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Nicolas Jaar – “Cenizas”

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En la década de los 70, el arte sonoro fue definido por el investigador y cultor de la radio Klaus Schöning como “la organización temporal y espacio-temporal de los objetos sonoros con una intencionalidad artística”, pero con la electrónica a mucha gente se le pierden los objetos, y esa organización se queda en conservadoras habilidades perceptivas, todo con el ulterior semblante del juicio apresurado de quienes polarizan las discusiones del arte musical.

Es precisamente la línea entre lo sonoro y lo musical la que Nicolas Jaar ha estado trabajando con ahínco en cada proyecto en el que se dispone. Sea desde la pista de baile o desde la experimentación, pasando por lo cinemático o lo ligado a otras artes, el cruce de disciplinas y de intenciones está ahí, jamás olvidando a los objetos, pero tampoco cayendo en complacencias vacías de sentido.

Si a comienzos de febrero, el chileno-estadounidense había lanzado su segundo LP con el seudónimo Against All Logic, “2017-2019”, extendiendo los dominios de su capacidad haciendo música electrónica de club, a fines de marzo vino otra cara, una que, en vez de pensar en movimientos, hace observar los espacios que se advierten en medio de los recovecos sonoros que consigue Jaar. En “Cenizas”, su tercer álbum de estudio oficial como solista, el desafío no es respecto a los mensajes o lo que queda como eco –como pasaba en “Sirens” de 2016–, sino que el descubrimiento viene en las raíces más profundas de esa definición de arte sonoro hecha por Schöning.

En “Menysid” la pregunta, más allá de los beats y la construcción de compases, viene desde qué objetos son los que suenan, hasta por qué suenan así, buscando en medio de cada capa que aparece una organización que parece invisible, pero que existe, que al final es la intención del autor. O en “Sunder”, al ir escuchando, se empiezan a buscar los arroyos –sea de agua digital o agua palpable– para ir fluyendo, así como en “Hello, Chain”, más allá de las voces solemnes y corales, son los ecos y las posibles paredes, cámaras o techos altos que pudieron haber sido utilizados o que se replican con maestría.

Más evidente es la referencia en “Gocce”, que, tal como dice el título en italiano, refiere al sonido de las gotas que dominan el track, aunque sin duda que son las voces el elemento que termina siendo la columna vertebral de un trabajo que se mueve libre de esqueletos tradicionales, escondiéndolos de lo evidente. Un ejemplo de estos escondrijos es que sólo dos canciones sean dominadas estructuralmente desde las percusiones, como pasa en “Mud” y “Faith Made Of Silk”, y terminan siendo un punto de aterrizaje para el resto de los sonidos, que a ratos parecieran flotar con dirección clara, pero de corporalidad onírica.

Nicolas Jaar alguna vez dijo que, en vez de intentar congeniar los sonidos que son de su interés, lo que importaba era usarlos sin preocuparse de congeniar nada. Así se ha dado espacio para generar álbumes únicos, sin descuidar su esencia provocadora, pero también no abandonando la idea de que, sea cuales sean los objetos que utiliza para armar sus canciones, lo importante es no perder la intencionalidad artística. “Cenizas” es más que un álbum musical, es arte sonoro en una expresión rica y necesaria de descubrir paso a paso, escucha tras escucha, y allí puede tener una evidente dificultad para muchos oyentes que en esta época de fugacidad tal vez no tienen el tiempo de releer sonido, pero que, si se llega a hacer, lo que se encuentra es precisamente a un artista sin miedo de serlo, sin temor de sus intereses, de compartirlos y de plantearse conceptualmente desde múltiples locus para configurar las organizaciones que cada proyecto necesita.


Artista: Nicolas Jaar

Disco: Cenizas

Duración: 53:47

Año: 2019

Sello: Other People


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Meshuggah – “Immutable”

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Immutable

Seis años pasaron desde “The Violent Sleep Of Reason” (2016) para que Meshuggah volviera a publicar un nuevo disco, y la banda sueca regresa con “Immutable”, una obra que se enfrenta al paso del tiempo y a un catálogo que ya los tenía con ocho trabajos de estudio en el cuerpo. Sin embargo, eso no parece ser un impedimento para desarrollarse creativa e interpretativamente con el mismo ímpetu de siempre, centrándose en hacer andar su visión creativa y llevar adelante una maquina que destruye todo a su paso. El concepto es simple y se desarrolla sutilmente desde el sonido, con las letras como un adorno a lo que Meshuggah realmente prioriza en su precisa forma de tocar. Como no era de extrañar, es la sección rítmica donde el peso de un disco como este más se hace sentir.

Mediante una idea central de inmutabilidad –aludiendo al título, por supuesto–, es que la banda toma el volante para avanzar a través de una carretera de sonidos y formas que a veces se siente sin rumbo. ¿Es eso algo malo? Para nada, Meshuggah tiene una calidad de interpretación y composición a la que saben sacarle partido desde los primeros acordes de “Broken Cog”, la canción que abre el disco y que dirige la senda de un ejercicio que pareciera un constante loop. Guitarras estridentes, precisión matemática y una batería que marca el ritmo de cada canción son los elementos principales en que el conjunto va sustentando el peso de su sonido, la tenacidad de sus letras y la naturaleza avasalladora y destructora de sus composiciones. Bajo ese contexto, golpes como “The Abysmal Eye” y “Light The Shortening Fuse” no hacen más que acrecentar esa destrucción de frentón que impregna el disco.

No cabe duda de que la sección instrumental es la que finalmente le da el enfoque a “Immutable”, ya que son las visiones creativas del guitarrista Mårten Hagström, el bajista Dick Lövgren y, sobre todo, el baterista Tomas Haake, las que se encargan de establecer los parámetros por los que desfila este noveno larga duración, que también cuenta con la participación en algunos solos de Fredrik Thordendal, guitarrista de Meshuggah que regresa luego de una pausa. Esto permite que todo el aspecto instrumental logre separarse y destacar de la parte vocal a cargo de Jens Kidman y, aunque exista una coherencia que permite hacer convivir ambas veredas, a su vez logra que cobren una fuerza propia que se une por el bien mayor de la obra. Es eso lo que también permite que los interludios instrumentales con “They Move Below”, “Black Cathedral” o el cierre del disco con “Past Tense”, funcionen tan impecablemente para dosificar la agresividad impoluta y constante del álbum.

Aunque la inmutabilidad como concepto no es necesariamente el tema central, el hecho de que el apartado lírico se vincule con el concepto permite que la banda se desarrolle con bases propias y una completa libertad creativa dentro de su visión, haciendo que esa naturaleza ajena de cambios se aplique a su sonido e interpretación, siempre pendientes de lo que ocurra a su alrededor. Desde ahí también cobra sentido la portada con el hombre en llamas, representando la violencia y la lenta destrucción de la sociedad en ciertos aspectos, mientras que el cuchillo empuñado en su mano habla de que aún se recurre a la violencia como una forma de comunicación, así como una herramienta completamente válida en un contexto ya empapado por la misma violencia. Con todo eso a cuestas, “I Am That Thirst”, “The Faultless” y “Ligature Marks” muestran perfectamente eso: la banda manteniendo su mismo sello y naturaleza de siempre, expandiéndose creativamente para mostrar más de lo mismo, por muy contradictorio que aquello suene.

Podríamos decir que hace mucho rato Meshuggah inventó la rueda, en cierta forma, pero regañarle que se quede en lo mismo es simplemente negarse a enfrentar su propuesta. La calidad de interpretación y las posibilidades que se pueden desprender desde una configuración como la que entrega la banda, son los elementos que deben priorizarse cuando se analice la calidad y valor que pueda tener una obra a estas alturas del partido. Llegar al noveno álbum no es una tarea menor, algo que muchas agrupaciones dentro del metal no logran resistir, pero la manera en que Meshuggah se enfoca en hacer lo suyo y crear su propio nicho es lo que les permite mantenerse estables ante el paso del tiempo. Fueron seis años desde su último trabajo y el hype no fue un impedimento para apreciar lo que logran. Aunque “Immutable” esté lejos de ser su mejor álbum, sí es una buena muestra de que esta banda sabe lo que hace, y no dejará de hacerlo por miedo o incertidumbre a que su obra no sea comprendida.


ImmutableArtista: Meshuggah

Disco: Immutable

Duración: 66:43

Año: 2022

Sello: Atomic Fire


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