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Morrissey – World Peace Is None Of Your Business

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Hace poco más de un año, Chile sufrió la cancelación de una de las giras más ambiciosas que un artista internacional haya agendado en las últimas décadas. Morrissey borraba del itinerario sus siete fechas en nuestro país por un malestar físico. Así, la gira sudamericana completa fue un mero recuerdo interrumpido, y uno de tantos problemas en los que Steven Patrick Morrissey se ha visto envuelto en el último tiempo, principalmente por su salud. Como si su vida no estuviera lo suficiente en la palestra, Morrissey editó su esperada “Autobiografía” el año pasado, dejando más dudas que certezas y demostrando que, pese a lo teatral y expresivo que es, descifrarlo es un reto más grande que el de simplemente sacarle la información necesaria. Y es que la vida de Steven Patrick no nos incumbe, nos da lo mismo y no es de nuestra incumbencia, pero (y aquí está la genialidad del asunto) en vez de arrastrarnos fuera de su vida, Morrissey retorna tras cinco años de silencio diciéndonos “World Peace Is None Of Your Business”, elevando la mira, apuntando a mayor distancia, y generando interés en otras cosas, muy astutamente.

MORRISSEY 02En vez de entregar un registro vivencial y lleno de carne, alma y sensaciones como en general ocurre con el trabajo solista de Moz, el sucesor de “Years Of Refusal” (2009) se repleta de historias, personajes, una que otra declaración de principios, pero carece del ejercicio ombliguista de ponerse a sí mismo como eje de los relatos. Esto se nota tanto en letra como en la música. “World Peace…” es un álbum sólido en materia de producción, con una labor encomiable de Joe Chicarelli llevando las cosas más allá de las melodías que puede desplegar la voz de Morrissey, y convirtiendo a la banda en un elemento con posibilidades comunicativas propias. O sea, este disco se inicia con un didgeridoo, ese instrumento que popularizó Jamiroquai. Ese es el nivel de desparpajo y necesidad de sonar como debe sonar que tiene este álbum. Morrissey rapea (“Neal Cassady Drops Dead”), se arroja a las guitarras españolas (“The Bullfighter Dies”) o se permite una introducción ambiental de más de un minuto y medio en “I’m Not A Man”. Explora el espacio en “Oboe Concerto” o los pasillos de una universidad cliché en “Staircase At The University”. Todo es descaro y llevar a las canciones a su límite sin prejuicios.

Quizás desde “Vauxhall & I” (1994) que Morrissey no entregaba un disco con tantos cojones en materia musical, y desde “Speedway” que no nos encontrábamos con el intérprete en un estado tan visceral como ocurre en el clímax de “I’m Not A Man”, en el único pliegue emocional claro y directo que se advierte en el disco, y cuya explosión es tan controlada como certera, erigiéndose como una de las canciones más llenas de vida propia firmadas por el artista.

MORRISSEY 01No se trata de un disco perfecto, y nadie esperaba que lo fuera. Las expectativas, hay que recordarlo, iban desde quienes creían que Morrissey no volvería a sacar nuevo material, hasta los que esperaban desastre tras desastre para responder con un “se los dije” ante la hipotética locura grandilocuente del de Manchester. Sin embargo, cualquiera de estas expectativas fue superada en todo aspecto. El disco tiene grandes canciones, su producción es impecable, los instrumentos y la banda luce como nunca en los registros solistas de Morrissey, sin temor a la multiplicidad de capas sonoras, pero por sobre todo “World Peace…” es una oda al exceso, a lo más barroco de la figura de Moz, y muestra la exacerbación de todo aquello que se podría esperar del artista. “Staircase At The University”, otra de las mejores canciones del disco, tiene un batallón de instrumentos al mismo tiempo, desde la guitarra flamenca hasta un silbato, mientras Morrissey canta sobre las penurias de la vida académica y las presiones para lograr la excelencia, en una interpretación tan ingenua como confiada en su mensaje y aún más relevante: derivando en una idiosincrasia propia.

El disco cae en lagunas como en “Earth Is The Loneliest Planet” o en “Kick The Bride Down The Aisle”, donde la fuerza y el pulso de la convicción se pierden entre composiciones no tan robustas como el resto del registro, donde incluso los bonus track son demandantes, pesados y llenos de intenciones cruzadas. He allí el gran problema de “World Peace…”, y es que es muy poco amable con aquellos que no comprenden el universo de Morrissey o con quienes no comparten su exagerado y colorido prisma para observar al mundo. Hay una canción que habla en contra de la tauromaquia (“The Bullfighter Dies”) y otra que habla en contra de los estereotipos de género y contra la alimentación carnívora (la muy mencionada “I’m Not A Man”). Quien no haya ingresado de forma consciente a este mundo, MORRISSEY 03encontrará con facilidad que “World Peace…” se hace difícil de escuchar y que cae en caricaturizaciones difíciles de sortear, pero cuando se le da la chance de tomar vuelo, vaya que sí lo toma.

Morrissey consigue armar su disco más vital en años tras tormentosos episodios, incluyendo uno muy ligado a Chile y Sudamérica, y lo hace en sus propios términos, criticando la mantención de los sistemas actuales de opresión como ocurre en el tema que le da nombre al disco, o repasando las historias de las familias separadas en “Istambul”, pero más importante: sin transar. Extrañamente, el disco menos personal que haya sacado Moz a la fecha es también uno de los más viscerales y enérgicos que puede exhibir en su discografía, y así también firma uno de los álbumes fundamentales de un 2014 donde pocos han logrado sacar un material con tanta identidad como este disco, el caos barroco más relevante del año en curso.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. G1

    27-Jul-2014 en 10:10 pm

    “Trabajo lleno de carne…” jaja, no puedo evitar reír con eso.

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Deftones – “Ohms”

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Ohms

Se vale decir que lo de Deftones a estas alturas es una carrera sin altibajos. La extraña época del denominado nü metal, que vio nacer y morir a variados proyectos, quedó atrás y es nada más que un rótulo para una banda que rápidamente expandió sus horizontes. Así ha sido el recorrido de Deftones que, con nueve discos, se sacudió del estereotipo para desembocar en álbumes como “Ohms”.

Y es que su último trabajo va más allá de lo etéreo y las atmósferas. O, al menos, desde otra perspectiva. Pese a ser una banda que transita por intensas sensaciones, nunca había estado tan clara la línea entre aquellos elementos. Gracias al reencuentro con Terry Date, un viejo conocido en la producción (“Adrenaline”, “Around The Fur”, “White Pony”, “Deftones”), la banda plantea un interesante equilibrio: los arreglos conviven –y se escuchan– sin quitarse protagonismo. No sobran, no son caprichosos, no son antojadizos.

“Genesis” y “Ceremony” representan un poco aquella relación. La primera, como single, elevó las expectativas y cumplió. Por su parte, el segundo track, mucho más melódico y limpio, permite apreciar mejor los matices que estarán presentes a lo largo del álbum. Es difícil exigirles siempre un poco más a bandas como Deftones, ya que a estas alturas el conjunto no necesita demostrar más que calidad; su sonido se encuentra tan arraigado, que toda sorpresa es un detalle más de una meticulosa producción.

Resulta curioso que aquellos detalles esta vez no quedaron a cargo de las cuerdas y un par de efectos, sino que pasaron a ser administrados con mayor protagonismo por Frank Delgado en los sintetizadores y máquinas. Así, todo dialoga orgánicamente a la par de un inspirado Stephen Carpenter, que se atreve a jugar con los compases, como en “Urantia”, y se desata con estridencia en los ensordecedores pasajes de “Error” y la bella “Pompeji”, quizá la canción más completa del disco. Toda esa potencia y densidad puede responder a muchas variantes y posibilidades. ¿Cómo hacer contrapeso y acompañar a Carpenter? ¿Es más que una decisión estética que en cada disco sume más cuerdas a la guitarra principal?

La seguridad que entrega Sergio Vega en el bajo ha sido un aporte de frescura y actitud, como queda demostrado en “Radiant City”. Si bien, su participación en la banda ya cumple cuatro álbumes, hoy más que nunca se trata de su disco, y “Ohms” debería ser revisado bajo su prisma. Su presencia es aglutinante, está sumamente marcada y funciona en complicidad. Según entrevistas, Vega aportó activamente en la composición y con los riffs más potentes, asumiendo ese rol de compañía y contraparte. Su estilo no pasa inadvertido y ha potenciado varias virtudes del grupo. Por un lado, las guitarras más graves de Carpenter y, por otro, las baterías de un Cunningham menos atrevido, pero manteniéndose igual de intenso.

Con “Ohms”, más allá del cliché que puede significar volver a los orígenes, Deftones ha sabido administrar un concepto más que robusto, que no descansa tan sólo en un desfile de distorsiones para riffs profundos y veloces. Su complejidad radica en las posibilidades que exploran con el pasar del tiempo, dotando a sus canciones de una sensibilidad e intimidad que dialoga con una experiencia oscura y agresiva.


Artista: Deftones

Disco: Ohms

Duración: 46:17

Año: 2020

Sello: Reprise


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