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Monster Magnet – Last Patrol

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El stoner rock es una de esas categorías que, por ser tan amplias, termina siendo un tanto inútil al momento de describir a las bandas que se podrían agrupar dentro de ella. Y si bien bandas como Kyuss, Fu Manchu y Monster Magnet compartían ciertos rasgos macro que podían ayudar a crear una suerte de hilo conductor, la verdad es que al analizar un poco más en profundidad, podemos ver que en realidad el panorama es bastante más variopinto que lo que inicialmente se pensaba. En ese sentido, y siendo sumamente rigurosos, es posible afirmar que la banda que la tenía más difícil era por lejos Monster Magnet.

MONSTER MAGNET 01Su rock psicodélico se amparaba, al igual que Fu Manchu y Kyuss, en la influencia directa de agrupaciones como Blue Cheer, Black Sabbath e incluso Blue Oyster Cult. Pero, además, poseía un fuerte componente sacado derechamente de bandas más psicodélicas como Captain Beyond por ejemplo. Es por eso que las obras de Monster Magnet fueron siempre un poco más complejas que las de sus contemporáneos, tanto en su ejecución como en su propuesta. Aquello no siempre ayudó, sin embargo, a Dave Wyndorf y compañía. Al ser más complejos, se transformaban casi automáticamente en la banda menos accesible, y así pasaban a ser mucho más eclécticos que sus pares. Y si bien a lo largo de su carrera lograron crear obras que fueran un tanto más simples de digerir como “Powetrip” (1998) o “4 Way Diablo” (2008), la regla general siempre ha sido la de ejecutar un rock espacial con tintes épicos, que pareciera no dar ningún tipo de concesión.

“Last Patrol” es el décimo disco de Monster Magnet y demuestra que la psicodelia y el rock espacial siguen siendo, para bien o para mal, los mejores aliados de Dave Wyndorf. “I Live Behind The Clouds” da inicio al álbum, con una guitarra hipnotizante que lentamente se va sumergiendo en un océano sonoro, donde la voz de Wyndorf logra irrumpir demostrando por completo sus cualidades como frontman. Son cuatro minutos y medio de dura introspección que sirven de puente para la épica “Last Patrol”. Con nueve minutos, es por lejos la canción que más se extiende de todo el álbum, y si bien podría ser un riesgo el que sea apenas la segunda canción en un disco que se extiende por poco más de una hora, la verdad es que su potente riff y sus quiebres dignos de un spaghetti western logran alzarlo como uno de los puntos altos del álbum.

MONSTER MAGNET 02“Three Kingfisher” y “Paradise” mantienen la atmósfera con un Wyndorf sumamente reflexivo, y una yuxtaposición sonora donde las guitarras acústicas y las cítaras ayudan a crear aquel sonido tan típico de Monster Magnet, a pesar de no poseer necesariamente la fuerza a la que nos tienen acostumbrados. Y aunque esta es una obra mucho más contemplativa, canciones como “End Of Time” y “Strobe Light Beatdown” demuestran que ese rock & roll rápido y juvenil también forma parte del arsenal de esta banda. “Stay Tuned” por su parte pareciera ser un fiel reflejo de lo que la banda encarna. Una obra reflexiva, que si bien no será disfrutada por un público masivo, logra llevarnos en un viaje de reflexión y contemplación.

“Last Patrol” probablemente no será el disco que permita a Monster Magnet superar aquella barrera que siempre se ha interpuesto entre ellos y un público mucho más masivo. Sin embargo, es sin lugar a dudas un álbum que puede ser considerado como uno de los puntos altos de su carrera, y que demuestra que Dave Wyndorf y compañía se encuentran en mejor forma que nunca.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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