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Muse – The 2nd Law

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“Todos los procesos naturales y tecnológicos proceden de tal forma que la energía restante disminuye. En todos los intercambios de energía, si es que nada entra o sale de un sistema aislado, la entropía de ese sistema se incrementa. La energía continuamente fluye de estar concentrada hacia estar dispersa, esparcida, gastada e inútil. Nueva energía no puede ser creada y energía de alto nivel está siendo destruida. Una economía basada en crecimiento ilimitado es insostenible”.

Esta es una interpretación de la Segunda Ley de la Termodinámica, pero también es la letra de “The 2nd Law: Unsustainable”, primer bocado que llegó del sexto álbum del trío británico Muse. Y aunque todos se preocuparon de la evidente presencia de sonidos dubstep al más puro estilo Skrillex, en realidad lo que presentaron fue otro concepto grandilocuente, a la altura de la sinfonía “Exogenesis” de “The Resistance” (2009) o “Knights Of Cydonia” del exitoso “Black Holes And Revelations” de 2006.

El concepto, eso sí, ahora tiene más de realidad que de ficción, por muy de película sci-fi que suene. La preservación del planeta, centrándose en que, tal como indica la segunda ley de la termodinámica, el crecimiento ilimitado es insostenible dadas las propiedades de los recursos naturales y la energía.

Quizás por eso en lo musical Muse haya frenado sus ansias de crecer de forma épica en los hechos. Sí, el concepto es gigante, pero en lo musical debe ser el álbum más compacto de los británicos. Además, es el disco donde más se notan las influencias, más allá de la propia inventiva que habían pulido bien dentro del rock de estadios. “The 2nd Law” es un álbum irresoluto en la práctica por las constantes experimentaciones a lo largo de este, con una tendencia a mezclar sonidos más pesados con un pop mucho más exquisito en lo melódico. El problema, como se puede adivinar, es que estos mundos colapsan en vez de complementarse.

“Survival” apareció después de “Unsustainable” y demostró que el rock sinfónico y el concepto de ópera-rock no estaban muy lejos, aunque el aire R&B no abandonaba del todo la estratósfera cuando Muse mostró lo que realmente sería el primer single, la subvalorada “Madness”, que sí logra la mezcla de buena forma, sin esforzar demasiado la épica de Muse, sino que generando una buena canción de pop con un solo de guitarra de Matt Bellamy digno de Guitar Hero.

Pero con el disco en mano vemos que las referencias externas sobreabundan. En el inicio de la rockera “Supremacy” se mezcla “Horsepower” de Justice con “Kashmir” de Led Zeppelin. En el epic disco de “Panic Station” el bajo no puede dejar de recordar el “We Care A Lot” de Faith No More, mientras que el ritmo suena a “Another One Bites The Dust” de Queen. En “Explorers” se instala una mirada a sí mismos con estrofas similares en estructura a “Undisclosed Desires” y un coro tan solemne como “Invincible”. El tema con tantas referencias, es cuánto pertenece a la canción nueva y cuánto a la referencia. A veces saca de la lectura de la interpretación dado lo evidente del “homenaje” que se realice. Esto no quita que sean buenas canciones, pero su desarrollo saca de eje en una mala manera.

Quizás donde mejor suene el temido dubstep es en “Follow Me”, donde Muse se deja producir por Nero, conocido grupo que domina el estilo y eso se nota, porque junto con “Madness” y “Save Me” (escrita y cantada por Chris Wolstenholme) debe ser de lo más genuino del disco.

Pese a este evidente problema de rumbo en la identidad que deja desorientado a ratos, “The 2nd Law” vuelve a la dinámica de un disco entretenido, lleno de variaciones y con emociones para todos los gustos, y aunque la segunda ley de la termodinámica diga que la energía no se crea, sino que baja su nivel dando paso al desorden de la entropía, por lo menos en este registro se ve algo con claridad, que no es más que un trío de músicos de Devon que quieren entretenerse tocando sus canciones. Al menos algo que sea sustentable.

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5 Comentarios

5 Comentarios

  1. Javier Æøå

    02-Oct-2012 en 1:44 pm

    Como te comentaba en Facebook, mientras oía el disco, escuché Led Zeppelin, Savage Garden, Skrillex, Queen (mucho queen hahaha) y My Bloody Valentine; pero de una manera que no sonaba ni a plagio ni a tributo, sino que sólo se “percibe” la influencia.
    Pero ojo que el resultado de este disco no es meter a todos los artistas que mencioné antes, darle el “toque característico de Matt”, meterlo a la juguera, echarle dos cucharadas de azúcar y tenemos 2nd Law. El trabajo está mucho mejor logrado que eso. Quizá por eso a varios en la primera oída destacamos a lo más dos temas, y repudiamos otros tres. Porque es un disco sólido y “bien batido”, pero para los nostálgicos de la era Absolution-Origin Of Symmetry hay poco Muse al cual aferrarse y muchas “otras cositas” que oír acá. Y vamos! Siendo honestos, este no ha sido un disco TAN extraño que produjo Muse. Los que han oído los B-Sides, saben que hay cosas bien raras que podrían perfectamente tener espacio aquí, como Forced In o el Remix de Knights Of Cydonia.

    Personalmente, me gustaría que Muse volviera a los gritos locos de Micro Cuts o las guitarras agresivas de Stockholm Syndrome o Assassin, …pero este disco DEFINITIVAMENTE me gustó más que The Resistance, y agradezco eso.

    (gracias por la mención en Twitter <3 xD)

    • Paola

      02-Oct-2012 en 1:50 pm

      no puedo estas más de acuerdo.

      • Matías

        22-Dic-2012 en 10:05 am

        Este comentario es super acertivo, para mi ha sido genial conocerlos desde el 2002 y ver como han crecido. de las buenas bandas hoy en día… y como dato extra, esta gira trae los mejores setlist de su carrera

  2. jano

    05-Oct-2012 en 6:47 pm

    Este es el disco del año. Corta.

    • Dani B

      05-Dic-2012 en 11:23 am

      No. Es bueno, pero no el disco del año. Muse tiene mejores.

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El Álbum Esencial: “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd

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The Dark Side Of The Moon

No hay que ser seguidor de Pink Floyd para reconocer que “The Dark Side Of The Moon” marca uno de los momentos más altos en la historia del rock, metiéndose de lleno en ese selecto puñado de álbumes que todos deberían escuchar por lo menos una vez en la vida. Es tan así, que, si bien podemos estar todos de acuerdo en que los rankings no definen la grandiosidad de un álbum, no es menos cierto que funcionan como indicadores duros a la hora de evaluar un fenómeno musical. En esta línea, es imposible pasar por alto que al hablar de “The Dark Side Of The Moon” lo estamos haciendo de un disco con más de 45 millones de copias vendidas en todo el mundo, que además tiene la particularidad de haberse instalado majaderamente en el top 200 de Billboard desde su lanzamiento en 1973 hasta 1988, para luego (como si no hubiera sido suficiente) volver a meterse el año 2009. Si esto no es un indicador de vigencia y transversalidad, entonces nada lo es.

Sin embargo, los méritos que hacen de “The Dark Side Of The Moon” un álbum único, exceden largamente sus cualidades estadísticas. En lo concerniente a la banda, el disco marcaría sin duda una suerte de renacimiento. Después de debutar en 1967 con un fantástico larga duración bajo el liderazgo de Syd Barret, la inesperada salida del crazy diamond del cuarteto pondría en jaque el futuro de este, obligando al conjunto a entrar en un largo período de reinvención musical que no fue fácil. La experimentación sonora con marcados tintes de psicodelia y folk se tomaron la identidad de los londinenses y, si bien con el tiempo discos como “A Saucerful Of Secrets” (1968), “Ummagumma” (1969) y “Meddle” (1971) probarían ser imperecederos, lo cierto es que a principios de los setenta el conjunto comenzaba a hacerse difícil de seguir.

Por fortuna, una de las características de la banda siempre fue la capacidad de ir constantemente revaluando su propuesta. En esta línea, “The Dark Side Of The Moon” en ningún caso fue un accidente. La idea de aventurarse en un álbum de identidad lírica compacta, donde esto fuera incluso más relevante que la oferta sonora, hace rato se había apoderado de la mente de Waters, al punto que una de las cosas que demoró la salida del álbum tuvo que ver justamente con que Pink Floyd sintiera que el concepto se había logrado. Y dicho concepto era importante, sin duda la banda de sonido tenía que estar a la altura. Asentados durante ocho meses en los estudios Abbey Road y con Alan Parsons como ingeniero en sonido, echaron mano al uso de loops, samples de conversaciones grabadas en el estudio, sintetizadores análogos y la técnica del multi track recording para dar vida al trabajo que definitivamente haría de la banda un fenómeno reconocido a nivel mundial.

Para iniciar el viaje, el diseñador Storm Thorgerson nos regala una portada inmortal. De interpretaciones múltiples, la carátula de “The Dark Side Of The Moon” es el primer signo de que los cuarenta minutos de música que vienen de la mano de esta portada no son cosa trivial. “Speak To Me” funciona como obertura e incluye varios guiños a fragmentos que aparecerán a lo largo del disco. Corre como una sola pieza con “Breathe”, simbolizando el inicio de la vida, que estaría marcado por la batería de Nick Mason (a modo de latido cardiaco). Por su parte, el etéreo y acogedor ambiente de “Breathe” dominado por la guitarra de David Gilmour, abre las líricas del álbum (dejando de lado el pequeño fragmento de conversación de “Speak To Me”) en una imagen que evocaría al padre hablándole a su hijo recién nacido para que respire y lo haga sin miedo, no olvidando disfrutar la vida.

“On The Run” llega a sacudir la calma del corte anterior, destacando desde el inicio por una secuencia de sintetizador repetida de forma reverberante a altísima velocidad, representando de forma sublime el agobiante estrés al que nos vemos enfrentados en la inmisericorde maquinaria del día a día. La canción crece de forma sostenida a lo largo de sus casi cuatro minutos, explotando para dar paso a “Time”, uno de los cortes más celebrados de esta placa. Reconocible desde el primer segundo gracias al coro de relojes que abre el tema y el característico rototom con que Mason acompaña la introducción, “Time” se desarrolla directa y contundente, guiada de manera impecable por la avasalladora guitarra de Gilmour. Tratándose del único track firmado por los cuatro integrantes del conjunto, tiene además el mérito de abordar con elegancia uno de los tópicos más inquietantes de la existencia humana, la mortalidad y el sentido de trascendencia.

Y si de mortalidad se trata, el cierre de la primera cara de la placa termina graduando al registro en estos menesteres. Haciendo gala de una capacidad de improvisación vocal francamente excepcional, Clare Torry hace de “The Great Gig In The Sky” uno de esos cortes imposibles de ignorar. Único e irrenunciable (originalmente titulado “The Mortality Sequence”), logra expresar sin inconvenientes el dolor y paz que acompañan el proceso de la muerte. Sin embargo, no hay descansos en este viaje, ya que rápidamente la segunda cara del larga duración nos golpea con otra canción inmortal. Es el turno de “Money”, tema que, compuesto por Waters con el objeto de abordar el flagelo del dinero y la avaricia, no sólo incluye una de las líneas de bajo más reconocibles de los setenta, sino que además se da el lujo de completar la base rítmica del track con un loop de cajas registradoras, monedas y papel roto, para luego cerrar distorsionado y catártico. Brillante, sin duda alguna.

“Us And Them” baja las revoluciones, dejando al saxofón de Dick Parry como guía y protagonista de este maravilloso corte acerca del sinsentido de la guerra, donde el eco en la voz de Gilmour funciona tan bien a la hora de dar identidad a este track, que debería tener una mención adicional en los créditos. A continuación, “Any Colour You Like” repite casi sin cambios la estructura armónica de “Breathe”, sin embargo, a diferencia del primero, evita por completo las voces, entregándose del todo a generar atmósferas, haciendo uso y abuso del teclado sintetizado. Ya para ir tomando la recta final, “Brain Damage” habla del lado oscuro de la luna por primera vez en todo el trabajo, apuntando directamente a la figura de Syd Barret. Se trata de un tema de evidentes tintes psicodélicos, amablemente acompañado por guitarras, sintetizador y arreglos vocales, a través del cual Waters intenta reivindicar el derecho a ser distintos.

Hacia el final, “Eclipse” nos confronta con lo banal de la existencia. El órgano Hammond y los acompañamientos vocales funcionan de manera perfecta para enrostrarnos que nada de lo que hacemos o somos es finalmente tan importante. Al cierre, sólo nos queda el latido (último signo de vida al terminar esta travesía) y la paradoja con que la banda decide dejarnos, que dice “There is no dark side in the moon really / Matter of fact it’s all dark”. Sobrecogedor y liberador en igual medida.

“The Dark Side Of The Moon” se instalaría finalmente como un fantástico viaje a través de las problemáticas más universales que enfrenta un individuo a lo largo de su vida, logrando transcurrir de forma seductora y fluida desde la primera señal de vida de “Speak To Me” hasta el último latido que cierra el álbum. De hecho, la principal virtud de este trabajo terminaría siendo precisamente la excelente manera en que logra fluir a lo largo de sus cuarenta minutos. Se trata de un disco que, abordando temáticas tremendamente complejas, logra hacerlo de forma muchísimo más amigable, directa y efectiva que lo que venía haciendo la banda en sus trabajos anteriores. Este es el momento en que el conjunto terminaría de explotar, adquiriendo esa capacidad única de crecer en simpleza, sin sacrificar en nada la profundidad de su propuesta. El tiempo (y los siguientes discos) confirmaría que el giro había sido el correcto. Hoy, tal como hace décadas, la vida sigue siendo un camino difícil de recorrer, pero por fortuna siempre tendremos esta inmortal banda sonora para recordarnos que no hacemos el recorrido solos.


Artista: Pink Floyd

Disco: The Dark Side Of The Moon

Duración: 42:59 minutos

Año: 1973

Sello: Harvest Records / Capitol Records


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