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Mumford & Sons – Babel

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Cuando se ha tenido un debut tan exitoso como “Sigh No More” (2009), resulta inevitable no generarse grandes expectativas respecto a si Mumford & Sons será capaz de superar todo lo bueno que logró en su presentación. Es quizás debido a esta presión que el cuarteto, oriundo de Londres, decidió tomarse un tiempo prudente antes de lanzar su segundo álbum de estudio, cuyas letras se comenzaron a escribir durante la gira del grupo por Norteamérica en 2011 y que tienen como resultado las doce canciones que componen “Babel”. Para este trabajo también existirá una edición de lujo que contendrá 3 tracks adicionales: “For Those Below”, “The Boxer” y “Where Are You Now”.

Las sesiones de grabación de la placa fueron realizas en varias ciudades, tales como Londres, Devon, Somerset y Northhamtomshire, y contaron con la producción de Marcus Dravs, quien ya se hizo cargo del primer trabajo de los ingleses, y que también ha colaborado con artistas de la talla de Arcade Fire y Coldplay, además del apoyo del ingeniero Robin Baynton.

El disco comienza con “Babel”, canción que da nombre a la placa y que de inmediato ofrece el característico sello de los ingleses, con ese particular tinte folk de la voz de Marcus, acompañada a la perfección por la instrumentación que lidera el exquisito sonido del banjo. “Whispers In The Dark” baja las revoluciones en base a la delicada melodía que marca la guitarra acústica, pero que crece en intensidad a medida que es ejecutada. Llega toda la energía y dinamismo de “I Will Wait”, el primer corte que se desprende del álbum y cuyo video muestra imágenes de la presentación de la banda en el anfiteatro Red Rocks de Colorado. Una pista que es fiel exponente de toda la potencia que es capaz de transmitir Mumford & Sons. Los sonidos suaves retornan con “Holland Road”, donde el pulso del bombo marca la estructura musical y las cuerdas adornan la exquisita melodía. “Ghosts That We Knew” es la canción más extensa del disco, y también una de las más hermosas y sensibles, donde el riff es apenas perceptible, asumiendo la voz el total protagonismo de la pieza. El cierre de la primera mitad del disco corre por cuenta de “Lover Of The Light”, que sube la apuesta en la intensidad mediante una mayor presencia del teclado, la batería y la mandolina.

La segunda parte del álbum parte con toda la sensibilidad de “Lovers’ Eyes”, otra demostración de que no es necesario incorporar tantos elementos para construir una hermosa canción, bastando sólo con la potencia de un banjo bien ejecutado. “Reminder” se mantiene en la línea de los sonidos delicados, con un tema breve y preciso, un diálogo íntimo entre la voz y la guitarra acústica, proyectando más sentimiento que todos los instrumentos juntos. “Hopeless Wanderer” tiene un comienzo un tanto dubitativo, el cual de inmediato se aclara con un frenético rasgueo de las cuerdas del siempre efectivo banjo, acompañado en perfecta sincronía por la mandolina. Los suaves acordes de “Broken Crown” evocan una época medieval, y de a poco se hace presente toda la energía y potencia del folk rock, que llega en ráfagas de velocidad fundamentadas en una atractiva melodía. “Below My Feet” llena la atmósfera de tintes melancólicos, sonido tan propio del estilo de los ingleses, matizado con algunas esporádicas apariciones de secuencias repletas de fuerza e intensidad. El final del recorrido lo marca “Not With Haste”, canción que cierra el círculo con una melodía fiel al estilo de la banda, que se mueve naturalmente entre pasajes sensibles y la energía que proporcionan los instrumentos de cuerda.

Mumford & Sons es en la actualidad, sin lugar a dudas, el mayor exponente del folk rock a nivel mundial, con un estilo que no tiene punto de comparación y que explota al máximo la energía e intensidad de su género. En “Babel” nos volvemos a encontrar con ese característico sonido que sólo Marcus Mumford y compañía saben transmitir, con canciones que lejos de aburrir dejan siempre con gusto a poco. Una exquisita fusión de melodías, lentas y aceleradas, que fluyen con total naturalidad y en donde cada acorde contiene un pedazo del alma del cuarteto, estructurando lo que a la larga se convertirá en uno de los discos imprescindibles de este 2012. Degustar “Babel” es un lujo más que una obligación, ya que pocas veces tenemos la posibilidad de estar en presencia de un álbum carente de puntos débiles y donde ninguna pista está demás.

Después de haber escuchado el nuevo material de los ingleses y ser testigo de toda la potencia que conllevan sus presentaciones en vivo, sólo queda esperar que dentro de poco se den una vuelta por Sudamérica para que nos deleiten con su singular genialidad.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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