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Nightwish – Endless Forms Most Beautiful

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Ha transcurrido alrededor de diez años desde que Tarja Turunen salió de Nightwish, transformando su participación en algo irreemplazable para muchos. En 2007, Anette Olzon hizo lo suyo, pero sin lograr demasiado. Hoy, Floor Jansen (ex After Forever) es quien se luce como vocalista, otorgando fuerza y un giro más metal –género un tanto extraviado en tiempos de Olzon- en este, el octavo álbum de estudio de Nightwish, que acaba por dejar en claro que aquellos años con Turunen están más que enterrados. Y es que nos damos cuenta de que la voz lírica ya no es tema para Holopainen, pues en sus nuevas composiciones opta por aprovechar los atributos más básicos del inmenso potencial de Jansen, lo que  resulta suficiente para que el disco funcione y encante. Dentro de los reajustes en la formación, también cabe destacar la incorporación oficial de Troy Donockley a cargo de los instrumentos de viento, y el reemplazo en la batería de Kai Hahto a Jukka Nevalainen, quien debió dar un paso al costado debido a sus problemas de insomnio. Además, el álbum cuenta con la participación de Richard Dawkins, biólogo evolutivo, en la narración.

NIGHTWISH 01Inspirado en el libro “El Origen de las Especies” (1859) de Charles Darwin, “Endless Forms Most Beautiful” despliega atmósferas y estados intensos, volviendo en gran medida a los inicios folk de la banda, pero también exacerbando un poder musical que se une con lo armónico y fluye haciéndonos pensar que Nightwish al fin encontró un camino de vuelta a sí mismos. La primera impresión que el disco deja en su totalidad, es de algo que ya hemos escuchado antes, desde el desenvuelto “Shudder Before The Beautiful” (introducido por Dawkins) que parece, en parte, repetición de lo ya hecho en “Dark Passion Play” (2007) fundamentalmente por la reproducción de riffs y melodías vocales que, a estas alturas, más bien parecen bases sobre las cuales van replanteando ciertos conceptos. Algo similar ocurre en pistas como la dulce pero algo insípida “Edema Ruh”, la homónima y dinámica “Endless Form Most Beautiful”, cuyo ritmo orquestal otorga riqueza y movimiento, o bien la sencilla “Apenglow”,  en donde, no obstante, la voz de Floor se luce en tonos más agresivos que poseen su enganche, algo que también ocurre con “Weak Fantasy”, un tema oscuro y más pesado instrumentalmente.

Más allá de esto, está la dosificación de una orquesta que va creando densidades y contrastes firmes, como es el caso de “Our Decades In The Sun”, la balada del álbum, tranquila y sin sobresaltos. En “My Walden” los vientos de Troy otorgan ese aire folk celta que siempre fue distintivo de Nightwish, y que evoca la sensación de estar inmerso en una película épica. Por su parte, el piano de Holopainen crea una atmósfera triste y tranquila en “The Eyes Of Sharbat Gula” –inspirada en la foto de Sharbat Gula, la mujer afgana portada de National Geographic en 1985-, que da continuidad a la última y más extensa pista: “The Greatest Show On Earth”, una obra extraordinaria que da completo sentido a la acción de escuchar este álbum, despejando cualquier duda sobre la exquisitez del talento compositivo e interpretativo de los finlandeses.

NIGHTWISH 02La pista, de 24 minutos, se divide en cinco partes que relatan el origen de la vida en la Tierra. Un bellísimo prólogo instrumental introduce la voz de Jansen sobre una atmósfera que va ampliando su fuerza, para luego dar paso a la narración a cargo de Dawkins nuevamente. La incorporación de sonidos de la naturaleza logra conmover, al tiempo que las voces de Jansen y Hietala se articulan sobre estos, finalizando con Dawkins pronunciando la cita de Darwin que da título al disco: “Hay grandeza en esta visión de la vida, con todos sus diferentes poderes, en la que después de haber surgido originalmente como unas pocas formas o una sola, y mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravedad, infinitas formas tan bellas y maravillosas han evolucionado y siguen evolucionando desde un comienzo tan sencillo”. Dicha cita final es acompañada por el sonido del mar y el canto de las ballenas.

Es sensato concluir que la novedad no es algo que caracterice al último trabajo discográfico de Nightwish, salvo por la vuelta a la combinación de un género pesado y al mismo tiempo folk, que nos habla de sus orígenes musicales. Sumado a ello está el carácter que aporta Floor Jansen, dando vitalidad a una banda talentosísima, jamás despreciada, pero que necesitaba justamente de algo que los hiciera despertar de nuevo.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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