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Muse – Drones

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Buscamos fuerza y ayuda, con la confianza de que, con su ayuda, el hombre sea aquello que está destinado a ser: libre e independiente”, parece ser la línea más elocuente de la maraña de discursos, muchos de ellos absurdos, fútiles, pero cantados con envidiable certeza por Matthew Bellamy en “Drones”, el séptimo álbum de estudio de Muse, una de las bandas de rock más grandes del mundo en la actualidad. Sintomático es que esta línea sea un extracto de un discurso de John F. Kennedy puesto en el disco, y no una letra creada por Bellamy. Sintomático es que el discurso elegido haya sido uno hacia la prensa, y no para el público general. Sintomático también es la manipulación de este discurso, editándolo para darle tintes épicos que en la realidad no tuvo.

MUSE 01“Drones” es un disco musicalmente vivo y lleno de espíritu, que carece de consistencia y credibilidad por el lado de su concepto, tan difuso como, en ocasiones, ridículo (en el mejor de los sentidos). El séptimo capítulo de la historia de Muse se mueve entre un sonido demoledor y lleno de potencia, muy bien logrado y que refleja más que ningún otro álbum su expresión en vivo, y sus letras superficiales que no se mueven más allá de la paranoia y la conspiración más leve, sin argumentos mayores. Esto genera una dicotomía al enfrentar el álbum. Felizmente para la gente de habla hispana, el inglés es un idioma anexo y, por lo tanto, se puede escuchar el disco desde una lectura netamente musical, fijándonos en los riffs, las melodías y los timbres de los instrumentos. Pero al revisar el disco como un todo, las letras claramente echan abajo cualquier entusiasmo, lo cual termina siendo una gran pena al considerar que en materia compositiva este álbum posee una fortaleza como hace mucho no se encontraba en Muse, y que permite tener expectativas altas de su futuro.

Se es majadero en este aspecto porque, en materia musical, este es el disco más sólido de Muse desde “Absolution” (2003), y tiene potencia directa en muchos pasajes, mientras que en otros se logra de buena forma esa épica de estadios muy Queen que Bellamy ha buscado desde hace varios álbumes, bajando un poco las revoluciones, dejando los yerros principalmente en la segunda mitad del disco, en un par de tracks de bajo nivel de sorpresa y alto nivel de tedio. Se es majadero con las críticas a las letras porque, al final, a muchos fans les dará vergüenza corear una línea como “tu trasero me pertenece ahora”, tal como se canta en “Psycho”, o “fui el más grande, pero ahora estoy muerto por dentro” en “Dead Inside”, ambos sencillos que abren el disco en forma ágil y potente en lo musical, directa y lista para aplastar orejas, pero cuyas letras suenan a veces mediocres.

MUSE 02“Dead Inside” se mueve en terrenos similares a los de “Madness” o “Undisclosed Desires”, con un pop potente, pero esta vez la apuesta resulta, con una canción que toma vuelo tras un par de minutos, cuando aparecen las guitarras y un bajo mucho más dominante. Luego viene esa especie de homenaje a “Full Metal Jacket” de Stanley Kubrick, esa película donde se explora la formación de los soldados que luego van a la guerra de Vietnam. Se intenta recoger la crudeza de la deshumanización del soldado, pero luego en “Psycho” viene la banalización ya mencionada en la letra, escondida en medio de una de las canciones más vitales que ha tenido Muse, rescatando en parte un riff clásico de sus presentaciones en vivo y agregándole buenos pasajes musicales. Mención aparte para cuán relevante es el bajo de Chris Wolstenholme y, en especial, la batería de Dominic Howard. Tremendos ambos.

La primera mitad del disco, y un poco más, son así, directos, al hueso. Incluso “Mercy”, que se mueve en el ámbito de la ternura romántica de canciones como “Starlight” o “Invincible” –resulta ser una de las pocas letras con genuinos sentimientos-, musicalmente se va desde la épica cósmica de “Black Holes And Revelations” (2006) hacia terrenos más distorsionados. “Reapers” y “The Handler” ponen mayor peso rockero con melodías altamente adictivas. “[JFK]” es la reproducción de parte del discurso de Kennedy modificado por Muse, que luego tiene su culminación en la excelente “Defector”, quizás la mejor canción del trío inglés en mucho tiempo, en parte por la melodía cautivante, y en buena parte porque logra un épica mucho más propia y sin echar tanta mano a Queen o U2. Esta es una de las pocas canciones de Muse que logra emocionalidad sin que existan opciones de reclamo por parte de detractores o fans busquillas. Si “Origin Of Symmetry” (2001) tiene la gracia de expandir el universo de Muse, en lo musical “Drones” lo enfoca luego de erráticos intentos de expansión masiva, como en “Resistance” (2009) o “The 2nd Law” (2012). Lo malo es que todo lo compacto que logra ser Muse en “Drones” se descomprime en el concepto general, poco sólido.

MUSE 03“Revolt” suena inofensiva, aunque los trazos Queen-escos logran que la canción sea disfrutable, en tanto que “Aftermath” es parte de lo más bajo del disco, al presentar líneas bastante predecibles y que apelan a convertirla en un himno, en un intento que resulta demasiado evidente, al contrario de “The Globalist” que debe ser la primera pieza de “opera-rock” que le resulta a Muse, principalmente por la fluidez que hay en lo musical y la capacidad de lograr una obra en actos, lo que tiene su epílogo en “Drones”, track final del disco que guarda coherencia con el universo explicado en “The Globalist”.

En síntesis, “Drones” es un álbum que se mueve en dos dimensiones que, unidas, derivan en un trabajo que se siente incompleto, casi como una oportunidad desaprovechada, pero que si se hace una desconstrucción más compleja, permite ver que más allá de que una dimensión no pareciera tan bien desarrollada, la otra, la de la música y el concepto instrumental, es excelente, y lleva a Muse nuevamente al nivel que puede ofrecer, lo que permite augurar cosas buenas, y que, si Bellamy se libera de las conspiraciones y profundiza más en sentimientos y esas temáticas, tendremos de vuelta al Muse más respetado y laureado.

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3 Comentarios

3 Comments

  1. mapoftheproblematiquee

    23-Jun-2015 en 11:53 am

    DRONES es un disco temático, que al escuchar todas las canciones JUNTAS, forman una historia. Quizás, el tema de la lírica tomada en este disco sea más débil que en The 2nd Law o The Resistance, pero este CD cuenta una historia. La transformación de un hombre por las fuerzas oscuras que lo transforman en un Human-Drone, su realización de querer salir de esas mismas fuerzas que lo tomaron, el poder que tienen para quebrar las cadenas que lo atan al “comandante”. Si se escucha bien, The Globalist y Drones, son canciones que canta el “comandante”, mientras que todas son cantadas por el protagonista, el hombre que se deja ir al lado oscuro.

    Si hubieran leído las entrevistas de Muse antes de lanzar el disco, sabrían que DRONES era un disco temático y no dejarían llevar tanto por el “le falta profundidad en las letras” o “aftermath es una canción débil”. Separadas, no tienen coherencia, pero juntas forman una especie de musical épico-bélico. Y si hablamos de debilidad, pensemos que The 2nd Law es uno de los discos más malos dentro de lo que es Muse, ese sí que no tiene coherencia al escucharlo.

    • Angelo

      23-Jun-2015 en 10:09 pm

      Estoy absolutamente de acuerdo con esta opinión, este disco fue hecho como un todo y no sirve analizarlo por separado porque hay canciones realmente pobres sin ver el conjunto. Me parece que es un buen disco, un poco corto pero un buen disco.

  2. Rolando V

    23-Jun-2015 en 10:21 pm

    Qué onda la gente que comenta acá, loco? Ayer leí a tipos echando la foca al que escribió la review de Extreme como si hubiese dicho algo negativo del concierto, y ahora acá leo a gente con tan poca comprensión de lectura y que se hacen los capos y hueás, aumentando lo negativo del texto (que es mínimo) y no refiriéndose a nada más (el último párrafo resume todo pa atrás y es decidor). Y más encima se dan la paja de intentar dar clases con sus opiniones, y más encima hay hueones que les siguen el amén. Yo no estoy de acuerdo con todo lo que dice el texto (hay canciones de las que opino totalmente lo contrario), pero al menos el periodista que lo escribió fundamenta, y entiendo que es solo una opinión, no es palabra de oro, ni algo total.

    En resumen creo que es una mejora a lo mostrado en The 2nd law, pero no por eso es un buen disco, o que destaque por sobre otros discos de este año, quizás solo destaca dentro de la discografía de Muse, pero nada más.

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El Álbum Esencial: “Corazones” de Los Prisioneros

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Corazones

“Corazones”, el cuarto álbum de Los Prisioneros, puede ser considerado como el primer registro solista de Jorge González, luego de que Claudio Narea abandonara la banda un año antes del lanzamiento de su lanzamiento y sólo Miguel Tapia permaneciera a su lado, sumando a la alineación oficial a Cecilia Aguayo, miembro del grupo performático Las Cleopatras, quien ni siquiera era músico, pero González decidió hacerla parte del grupo por su carisma, alegando que, si no sabía tocar, podía aprender a hacerlo. Aguayo se sumó a Los Prisioneros como la encargada de los teclados durante la época en que la emblemática banda de la comuna de San Miguel dejó de lado el rock y el punk para caer de lleno en el pop y la electrónica, dando vida a un conjunto de canciones que sembró el camino para una serie de artistas que en la actualidad son referentes absolutos del pop chileno.

Alex Anwandter, Javiera Mena, Ases Falsos, Gepe, entre otros, deben su sonido a lo que hizo González en “Corazones”, una placa que se adelantó a su tiempo y, de forma maestra, dio un giro a la fórmula de Los Prisioneros para realizar un disco que es pura visceralidad y sentimientos. No es que antes no hayan jugado con estos sonidos; ya en “Muevan Las Industrias” o en la mismísima “El Baile De Los Que Sobran” los sintetizadores tenían gran presencia dentro de la mezcla, pero en esta ocasión los teclados, samples y percusiones digitales tomaron la batuta para secundar las desgarradoras líricas de Jorge González, que van desde la amargura del desamor hasta la crítica a una sociedad que cada día busca parecerse –hasta el día de hoy– a la imagen idealizada de la sociedad yankee. Como siempre, Jorge González dio en el clavo en cada uno de sus descargos, en composiciones cuyo mensaje se mantiene vigente hasta nuestros días, como ocurre con casi todas las canciones de Los Prisioneros.

El LP abre con “Tren Al Sur”, uno de los cortes más memorables en la historia de la agrupación, el que además funciona como transición perfecta entre el pasado y el presente del grupo, dejando que el charango acompañe a la melodía principal y a un coro honesto y conmovedor, del que es imposible no hacerse parte. Durante los próximos dos cortes el viaje se vuelca completamente hacia lo romántico, entre postales de amor ideal en la bella “Amiga Mía” o imágenes llenas de pasión e intimidad, como en la bailable “Con Suavidad” y el suspirado “preciosa” con el que González da la partida a una de las canciones más representativas de la revolución sonora que significa para el pop chileno el disco “Corazones”.

Si se echaba de menos la crítica dura y sin pelos en la lengua, “Corazones Rojos” puede ser considerada uno de los manifiestos más duros que el grupo ha parido. Como una especie de crudo discurso machista, la canción sirve como un llamado a las mujeres para que despierten y hagan valer su rol dentro de la sociedad. En su época sacó chispas entre quienes no entendieron el mensaje detrás de líneas como “En la casa te queremos ver, lavando ropa, pensando en él / Con las manos sarmentosas y la entrepierna bien jugosa”, pero finalmente “Corazones Rojos” se erigió como una de las canciones más sólidas y poderosas en la historia de Los Prisioneros.

Sigue en la lista “Cuéntame Una Historia Original”, cuyo coro juega con el cinismo de aquellos que dicen sufrir como nadie y saber cómo es la vida, pero son los más ilusos. Otro gran hito del larga duración lo marca “Estrechez De Corazón”, quizás la canción romántica más recordada de la banda junto a “Para Amar”. Dueña de otro coro brutal, esta composición muestra la faceta más melodramática y visceral de Jorge González, acompañada de sintetizadores grandilocuentes que dan un aire de romance fatal, tal como lo hacían personajes como Raphael en sus sufridas composiciones, del que Jorge González era un ferviente admirador. Sin lugar a dudas, uno de los himnos inmortales del trío. “Por Amarte” va por los mismos senderos: doliente y quejumbroso.

“Noche En La Ciudad (Fiesta!)” es el Jorge González de “Lo Estamos Pasando Muy Bien” o el de “Brigada De Negro”: ácido y lleno de ironía y sarcasmo, mofándose duramente de la sociedad conservadora que quiere pintarlo todo color de rosa, apartando “al descarriado” con tal de mantener una imagen ordenada y pulcra. “¡Orden, moral!”, gritaba el vocalista, en una época donde los militares habían abandonado el país, pero su doctrina seguía más presente que nunca. Lamentablemente, a la fecha las cosas no han cambiado mucho.

De la fiesta artificial pasamos a la canción más extraña de la placa y de toda la discografía de Los Prisioneros. “Es Demasiado Triste” es el corte más desgarrador, más sufrido, incluso patético, que ha salido de la mente y alma de Jorge González. El último tema que presenta “Corazones” es tan real y gemebundo, que hasta musicalmente suena a un espiral en descenso, como un castillo que se derrumba y cuya destrucción no conoce final, mientras el fade out y el descarnado verso “Este maldito amor le gusta reírse, reírse en tu cara”, que González repite una y otra vez hacia el final de la canción, dan por finalizado un disco donde el baile y el llanto se encuentran constantemente a lo largo de nueve memorables canciones.

“Corazones” y su legado se mantienen vigentes en la música de numerosos artistas chilenos contemporáneos, músicos que se alimentaron de su sonido y liricas para dar vida a una escena que hoy vive su mejor momento. A pesar de que el grupo terminó su época de gloria con este LP, “Corazones” se mantiene en la historia como uno de los mejores lanzamientos de la música popular chilena, cuyas canciones contienen un mensaje que aún se encuentra vigente y un sonido que, pese a los años, se sigue oyendo fresco y lleno de energía. Para nosotros, “Corazones”, la obra magna de Jorge González, es un álbum esencial.


Artista: Los PrisionerosCorazones

Disco: Corazones

Duración: 45:26

Año: 1990

Sello: EMI Records / Odeon


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