O.R.k. – “Soul Of An Octopus”

lunes, 27 de marzo de 2017 | 2:26 am | Comentarios (1)
O.R.k. – “Soul Of An Octopus”

Artista:

O.R.k.

Álbum:

Soul Of An Octopus

Año:

2017

Sello:

RareNoiseRecords

O.R.k. es una de esas reuniones donde músicos de elite generan proyectos de una creatividad tremenda para agrado de los fans del progresivo, y probablemente de los músicos mismos. La banda compuesta Lorenzo Esposito Fornasari en las voces y teclados, y Carmelo Pipitone en la guitarra, cuenta con la colaboración de dos músicos consolidados dentro del rock progresivo: Colin Edwin de Porcupine Tree en bajo y Pat Mastelotto de King Crimson en batería. “Soul Of An Octopus” es, sin duda alguna, un disco multifacético, que muestra la habilidad de músicos que no tienen nada que envidiar a atletas de la guitarra, el bajo o la batería. Sin embargo, este aspecto no es explotado por O.R.k., y no porque no puedan, sino porque su interés en muchos casos está en crear una obra donde la habilidad técnica se expresa en determinados momentos con una estética muy cuidadosa, transformando al disco en un deleite.

Todo comienza con “Too Numb”, la que posee un temple calmado y misterioso, con un fraseo casi propio del rap. Es una buena mezcla de habilidad técnica con una justa medida de efectos electrónicos, guitarras hábiles pero sutiles y toques rockeros mesurados, los que dan paso a “Collapsing Hopes”, que cuenta con una base country oscura y con un juego de voces muy a lo Alice In Chains. La estructura es variable, las melodías no permanecen mucho tiempo, porque el despliegue creativo se encarga de hacer avanzar la canción y, al escucharla, casi sin que nos demos cuenta nos lleva hasta el final.

“Searching For The Code” tiene un ritmo más moderno, y las bases de batería y bajo sumadas a los efectos electrónicos hacen de esta pieza un conjunto de rock alternativo con toques de jazz. Así, la canción avanza con un aire de letargo que llega a una melodía más hábil y rockera. Uno de los puntos más altos del disco se escucha en “Dirty Rain”, canción con un aire seductor y que tiene aires al progresivo que desarrolla Porcupine Tree en discos como “Deadwing” (2005). El bajo con delay de Colin Edwin crea una base enigmática, la que pasa rápidamente a una intensidad poderosa en el outro de la canción. “Scarlet Water” destaca en profundidad, y es aquí donde podemos escuchar un sonido más celestial, con instrumentos que albergan arreglos sutiles, pero demostrando una habilidad compositiva y ejecutiva muy bien cuidada.

Probablemente “Heaven Proof House” sea una de las apuestas más enigmáticas del disco. Comenzando con unos versos recitados, su sonido luce influencias de Leonard Cohen, llevando a la canción a un in crescendo que termina con un temple apocalíptico, y así pasar a “Just Another Bad Day”, donde el sonido juguetea con la voces y las guitarras hábiles, para seguir con el uso de sintetizadores de aire new wave. Y es en esta canción donde escuchamos al O.R.k. más estridente y técnico; el sonido es bipolar y tiene reminiscencias del King Crimson de “Discipline” (1981). Los momentos de clímax de la banda nunca son demasiado explosivos en este disco, tal como lo revela “Capture Or Reveal”, canción fresca y llena de emotividad, con arreglos corales que acompañan la voz de Lorenzo Esposito, siempre entrando de manera bien planeada. El disco termina con “Till The Sunrise Comes”, que comienza con guitarra acústica acompañada de arreglos de cuerdas, para pasar nuevamente a una atmósfera misteriosa.

“Soul Of An Octopus” tiene una fórmula interesante. Más que hábil técnicamente, son movimientos inteligentes de músicos que ya tienen mucho camino recorrido. Al modo del rock progresivo, no se llega a fórmulas tan pesadas, sino que el sonido decanta por un tacto estético. En términos compositivos es como la comida gourmet, donde el sonido es de una calidad espectacular, pero la música se saborea por momentos, dejando espacios para la calma, y donde las pausas e intensidades son precisas. En términos generales, este es un disco más pensado y menos impulsivo que su predecesor, “Inflamed Rides” (2015), sin embargo, esta mesura genera una síntesis profundamente creativa que se desarrolla a cabalidad en “Soul Of An Octopus”.

Por Diego Márquez

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  1. Mario González says:

    Tremendo disco 🤘🤘🤘

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