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Mogwai – “Every Country’s Sun”

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Mogwai sin duda alguna es uno de los principales referentes a la hora de hablar de post rock. Aunque en repetidas ocasiones se habla de que el acto de etiquetar a las bandas es odioso, como columnistas caemos una y otra vez en la tentación de encasillar de manera inmediata el trabajo de un artista para alinearlo con sus semejantes y separarlo de sus distintos. Hablar de post rock supone una tesis más fuerte. Hablar de post rock supone no tanto la superación o la muerte del rock, sino una clasificación histórica: supone la capacidad de pensar en fórmulas distintas de las que clasifican habitualmente al estilo que encapsula a bandas desde The Beatles hasta AC/DC, y posiblemente incluyendo el universo del metal. Así, el conjunto de agrupaciones que se categorizan en este estilo son menos unos detractores de los fundamentos del rock que unos modificadores radicales, que, en último término, hacen preguntarse hasta qué punto se podría llamar rock a lo que está sonando.

Desde el álbum “Atomic” (2016) de Mogwai, se pudo identificar que cargaban con el peso de una influencia profunda del krautrock. Su disco predecesor, si bien era la banda sonora de un filme y, por lo tanto, tenía un tinte mucho más tranquilo que el resto de su discografía, recordaba de manera bastante cercana a bandas como Kraftwerk o Tangerine Dream. En ese sentido, no logró cautivar tanto la atención de la crítica como en su disco anterior, “Rave Tapes” (2014), que generó una expectativa amplia con respecto a los escoceses. A este respecto, “Every Country’s Sun” es la fusión de un temperamento más calmo que adquirió Mogwai durante los últimos años con el recurso de bases electrónicas más atmosféricas, junto al Mogwai electrizante con ímpetu noise, que aparece en discos como “Hardcore Will Never Die, But You Will” (2011) o en el poderoso “The Hawk Is Howling” (2008).

La profusión de sonidos que se experimenta en el álbum se vivencia en carne propia con la fluidez de las guitarras con las baterías estridentes y los sintetizadores que esbozan melodías puestas estratégicamente en momentos perfectos. La fineza de los arreglos de Mogwai no decepciona. Canciones estridentes como “Battered At A Scramble” y “Old Poisons” contrastan de manera elegante con tracks como “Coolverine” y “Aka 47”, y encuentran el equilibrio en composiciones melancólicas que explotan en melodías vibrantes, como la homónima “Every Country’s Sun”, que no podría ser mejor cierre para un álbum de esta envergadura.

“Party In The Dark” es el único track en el que se incluye letra. Tiene la duración de 4:02 y sigue el canon de una composición pop que podría ser fácilmente radial. Es un movimiento curioso, que recuerda a la inclusión de “Travel Is Dangerous” en el disco “Mr. Beast” (2006); es una canción enérgica, que se siente profundamente emotiva, y probablemente se experimente como el punto más alto del disco, no obstante, este avanza por trechos oscuros y en algunos momentos muy luminosos. Porque en la banda la inclusión de temas cantados tienen una carga algo misteriosa, dejan un vacío en la expectativa de quien escucha, y tienen una función estética algo maquiavélica al generar ansias de escuchar mucho más.

Es difícil decir si lo que sigue haciendo Mogwai es post rock, en un sentido estilístico. “Every Country’s Sun” es sin duda un disco casi puramente instrumental, en los que se muestran esquemas similares a los que se ha visto en álbumes antiguos de Mogwai y que se siguen en bandas como Godspeed You! Black Emperor, Mono, o en “( )” de Sigur Rós. No obstante, Mogwai tiene algo distinto: se siente una inquietud por la interacción con los sonidos retro y, a la vez, con elementos que hoy en día se pueden escuchar en el avant-garde de la música electrónica. Este disco muestra que hay una propuesta irrenunciable en la música de los escoceses, algo profundamente experimental y que se siente desde el momento en que se escuchan sus melodías, que en muchos casos rayan en lo minimalista, para pasar a otras más complejas, es decir, la propuesta de crear constantemente vaivenes sonoros de la más profunda autenticidad.

https://open.spotify.com/album/5dICNeVi2fhMSPylzSvG6J

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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Undertow

La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.


Artista: ToolUndertow

Disco: Undertow

Duración: 69:13

Año: 1993

Sello: Zoo Entertainment


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