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Mogwai – Raves Tapes

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Hablar de los escoses de Mogwai es algo difícil, siempre lo fue. El encasillarlos en un estilo es y siempre será complicado. Se han desarrollado con una fórmula que parece simple de aplicar, manteniéndola por casi dos décadas de forma efectiva; algo realmente plausible. En la actualidad se percibe que la incorporación de sintetizadores a sus piezas han sumado a la ya conocida composición –que los llevó a ser una de las bandas mas innovadoras y trascendentales en los noventas-, un esbozo de una nueva receta que quizás los lleve al próximo nivel. En comparación con su placa anterior, “Hardcore Will Never Die, But You Will” (2011), disco de alto calibre, que dejó la vara muy alta, llegamos a un punto por el cual pasan todas las bandas, con o sin perjuicio: la reinvención; el traspasar límites sin traicionar las propias raíces.

En este nuevo disco, Mogwai nos encamina a punta de sus clásicas cascadas de guitarras. “Heard About You Last Night”, tema de apertura, es una mezcla entrañable y melancólica tal como Mogwai lo sabe hacer, y que delinea de manera perfecta lo que se vendrá mas allá de las nubes invernales escocesas que se aproximan. “Simon Ferocious” es una creación ajena a lo que ya se conoce de estos europeos. Nos traslada a un mundo paralelo y de ensoñación que, al escucharlo, provoca esa sensación de estar en un mundo que simplemente no existe. Le sigue “Remurdered”,  la propuesta de lo que el post-rock en esta época representa: sonidos clásicos y modernos, cargados de arreglos electrónicos que armonizan y conspiran a la perfección en un solo universo.

Continuamos con “Hexon Bogon”, tema que podría perfectamente ser parte de cualquiera de los trabajos anteriores de esta banda. Sólo basta escuchar dos riffs para darse cuenta de que continúan estrujando sus viejas glorias y que, de algún modo u otro, cumplen con su objetivo. “Repelish”, track que incorpora voces en estilo Spoken Word, habla sobre “Stairway To Heaven” de Led Zeppelin, en cómo se convirtió en la canción más popular de la historia del rock, y que luego nos relata sobre los supuestos mensajes satánicos y subliminales que algunos álbumes suelen tener escondidos entre líneas. Un tema delirante y con una exquisita atmósfera. Ya pasando la mitad del disco, nos encontramos con “Master Card”, un tema que nos recuerda un poco a “Shellac” en un par de riffs, sólo que, como ha sido la tónica en esta nueva creación, contiene el agregado de los sintetizadores.

El viaje continúa y se vislumbra el final. Acá las revoluciones no paran. “Deesh” es un tema tenso, donde la batería se torna protagonista y suena como si se tratase de una marcha militar. Este ambiente rígido se ve interrumpido con la siguiente composición. “Blues Hour” es un tema cantado sin vocoder y que impone el lado inteligente del disco. Un tema que por sí solo se destaca entre el resto, MOGWAI 02ya que es el único que cuenta con canto y letras. Algo triste y melancólico, una fórmula emocional que siempre le ha dado buenos resultados a Mogwai. “No Medicine For Regret” es una composición más que destacable, trasladando a un lugar distinto, casi mágico. La música traspasa sentimientos y no se necesitan líricas para influir explícitamente en ello. El disco cierra con “The Lord Is Out Of Control”, tema escogido como single, y el cual nos deja con esa sensación tétrica y de incertidumbre.

“Rave Tapes” puede jactarse perfectamente de ser el nuevo punta de flecha de un sonido que no sabemos dónde va a terminar, pero que sí nos pone en conocimiento que estos escoceses están en constante exploración. Una fórmula quizás agotada, pero que se renueva cada vez y nos deja siempre con ese miedo sobre el qué vendrá en el horizonte. Deja gusto a poco, pero la vara a superar estaba alta, ya que su trabajo anterior fue potente. Se compensa de sobremanera al entregar un abanico de temas distintos y cautivadores; reinventarse o morir en el intento es algo que se percibe a gritos en el disco y lo han logrado. Mogwai puede seguir tranquilamente haciendo lo que siempre supo hacer, infinitos crescendos con arreglos de guitarras que nos llevan a lugares distintos e impensados cada vez. Por ahora permaneceremos seguros en este lugar esperando con ansias la siguiente parada de este largo viaje. Se han ganado el sitial de ser la banda ícono y más trascendente del post-rock, trono que no está asegurado, y que por lo mismo debe ser defendido cueste lo que cueste.

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DIIV – “Deceiver”

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Deceiver

Desde su debut, la imagen de DIIV –y en particular la de su líder, Zachary Cole Smith– ha sido asociada a los estereotipos de los iconos del rock noventero, con una estética grunge que, para felicidad de Smith, les valieron numerosas comparaciones con su ahora ex modelo a seguir, Kurt Cobain. Sin embargo, la música de la banda nunca sonó similar a Nirvana o a sus coetáneos. En “Oshin” (2012) la melódica voz de Smith era acompañada de dulces instrumentaciones, asegurándoles un espacio como rostros del dream pop y el shoegaze. Este sonido se profundizo en “Is The Is Are” (2016), sin embargo, su contenido se aleja de la luminosidad de su predecesor y ofrece relatos más personales. Es en “Deceiver” donde el grupo toma las guitarras y abandona las dulces melodías para su trabajo más oscuro e introspectivo, escribiendo sus propias narrativas.

Resulta irónico que sea “Deceiver” el disco que por primera vez se asemeja a las influencias grunge que la banda ha presentado de forma estilística. Poco antes de su lanzamiento, Zachary Cole aseguró ya no ver a Cobain como un modelo a seguir y decidió separar al hombre de su trabajo. El primer sencillo, “Skin Game”, continúa con el tema de las adicciones de su predecesor, pero con fuertes guitarras que contrarrestan la dulce voz de Smith. A diferencia del disco anterior, el sencillo no lidia con la recuperación, sino que con la aceptación de una enfermedad y el cómo vivir con ella. La canción es un perfecto adelanto del disco, manteniendo un sonido dream pop, pero abandonando los meros guiños al rock; esta vez las guitarras son protagonistas.

El primer corte del disco, “Horsehead”, es una antítesis a las introducciones de las placas anteriores de DIIV, con una oscura instrumentación a cargo de poderosas guitarras que adelantan la gama sonora del disco. La voz de Smith no pierde su dulzura, pero su tuno sugiere una honestidad y fragilidad más presente que en trabajos anteriores. Canciones como “Like Before You Were Born” y “Between Tides” muestran que la banda no ha desestimado sus composiciones características, sólo ha expandido su gama sonora para maximizar toda la experiencia. “Blankenship”, por ejemplo, es un clásico de DIIV desde su inicio, con una suave melodía que fluye a través del liderazgo vocal de Smith, pero este espacio común es rápidamente corrompido por la inclusión de guitarras que recuerdan la intencionalidad del disco y expresan la diversidad de la banda.

Si bien su duración es menor que la de su antecesor, “Deceiver” suena mucho más grande. Las vocales y líricas son mucho más claras y la instrumentación nos acerca a un maximalismo no visto antes en su discografía. Y es que en este esfuerzo no hay espacios para sutilezas; después del lanzamiento de “Is The Is Are” el cantante se refirió a sus composiciones como unas “mentiras”, lamentando la forma en que representó las adicciones, enfocándose sólo en la recuperación y no en la vida con estas. Por esto, todos los elementos del disco se maximizan, como una contraparte más oscura y profunda que la anterior. “Taker” se presenta como una pieza central, tomando las responsabilidades de las mentiras cometidas y aceptando las consecuencias de un viaje lejos de terminar. Las guitarras son mucho más pesadas en este punto, adelantando la forma en que esta oscuridad se profundizará en la segunda mitad.

Es la segunda parte del disco la que presenta su mayor vulnerabilidad y sinceridad, donde el problema ha sido aceptado y comienza la búsqueda por la redención. “For The Guilty” presenta los efectos que las adicciones han causado en su círculo y en sí mismo, con un instrumental que prueba que el álbum triunfa en sus momentos sonoros más oscuros, sin opacar el desempeño vocal, sino que resaltándolo. “The Spark”, tal como lo índica su título, presenta un inusual momento de luz en el disco, con una brillante melodía que acompaña la catarsis de su narración. Sin embargo, culmina con “Acheron”, quizás uno de los momentos más oscuros de “Deceiver”, con sombrías guitarras y líricas: “Odio al Dios en el que no creo. El paraíso es sólo una parte del infierno”. La pieza es lo más cercano a rock noventero que alude su imagen, y sus siete minutos de duración dejan en un punto alto el cierre del disco.

La escena de rock en la que DIIV ha participado durante esta década ha sido asociada a las adicciones por casi tanto tiempo como existe. Asimismo, la figura de Zachary Cole Smith, quien había gozado de las comparaciones con quien veía como un modelo a seguir, pero su distanciamiento de estas figuras no viene desde un lugar juzgador, sino de reconocerse y querer narrar su propia historia. El protagonismo de las guitarras no es coincidencia, es parte del viaje a emprender y un reconocimiento a las influencias que esas bandas que lo formaron estilísticamente tuvieron a la hora de hablar sin tapujos de las adicciones. “Deceiver” puede no ser el sonido más característico de DIIV, pero es el más sincero y pertinente para reflejar el presente de la banda.


Artista: DIIV

Disco: Deceiver

Duración: 42:28

Año: 2019

Sello: Captured Tracks


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