planeada. El disco termina con “Till The Sunrise Comes”, que comienza con guitarra acústica acompañada de arreglos de cuerdas, para pasar nuevamente a una atmósfera misteriosa.

“Soul Of An Octopus” tiene una fórmula interesante. Más que hábil técnicamente, son movimientos inteligentes de músicos que ya tienen mucho camino recorrido. Al modo del rock progresivo, no se llega a fórmulas tan pesadas, sino que el sonido decanta por un tacto estético. En términos compositivos es como la comida gourmet, donde el sonido es de una calidad espectacular, pero la música se saborea por momentos, dejando espacios para la calma, y donde las pausas e intensidades son precisas. En términos generales, este es un disco más pensado y menos impulsivo que su predecesor, “Inflamed Rides” (2015), sin embargo, esta mesura genera una síntesis profundamente creativa que se desarrolla a cabalidad en “Soul Of An Octopus”.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Mario González

    27-Mar-2017 en 10:43 pm

    Tremendo disco ???

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Discos

Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

Publicado

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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