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Nick Cave & Warren Ellis – “CARNAGE”

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En un mundo sin pandemia, Nick Cave & The Bad Seeds estaría girando alrededor del globo para presentar el excelente “Ghosteen” (2019), pero como no estamos en esa realidad, todos los conciertos que la banda había programado debieron ser cancelados. Finalmente, este bache en el camino terminaría siendo un regalo en términos creativos para el frontman australiano, quien, ante la imposibilidad de presentarse en vivo, optó por encerrarse y darle vida a un álbum que, tal como él describe, prácticamente le cayó del cielo. Es que Nick Cave, en poco más de dos días, compuso junto a su mano derecha, Warren Ellis, un disco donde desnuda el oscuro panorama mundial en estos días de pandemia, exorcizando al mundo de todo mal con “CARNAGE”, una de las obras más dinámicas y complejas del artista en los últimos años.

Pese a que la línea de su anterior disco siga presente, para este trabajo firmado como dúo podemos contar con Cave y Ellis completamente en su zona de confort, demostrando desde el primer track, “Hand Of God”, que lo suyo puede llegar hasta distancias más allá de lo convencional. El quién y el por qué son preguntas que siempre giran en nuestras mentes, y mediante un inicio que, si bien va muy en la senda del artista, permite darle un poco más de entusiasmo catártico al sostenerse en una base semi electrónica gracias a los maravillosos trabajos en la instrumentación de Ellis. No hay duda de que el multinstrumentista aportó un carácter completamente diferente a las letras del artista australiano desde su arribo a los Bad Seeds, algo que impone su presencia en cada uno de los trabajos que llevan la firma de ambos, tal como han hecho en el terreno de las bandas sonoras, por ejemplo.

Como toda obra tras la reinvención de los Bad Seeds con “Push The Sky Away” (2013), este disco va creciendo en un transitar entre la luz y la oscuridad, dando fruto a una obra tan bella como desgarradora. “Old Time” muestra esa dualidad deslizándose entre capas cristalinas y un piso denso, que sostiene la composición como si se tratara de una amenazante procesión de almas, ejecutando una mezcla entre lo humano y lo divino solo como Nick Cave lo puede hacer. Esta idea de carnicería que reza el titulo del disco, es evidentemente reflejada en “Carnage”, track que, con una melancólica oscuridad, nos muestra al artista haciendo el ejercicio de encontrar la divinidad en una situación de duelo como la actual pandemia, referenciando de una manera muy poética el trabajo de Flannery O’Connor. Esta es una de las canciones que más recuerda al álbum “Abattoir Blues / The Lyre of Orpheus” de 2004, un trabajo que, entre todo el catálogo del artista, es sin duda el referente principal en este disco.

Así es como también encontramos canciones de la talla de “White Elephant”, el punto más alto del disco, no sólo por la intensa línea de bajo que acecha sigilosamente a la narrativa, sino que por contener algunas de las metáforas más consistentes en cuanto a la política. Nick Cave no es precisamente un artista que acostumbre a escribir en aquella vereda, pero sus sutiles palabras dedicadas a la inquietante plaga social del supremacismo blanco calan hondo, permitiendo que referencias a hechos recientes, como las protestas del Black Lives Matter y el agitado clima político del mundo, suenen de una manera elegante y con mucho sentido. “Un manifestante se arrodilla sobre el cuello de una estatua / La estatua dice ‘No puedo respirar’ / El manifestante dice ‘Ahora ya sabes cómo se siente’ / Y la patea hacia el mar”. La segunda parte de la canción, en cambio, refleja un panorama mucho más esperanzador, con ese tinte religioso ambiguo, muy presente en el estilo del artista.

Es así como los momentos de más humanidad llegan en tracks como “Albuquerque”, donde mediante la idea de “No iremos a ningún lado este año” –una frase que, por muy sencilla que parezca, resuena intensamente– entrega una composición con Cave inspirado por la cotidianeidad de la cuarentena durante esta pandemia, la que ha sido uno de los puntos más oscuros y complejos de la historia mundial. “Lavender Fields”, en tanto, lidia con una de las ideas que más se repite en la obra del artista: la de buscar una respuesta de dónde iremos una vez que nuestro tiempo en lo terrenal haya terminado. Sin duda, este concepto se ha acrecentado más tras la muerte de su hijo y el posterior arribo de “Ghosteen”, pero acá es donde vemos un Nick Cave un poco más cuestionador y, a la vez, esperanzado en las bondades de la vida después de la vida. El cierre con “Shattered Ground” y “Balcony Man” sigue desarrollando esa introspección tan humana y profunda, pero con un halo de incertidumbre que no sólo aterra, sino que también entrega fuerzas para poder cuestionarse uno mismo todas esas interrogantes.

Líricamente hablando, hay muy pocos artistas que puedan compararse a la sutileza y elegancia de Nick Cave, quien nuevamente entrega un trabajo donde las palabras cobran un protagonismo esencial, apoyadas por bellas y desgarradoras melodías. No queda duda de que la complicidad del artista con Warren Ellis transforma a este último en su mano derecha, esa que ejecuta cada idea que se manifiesta ante él con una precisión quirúrgica. Las ocho canciones presentes en “CARNAGE” muestran a ambos en el peak creativo de sus carreras, entregando otra obra que desafía al oyente a analizar cada pista y cada frase con un concepto que se repite en todo su desarrollo, pero que no cae en la auto referencia para encontrar su consistencia. Pareciera difícil que cada disco de Nick Cave pueda ser mejor que el anterior, sobre todo tras la absoluta obra maestra que significó su más reciente trabajo, pero lo cierto es que el australiano logró nuevamente replantear los conceptos de lo espiritual y lo material mediante la música, una capacidad que, hoy por hoy, nadie más es capaz de ejecutar con una maestría tan excepcional.


Artista: Nick Cave & Warren Ellis

Disco: CARNAGE

Duración: 40:04

Año: 2021

Sello: Goliath


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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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