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Mother Falcon – You Knew

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¿Qué pasa cuando juntas a varios músicos prolijos y comienzan a tocar baroque pop? Lo que muchos van a decir es “obtienes a Arcade Fire”. Y sí, esa es una respuesta correcta. Una banda que con instrumentos electrónicos, cuerdas análogas, acordeón y mucha elegancia, componen su música en ese estilo. Como su nombre bien puede sugerir (pop barroco), es un estilo lleno de matices, instrumentos sonando al fondo, de cosas que cuesta percibir hasta una tercera o cuarta oída. Pero no todo es Arcade Fire. Este 2013, aparece un nuevo disco proveniente de Austin, Texas: “You Knew” de la banda Mother Falcon. Más de veinte personas están involucradas en esta agrupación. Violín, cello, saxofón, guitarra, trompeta y más, crean un tracklist de once canciones y poco más de cuarenta minutos, en que los cambios de ritmo y vaivén de emociones son la tónica. Y como resultado, “You Knew”, un disco que suena fresco, divertido y, por supuesto, barroco. Si Vivaldi estuviera vivo, le encantaría este trabajo.

MOTHER FALCON 01El primer encuentro es una tímida guitarra acompañada de violín y voz, que de a poco nos van elevando. Al primer coro, otros sonidos llegan y parece que todo reventará. Falsa alarma. Un giro en el compás, un pequeño puente con clarinete y la segunda estrofa comienza. El cerebro no tiene mucho tiempo para reaccionar cuando la canción da otro vuelco, y ya estamos metidos en el enérgico tema que se reinventa a sí mismo durante toda su ejecución. A veces parece que estamos en una Venecia del Siglo XVIII, con música de cámara sonando con elegancia y dulces voces femeninas abrazadas en instrumentos de viento. Los dedos que tocan los instrumentos a duras penas acarician las cuerdas. Entonces, los cariños se hacen golpes y todo se convierte en energía; las percusiones y bronces hacen sinergia y el ambiente es un solo sonido que suena superlativo. Si se es de esas personas que gusta percibir cada instrumento que está sonando, tendrá serias dificultades acá. Ningún sonido es protagónico, todos se suben al carril del otro, se empujan, bailan juntos y luego cambian de pareja.

Los músicos de Mother Falcon probarán que no sólo la energía y la alegría son lo suyo. “Sleep”, en sus cálidos y siempre variantes sonidos, es una linda balada pop. “I don’t know what I could do” susurra al oído en un instante de silencio, y el piano abre la parte instrumental donde luego violín y batería entran en comunión. Cuando la percusión aparece de sorpresa hacia el final de la canción, ya estamos bailando. Algunos pensarán en Arcade Fire y Broken Social Scene con “Sleep”, y la comparación es muy acertada. Las tres bandas crean sus ambientes en capas de varios instrumentos, tanto electrónicos como análogos, y parece que nadie lleva la batuta, es la canción la que los controla a todos. Alguien toma un minuto para respirar y otro instrumento aparece creando una atmósfera nueva. ¿Monotonía? Es el mejor antónimo de “You Knew”.

MOTHER FALCON 02La melancolía es otro elemento con el que juegan. Los mismos instrumentos que nos abrigan el alma en varios pasajes del disco, nos provocan un viaje introspectivo poco después. “My Majesty” y “Blue And Gold” suenan muy distinto al resto de los temas, pero no se escuchan fuera de lugar. Las voces que alegraban e invitaban a bailar, ahora están tristes, lacónicas y más distantes. Interesante resulta que la existencia de estos temas (y el lugar dentro del disco que ocupan) tengan una función oculta: permiten al cerebro descansar. Tanta energía barroca puede agotar si ya han pasado dieciocho minutos de Mother Falcon. Allí aparecen temas tranquilos, lentos y en los que no hay sorpresivos cambios de ritmo, todo para hacer de la experiencia lo más grata posible.

Ya avanzado el disco, parece que han mostrado todos los trucos y sonidos que son capaces de crear. Y ahí estarán ellos para decir lo contrario. “When It Was Good” inicia con nada menos que guitarra eléctrica, batería y bajo. Ímpetu que no tiene nada que envidiarle a los rockeros, Mother Falcon ataca con todo. Si existe y se puede tocar, entonces se puede usar en el álbum.

Mother Falcon está formado por más de veinte músicos y eso ya da una idea de la cantidad de cosas que pueden pasar en sus canciones. Pero son simpáticos. No cansan, no marean ni dan ganas de bajar el volumen. Invitan a una experiencia memorable en cuarenta y cuatro minutos. Invitación que nos envían golpeándose la cara en el video de su primer single.

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Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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