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New Order – Music Complete

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En la actualidad, la crítica hacia las bandas catalogadas como “viejas glorias” se hace notar constantemente. Los argumentos son varios, desde la calidad de sus composiciones, hasta los continuos cambios de alineación. Si bien, New Order supo mantenerse alejado de esos estigmas, tarde o temprano serían mirados con la misma lupa, algo que le sucedió con “Lost Sirens” (2013), compilatorio hecho a partir de los descartes de “Waiting For The Sirens’ Call” (2005), su último real trabajo discográfico. Ya sin el bajista Peter Hook, miembro fundador tanto de New Order como Joy Division, todas las miradas estaban puestas en Bernard Sumner y compañía, ya que muchos querían saber cómo sonaría la banda sin las características líneas de bajo ejecutadas por “Hooky”. Fue así como los oriundos de Manchester incorporaron en el estudio a Tom Chapman, encargado del bajo en vivo en los últimos años, además del regreso de Gillian Gilbert en teclados, quien, a pesar de estar girando con la agrupación, no grababa desde “Get Ready” (2001). Bajo este contexto, el vocalista Bernard Sumner y el baterista Stephen Morris, principales artífices de la banda, refrescaron su sonido para entregar “Music Complete”, un disco actualizado, moderno y, a la vez, clásico, manteniendo el sello sonoro que el conjunto cultivó en los años 80.

NEW ORDER 01El teclado y los sintetizadores manifiestan su predominancia desde el principio con “Restless”, canción donde Sumner canta de manera muy calmada y dedicada, marcando un tibio inicio, donde la guitarra lleva la canción sigilosamente. Rescatando un sonido claramente renovado por la banda, el bajo de Chapman marca el comienzo de “Singularity”, canción llena de teclados y efectos sintetizados que la transforman en un hit instantáneo, tal como la tripleta que la sucede, apoyada por Elly Jackson, integrante de La Roux. “Plastic” se impone con un prolongado ritmo de baile, con los coros de Jackson complementándose con la voz de Sumner, otorgando de muy buena manera esos pasajes instrumentales que la banda acostumbra a integrar en sus canciones.

La fiesta llega con “Tutti Frutti”, cuyo ritmo ochentero la convierte en un verdadero hit; muy bailable y con un pegajoso coro cantado a dueto por Jackson y Sumner. Phil Cunningham, quien apoya a Bernard como guitarrista, ejecuta ritmos funk en “People On The High Line”, con Morris marcando de una manera impecable el ritmo de la canción, dominado en gran parte por el hi-hat que se complementa con el teclado de Gilbert, haciendo de esta una de las mejores interpretaciones del matrimonio, quienes se entienden casi con un lenguaje propio dentro de la banda.

El único punto oscuro dentro de todo el color encontrado en el álbum, es la canción “Stray Dog”, que cuenta con la colaboración de Iggy Pop, quien recita tétricamente sobre la base instrumental de este interludio, evidenciando un cambio desde este espacio en adelante en el disco. Lo anterior se refleja en “Academic”, track que profesa un sonido como New Order en sus mejores tiempos, con una melancólica interpretación, haciendo de esta una canción hermosamente estructurada, y seguida por “Nothing But A Fool”, amparada en la misma línea sonora, con la guitarra siendo más participe, entregando un coro más pop-rock, y una interpretación sólida y llena de matices. Luego de aquellos momentos, la fiesta debe continuar, y eso la banda lo deja claro con la notable “Unlearn This Hatred”, donde se entrega una concisa mezcla entre lo antiguo y lo moderno, apoyada con el teclado, hilo conductor de la canción que se luce con una base rítmica hecha para la pista de baile. “The Game” NEW ORDER 02desarrolla un sonido más indie, dando protagonismo a las guitarras con solo incluido, y una esencia más dura que el resto de los tracks. Ya llegado el final, “Superheated” es la composición más moderna de todo el álbum, con una estructura que se camufla acorde a la época. Su coro le da la atmósfera precisa de cierre, casi como una despedida, con una pequeña colaboración de Brandon Flowers, vocalista de The Killers, quien canta la parte final de la canción y nos deja claro que todo ha terminado.

En tiempos donde la mayoría de las bandas veteranas no hace más que lanzar autoplagio, o una versión “modificada” de lo mismo, New Order se luce entregando un álbum sin limitaciones, donde se nota que la agrupación quiso manifestar su energía compositiva, y que no necesitan recurrir a los descartes para lanzar un nuevo disco. La salida de Hook fue una prueba para el quinteto, quienes no escatimaron en recursos sonoros para refrescar su característico sonido y entregar uno de los mejores trabajos de su discografía; un disco plagado de hits que quedarán marcados como imprescindibles en el catálogo de la banda.

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El Álbum Esencial: “La Voz de los ’80” de Los Prisioneros

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La Voz de los 80

Jorge González dijo una vez que el primer disco de una banda toma mucho tiempo porque el proceso parte desde que naces hasta que cumples edad para grabarlo, mientras que para el segundo sólo cuentas con un par de meses debido a la presión del sello. “Corazones” (1990), en rigor el primer trabajo de Jorge como solista, goza de un sonido pulcro y de una genialidad compositiva totalmente atemporal, “La Cultura de la Basura” (1987) cuenta con atisbos de experimentación y materializa el virulento sarcasmo social de la agrupación, y “Pateando Piedras” (1986) representa el cénit creativo del grupo produciendo un trabajo de alta calidad, que los posicionó como un suceso de masas. Pero es “La Voz de los ’80” el que encapsula esa energía primal, rudimentaria y cruda, que rompió con todo lo establecido como signo de una catarsis a nivel nacional en un país sumido en una gris dictadura.

Son diez cortes nacidos en la adolescencia de tres jóvenes de San Miguel que aplanaban las calles de la capital chilena entre interminables conversaciones sobre la música y su entorno. Nacieron como una banda de colegio, tocando en festivales escolares muchas veces con instrumentos prestados, sin embargo, su equipamiento más valioso eran sus canciones, creaciones que son la consecuencia de una mezcla ecléctica entre lo mejor de la música juvenil de la época, léase The Cars, Depeche Mode, New Order o The Clash, con la tradición auditiva de cualquier casa de clase media, como Raphael, Camilo Sesto o Salvatore Adamo. La sensibilidad pop con la aspereza del rock al servicio de letras inteligentes, llenas de sarcasmo, que se derraman en un disco que en la actualidad parece un compilado de grandes éxitos.

La capacidad que tuvo Claudio Narea, Jorge González y Miguel Tapia para retratar a su generación, el momento político y la cultura pop, es el gran valor que hace a este disco permanecer en el tiempo. La juventud que aparece en “Brigada de Negro”, esa que nada en alcohol y tabaco, es casi tan difusa como la sombría línea de bajo de González que serpentea por toda la canción, mientras Narea marca el ritmo con sus acordes y Tapia promueve una batería marchante, que narra la hipocresía juvenil de una felicidad hedonista que difícilmente era la realidad de la clase media asolada por la política neoliberal de los Chicago Boys. Parte de esa atmósfera aparece en “La Voz de los ’80”, canción que remece con la energía rabiosa de un trío que se quería comer al mundo desde el primer momento. A pesar de que cada obra esté anclada a su época, lo importante es cuando esta trata temas tan universales que se van repitiendo generación tras generación.

El primer larga duración de Los Prisioneros es un disco que siempre será joven, porque refiere a los temas que vive cada chiquillo o chiquilla desde que esta etapa de la vida humana emergió como una forma cultural en sí misma, después del destape mundial en los años 50. Tanto el relato del despertar sexual que se palpa en “Eve-Evelyn”, como la posterior desolación amorosa de carácter invernal de “Paramar”, son impulsivas y encaran la frustración amorosa con un relato original, el mismo que sale disparado de los parlantes de manera un poco más furiosa en “Mentalidad Televisiva”. Y ¿si la chica que perdió su imaginación para instalar un video tape ahora la perdiera para instalar la última actualización de YouTube, Snapchat o Instagram? Son los temas que, entre la ingenuidad y suspicacia, instalan esas verdades que siempre vamos a vivir, estemos en la época que estemos.

Esa aterrizada visión que ostentaba el trío siempre los hizo ver como algo distinto en un panorama musical un tanto agreste. En la primera mitad de los 80 la música de guitarras era marginal en nuestro país, el rock estaba relegado a encuentros que, si bien cimentaron gran parte de lo que después se expresaría en el underground criollo en estilos más extremos como el thrash o el punk, se veían aplastados por la culturalidad de un régimen que impuso firmemente su manera de ver la realidad, contexto clave para entender letras como “Latinoamérica Es Un Pueblo Al Sur De Estados Unidos” y “No Necesitamos Banderas”, que recogen elementos foráneos como el reggae y el ska para alinearlos a nuestras características locales. Esto choca de frente con la postura del sonido imperante en el mundo universitario dominado por el Canto Nuevo, forjado desde las raíces propias de nuestra música, y no al revés, como en el caso del rock.

Las letras pomposas y repletas de metáforas, adornadas con la complejidad de los acordes de una guitarra acústica, no podía ser más distinto al mensaje directo de “Sexo” o de “¿Quién Mató A Marilyn?” que, tomando elementos de la cultura pop, prefiguran un mensaje directo, conciso y simple de entender, aunque no por ello menos contundente. Es por eso que “Nunca Quedas Mal Con Nadie”, grabada el 6 de diciembre de 1984 –mismo día en que Jorge cumplía 20 años–, emerge como una crítica tanto a ese movimiento como también a la liviandad de las bandas que compartieron un terruño que Los Prisioneros nunca quisieron habitar. Aparato Raro, Cinema, Valija Diplomática, Emociones Clandestinas, seguidos de un largo etcétera, se subieron al carro del nuevo rock chileno y recibieron un mejor trato de las emisoras locales, cosa que no pasó con los de San Miguel, precisamente por lo filudo de su lírica.

Famoso por sus frases para el bronce, el otrora vocalista de la banda expresó: “Pocas veces nos hicieron una crítica en un diario, y las veces que lo hicieron, era para decirnos que éramos pésimos, lo último, que sonábamos mal, que no servíamos para nada y que éramos una moda no más”. El tiempo no se ha cansado de probar lo equivocado que estaban los tabloides del momento. Desde aquella foto tomada en la Vega Central en la que se ve a tres muchachos sosteniendo sus instrumentos, hasta esa camisa apuñalada como carta abierta a un amor imposible que vino a cerrar la primera etapa del grupo después de la vuelta a la democracia, Los Prisioneros marcaron a fuego la historia de nuestro país.

Su valor no está condicionado por el mero hecho de retratar a una generación que vivió momentos sombríos ­–lo que ya sería un mérito–, sino que recae en cómo tres miembros de esas escuelas numeradas, en las que les enseñaban humildad y resignación, lograron establecer un mensaje que resuena hasta el día de hoy y que se mantiene totalmente vigente. Eso habla tanto de la inteligencia de sus letras, como de una sociedad que siente un romanticismo exacerbado por muchos elementos de la cultura de épocas pasadas, sobre todo en lo que se refiere a los años 80; no por nada se sigue escuchando en la radio casi la misma música que alguna vez llamó la atención de Narea, Tapia y González.

En la actualidad, Chile sigue teniendo problemas limítrofes (“no necesitamos banderas, no reconocemos fronteras”), sigue luchando contra el machismo (“…y les sigues el juego, y les das tu dinero, y te sientes muy hombre y me río en tu cara de tu estupidez”) y seguimos presa del cinismo ahora exacerbado por las redes sociales (“pretendes pelear y sólo eres una mierda buena onda”). Los Prisioneros cambiaron la forma de ver la realidad, pero parece que somos nosotros los que no hemos cambiado tanto.


Artista: Los PrisionerosLa Voz de los 80

Disco: La Voz de los ’80

Duración: 40:22

Año: 1984

Sello: Fusión / EMI Music


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