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Motörhead – Bad Magic

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Es innegable que la carrera discográfica de Motörhead ha sido muy consistente. Cada dos o tres años se puede esperar un nuevo álbum que, en el peor de los casos, cumple, pero que generalmente se mantiene con una tasa de calidad bastante equilibrada. Con “Bad Magic” se coronan 40 años del crudo, metálico e incendiario rock & roll insigne de la banda. Producido por Cameron Webb, y con la alineación más duradera que Motörhead ha visto, el resultado es tan predecible como apreciable: una carga de rock directo, frenético, bien articulado, simple y llanamente eficiente; una fórmula que se sostiene tan bien en el tiempo, que nunca ha necesitado cambiar y que se sustenta por el carácter de la banda.

MOTORHEAD 01Esto se manifiesta en los primeros segundos con la rasposa voz de Lemmy dando entrada a un sólido riff, potenciado por un acelerado tempo y marcada línea de bajo en “Victory Or Die”, que seguida en el mismo camino por “Thunder & Lightning”, rememoran sus discos de antaño. “Fire Storm Hotel” trae una vibra distinta, más de fiesta, con guitarras gancheras y un sonido más ochentero. Junto a la penúltima, “When The Sky Comes Looking For You”, están más enfocadas a un tono blusero. Los años parecen no afectar la maestría de Mikkey Dee, destacando en cortes como “Shoot Out All Of Your Lights” y “Evil Eye”, que traen nuevamente los tempos acelerados con algunos matices de punk. “Electricity” y “Tell Me Who To Kill” incurren en el género de manera más profunda: canciones cortas con un sonido pesado, que además dejan entrever que la condición física de Lemmy desequilibra la ejecución del trío (sino seria impecable), con una voz que suena ahogada. Aun así, su bajo sigue dando cuerpo a las composiciones, algo claro en “The Devil”, un punto alto de la placa, con un groove atrapante y un coro contundente; acá el solo de guitarra es ejecutado por el invitado, Brian May, desprendiéndose de su sonido habitual y otorgando una participación remarcable, dejando en claro su versatilidad en las seis cuerdas.

Con una alegoría de riffs precisos en “Teach Them How To Bleed”, Phil Cambell complementa una batería que lleva un ritmo como locomotora, en una progresión que desenlaza en un climático coro. La anterior, se enmarca en el sonido esencial de Motörhead junto a “Choking On Your Screams”, que con tres riffs bien articulados, complementados por una ejecución explosiva de los tres músicos, arman un corte sólido, de lo más icónico de la placa, a pesar de que en este pasaje se siente la voz de Lemmy un poco más fatigada, algo que la producción no pudo esconder del todo.

MOTORHEAD 02“Till The End” cambia las revoluciones: como power ballad, trae un sonido sutilmente melancólico, algo que Motörhead logra capturar muy bien, pese a su insigne sonido agresivo. Interesante canción, quizás como no se escuchaba desde “God Was Never On Your Side” de “Kiss Of Death” (2006), con Lemmy dando un tono melódico notable y una letra que trata en parte sobre la muerte. Se siente introspectiva, como una autobiografía. El cierre es lo más osado del álbum, porque hacer un cover de “Sympathy For The Devil” es todo un desafío –considerando lo emblemática que es las canción de The Rolling Stones-, pero Motörhead lo logra sin sonar a imitación, más bien consiguiendo reinterpretar la esencia con el característico toque personal, donde cada integrante brilla en su ejecución, con una batería fuerte y marcada y dos precisos solos de Phil Campbell. Sin embargo, se siente innecesaria y, si bien está perfectamente ejecutada, no conjuga de buena manera con el resto del disco.

“Bad Magic” contribuye al legado de una banda que lleva 40 años sobre los escenarios. Motörhead no hace música para mantenerse relevante, simplemente entrega música mirando desde lo alto sobre su propia leyenda, ya que Lemmy podrá no ser invencible, pero su herencia sí lo es. Si bien, en algunos pasajes del disco se nota la fatiga en su voz y tiene un sonido indefinido en la producción, en general el álbum se siente imbuido con vitalidad. Considerando que Lemmy ha construido la identidad de su banda en base a una constante sónica que ha estado desde los primeros días, “Bad Magic” representa todo lo que Motörhead ha forjado, con un sonido atemporal, uno de rock & roll estandarizado, plasmado en una extensa discografía que, como ladrillos en un muro, han cimentado el patrimonio indestructible de una banda eterna que ha entregado su trabajo a varias generaciones.

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Ozzy Osbourne – “Ordinary Man”

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Ordinary Man

Una de las fórmulas históricamente exitosas en el mundo del rock es intentar romper algún paradigma. Golpear desde la apuesta visual, proponer un nuevo formato rítmico o fusionar estilos, siempre han sido giros que, por lo general, tienen buena acogida. Por el contrario, hay un selecto grupo de artistas que goza justo de la virtud opuesta, esos que uno no quiere que cambien y que, aunque no nos regalen novedad alguna, siempre vamos a recibir con los brazos abiertos. En esa exclusiva vereda está el Príncipe de las Tinieblas, un personaje único del imaginario rock, salido de la realidad más cruda de la Inglaterra post Segunda Guerra Mundial para fundar uno de los estilos musicales más trascendentales de los últimos cincuenta años. Luego de diez años de silencio discográfico y con más de setenta años de batallas en el cuerpo, Ozzy ha vuelto a darse maña para grabar un disco, y este hecho por sí solo ya es motivo suficiente para celebrar.

Para dar vida a este nuevo capítulo, el Madman puso en las perillas y guitarra a Andrew Watt (Lana Del Rey, Post Malone), dejando la base rítmica a cargo de Duff McKagan (Guns N’ Roses) y Chad Smith (Red Hot Chili Peppers). Sin embargo, como a esta altura todos parecen querer acompañar al viejo Ozzy, el disco goza además de numerosos invitados, entre los que destaca Slash, Tom Morello y, por supuesto, el mismísimo Sir Elton John. Este tipo de combinación muchas veces corre el riesgo de desplazar al artista anfitrión a un lugar secundario, dando como resultado discos sin ninguna identidad, y en esa línea hay que reconocer que, si bien en un principio la apuesta por Andrew Watt parecía arriesgada, finalmente probaría ser tremendamente efectiva, ya que uno de los méritos de los que goza “Ordinary Man” justamente es que suena a Ozzy todo el tiempo.

Los 45 minutos del disco combinan momentos de potente y contagioso rock con otros de tono más pausado, los que en esta oportunidad claramente dominan la oferta. En la primera vereda encontramos a “Straight To Hell”, track claramente pensado para sacudir los ánimos desde el inicio (los primeros vocales con Ozzy diciendo “alright now” son todo un llamado a la batalla), alternando un contagioso riff de guitarra cortesía de Slash, con arreglos de voces y teclados que resaltan el lado más oscuro del Madman. En esta misma línea se suma “It’s A Raid”, encargada de cerrar el disco en tono hard rock/punk de alta velocidad. Dependiendo del paladar, puede ser considerada la menos afortunada del álbum o derechamente un acierto a la hora de aportar nuevos sonidos, sin embargo, el corte funciona además como declaración de intenciones: Ozzy nos recuerda que, si quiere experimentar, lo hace y punto. Es más, se da el gusto de cerrar el álbum mandándonos a todos al carajo.

En el lado más pausado del álbum, “Ordinary Man” se alza como uno de los temas insignes de este larga duración. Con la inesperada ayuda de Elton John y combinando de manera perfecta guitarras, piano y arreglos orquestados, Ozzy da vida a una balada rock digna de lo mejor de su catálogo solista. En esta misma senda “All My Life” se anota otro momento destacado, particularmente por su contenido lírico, donde Osbourne abre parte de su imaginario más íntimo y lo comparte con nosotros. “Goodbye”, “Under The Graveyard” y “Scary Little Green Men” apuestan a la misma fórmula, todas contemplativas en un comienzo para luego explotar hacia el cierre, haciendo gala de contundentes percusiones y afilados solos de guitarra, que por momentos resucitan sin miramientos las claves del sonido Sabbath (particularmente notorio en “Under The Graveyard”). Finalmente, “Holy For Tonight” nos regala un tema donde Ozzy básicamente se despide de sus seguidores y reflexiona acerca de su mortalidad.

Diez años tuvieron que pasar para tener un nuevo trabajo de Ozzy. Él mismo dijo que no estaba en sus planes hacer un nuevo álbum, sin embargo, grabar “Take What You Want” con Post Malone le dio el golpe que necesitaba para volver al estudio. Y lo cierto es que, luego de escuchar “Ordinary Man”, queda la sensación de que fue lo mejor que Ozzy pudo haber hecho. El álbum tiene todas esas claves que han hecho de él la marca que es; las guitarras afiladas están ahí, las percusiones estremecedoras hacen su trabajo y el Madman se las arregla como siempre para sacudirnos y, al mismo tiempo, hacernos esbozar una sonrisa. Pero lo que hace especial a este álbum es que indudablemente se trata de un disco de despedida. Cada uno de sus rincones nos dice adiós, las letras, las colaboraciones inesperadas, las bromas entre líneas, todo busca dejar las cosas en orden antes de cumplir con el destino. ¿Lo logra? Sin duda lo hace. ¿Agrega alguna nueva variable al sonido de su catálogo? A esta altura ciertamente a nadie le importa.


Artista: Ozzy Osbourne

Disco: Ordinary Man

Duración: 49:21

Año: 2020

Sello: Epic


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