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Mindfucker Mindfucker

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Monster Magnet – “Mindfucker”

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Dave Wyndorf dejó claro desde el principio que no iba a pasar desapercibido por este mundo como un rockero del montón. Sus viajes de ida y vuelta al infierno lo convierten en un personaje de esos que ya no se ven, uno que vive en su propia cuarta dimensión y que es capaz de transportar la mente del auditor hacia las fiestas espaciales más dementes del universo guitarrero. Si “Last Patrol” (2013) era una odisea densa y agresiva en tono space rock –un ingrediente elemental de la fórmula de Monster Magnet que se hace más o menos evidente dependiendo el disco–, “Mindfucker” es una escapada en auto por las carreteras desérticas e interminables de Estados Unidos con sabor a proto-punk, haciéndose cargo de la locura social que vive el país del norte en estos días. A su modo, claro.

Este estilo más desgarbado, directo y frenético, le sienta muy bien a los de New Jersey, cuya vena ligada a los sonidos más rasposos del Detroit de los 70 se desangra en la partida a toda velocidad con “Rocket Freak”, que exuda locura a mil por hora, y “Soul”, que no por tener un poco más de cuerpo pierde ese salvajismo desenfrenado que se extingue en un delay ensordecedor, sólo para desencadenar uno de los primeros puntos altos del larga duración. La canción titular, “Mindfucker”, vuela sesos desde el primer segundo con un riff que sale disparado rotundamente y explota en un coro gigantesco, himno inmediato para los hambrientos feligreses de Wyndorf y los suyos.

Las revoluciones comienzan a bajar con “I’m God”, que parece poner un poco de paños fríos a tan afiebrado despliegue de potencia, pero sólo se toma un poco de tiempo para que el vocalista despilfarre toda su arrogancia declarándose el dios absoluto en una canción que derrocha hedonismo, algo típico en el mundo del frontman. La primera mitad del disco llega a su apogeo con “Drowning”, un blues psicodélico y desgarrador que se extiende por más de siete minutos, donde los dotes vocales de Dave se exigen al máximo, pero emocionan por su entrega y demuestran que se mantiene en gran forma a sus 60 años, todo esto adornado con maestría por la sección instrumental, que maneja las cadencias y las intensidades con una ejecución insuperable.

Y es que el gran equipo que forma el eterno Phil Caivano y Garrett Sweeny, luciéndose de gran manera en el cover del ex Hawkwind, Robert Calvert, “Ejection”,  o en la más hardrockera “Want Some”, proyecta una soltura envidiable, con un trabajo muy musculoso en las guitarras, moviéndose siempre en los parámetros sonoros que la banda maneja a la perfección, tanto en los riffs gancheros como en los solos de melodías trabajadas, las que logran centrar la atención en ellos para volverlos el momento más esperado de la canción. El juguetón fraseo de bajo al final de “Brainwashed” y la misteriosa introducción de “All Day Midnight” hacen brillar a Chris Kosnik, quién logra encontrar su lugar en una producción mucho más orgánica y lo muestra en una faceta distinta al disco anterior, mientras que la monstruosa irrupción de Bob Pantella tras las baquetas elevan “When The Hammer Comes Down” a niveles estratosféricos, quizá el último eslabón del tan preciado stoner que predicaron en la década de los noventa.

A estas alturas nadie va a discutir el estatus de Monster Magnet como una de las bandas seminales de ese rock que nada en alcohol, tabaco y otras sustancias, uno tan reventado, que parece atemporal, pero muy efectivo a la hora de armar la juerga. En ese sentido, “Mindfucker” puede tener dos lecturas, una simplista –mas no errada– que lo hace ver sólo como un disco parrandero, ese con el que se recibe a los amigos en noches de fiesta y cerveza, y otra un poco más profunda, que lo convierte en un compañero ideal para escapar a toda velocidad de la paranoia del siglo XXI en busca de una experiencia individual liberadora. Para explicar el título, Wyndorf dijo que este concepto ha formado parte de su vida desde que tenía 14 años, por lo que hoy es el momento indicado para bautizar un disco con ese nombre, y que su sueño es juntar a la mayor cantidad de gente en una habitación para gritarlo a viva voz, como momento de catarsis. Si eso es lo que busca, ya cuenta con una excelente colección de canciones para iniciar ese viaje poderoso.


Artista: Monster Magnet

Disco: Mindfucker

Duración: 49:57

Año: 2018

Sello: Napalm


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Tomahawk – “Tonic Immobility”

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Tonic Immobility

Ocho años tuvieron que pasar para que Mike Patton, Duane Denison, John Stanier y Trevor Dunn volvieran a estar juntos en un disco de Tomahawk. Y qué mejor que esta pandemia para que el supergrupo regrese con “Tonic Immobility”, un álbum que, mediante la característica urgencia y agresividad del cuarteto, logra ejecutar una fotografía del indescriptible, oscuro, incierto y agotador panorama actual. Lograr retratar una realidad como aquella se lee una tarea sencilla considerando el background de sus integrantes, y lo cierto es que efectivamente se traduce de esa manera, ya que el sucesor de “Oddfellows” (2013) no duda en poner todas sus cartas sobre la mesa para apostar en una fórmula ganadora, la que de manera segura va avanzando por estructuras diferentes en uno de los discos sonoramente más arriesgados y complejos que nos ha entregado Patton en su carrera.

Bastan solamente 12 canciones para que el regreso del conjunto cumpla las expectativas en términos de experimentación y un manejo implacable de las texturas, algo que Tomahawk domina sin mayores problemas a través de las guitarras, un sello esencial en toda la discografía del proyecto. “SHHH!” muestra de entrada ese sonido con sello propio, el que, mediante los catárticos y confrontadores fraseos de Patton, recupera esa agresividad que se desenvuelve lejos del azar o la casualidad, sino que se construye gracias a la quirúrgica precisión que ejerce cada instrumento dentro de la fórmula, algo que con “Valentine Shine” va avanzando sin contratiempos ni descanso alguno. Es tan solo el segundo track del álbum y ya podemos escuchar el característico bajo de Trevor Dunn llevándose sigilosamente la atención del track.

Esa diversidad que irradia la banda no pasa solamente por los estilos variados que se van cubriendo, donde las reminiscencias al hard rock o el post-hardcore están más que claras, sino que también sobre cómo se van edificando las estructuras sonoras de una manera cooperativa y con un patrón fijo, sin caer en el auto plagio o la monotonía. Así es como el disco avanza con urgencia por canciones como “Predators And Scavengers” o “Doomsday Fatigue”, donde nuevamente Dunn es el encargado de marcar el pulso junto a John Stanier en la batería, y una letra donde derechamente se menciona al COVID-19 y el sentimiento fatigante que inunda a prácticamente la mayoría de la población mundial: “Tengo un entrenador de partos con una sonrisa COVID / Trabajamos solos hoy / ¿Qué te está alcanzando, mamá? / ¿Un puño cerrado o mano abierta?”.

“Business Casual” es otro ejemplo de Tomahawk siendo Tomahawk, con letras que bordean entre la ironía y la poesía, con un constante ritmo de acecho y esa siempre presente tensión que anticipa la gran explosión, una que tarda en llegar, por cierto, ya que “Tattoo Zero” nos presenta a aquel Patton en su faceta crooner relatando una historia con intermedios de furia. Todo esto siempre acompañado de la filosa y punzante guitarra de Duane Denison, quien se luce en varios pasajes con una curva melódica que le da una cara completamente diferente al disco, e incluso sintiéndose como una versión de la banda con leves tintes prog, quizás sin esa majestuosidad o elegancia del estilo, pero sí con la misma precisión y carácter. “Fatback”, por su parte”, continúa esa marcha, una que en este punto ya encontró su norte, aunque no pareciera tener rumbo fijo y simplemente se encarga de mostrar su potencia a toda velocidad.

“Howlie”, el interludio de “Eureka” y “Slidewalker”, presentan la sección más “calma” de “Tonic Immobility”, en donde la marcha reduce un poco su velocidad, pero manteniendo la intensidad necesaria para sorprender con algunos cambios de ritmo y estructura, sin dudar en pasar de un estado a otro, siempre con el impecable trabajo de Denison en la guitarra llevándose el peso atmosférico de la canción, mientras que el resto de la banda acompaña a su ritmo el relato que pasa del esquema loud/quiet/loud a un terreno mucho más complejo. Tras el paso de “Recoil”, es “Dog Eat Dog” la encargada de poner punto final al quinto LP del conjunto, con una letra mucho menos profunda que el resto del disco, pero con una intensidad igual de compleja que lo que la banda mostró durante esta nueva aventura en el formato larga duración.

Indudablemente los clichés siempre estarán presentes, pero eso no necesariamente debe ser algo malo. Muy por el contrario, Tomahawk sabe cómo explorar el concepto de “supergrupo” con una ética de trabajo colaborativa, en donde cada integrante impone su sello para el beneficio del otro, con cada uno teniendo su momento a lo largo del disco para brillar y darle paso al resto para hacer lo suyo. Aunque se critique la sobre exposición de Mike Patton con tantos proyectos (además de este y el ya conocido LP de Mr. Bungle, hay un disco de Dead Cross listo para publicarse), cada una de sus aventuras tiene una naturaleza que la caracteriza más allá de su voz, siendo el único elemento que se repite entre una y otra. Pese a la demora ocurrida entre “Oddfellows” y “Tonic Immobility”, Tomahawk presenta una evolución natural en base a la experiencia, haciendo que su sonido pase de ser una novedad a una formula inconfundible.


Artista: Tomahawk

Disco: Tonic Immobility

Duración: 39:22

Año: 2021

Sello: Ipecac Recordings


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