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Mikal Cronin – MCIII

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Después de un breve período de 2 años de silencio, Mikal Cronin vuelve a irrumpir en la sólida escena del indie norteamericano para buscar su merecida consolidación. Acompañado de su inseparable distorsión descuidada en la guitarra y sumando ingredientes de un pop vintage que lo caracterizan como un potencial integrante de The Beatles que se equivocó unas cuantas décadas en aparecer, ahora, tras dos álbumes solistas en el cuerpo y un sin fin de colaboraciones con otros artistas, las expectativas son altas. ¿“MCIII” estará a la altura de la discografía del artista?

MIKAL CRONIN 01La primera canción de un disco es siempre de vital importancia, cumpliendo el rol de tarjeta de presentación en donde se debe captar la atención del receptor para generar un enganche a través de la experiencia del disco, y “Turn Around” comienza con firmeza, marcando de manera indudable el carácter positivo de la actual propuesta del álbum, afirmándose en progresiones de notas que tienden frecuentemente a los tonos cálidos. Luego sorprende la propuesta del tema “Made My Mind Up”, ya que es primera vez que el artista incursiona con una guitarra principal que dirige la melodía de la canción, guardando mucha influencia del rock alternativo de los 90. Los matices rítmicos de “Say” inician una canción que no llega a los oídos, sino que directamente al cerebro a través de un track irrefrenable que no suelta al oyente hasta los últimos segundos, culminando con un excitante clímax de instrumentación, y convirtiéndose en uno de los temas más vertiginosos. En cada larga duración de Cronin existen canciones que nos conectan con la melancolía y sentimentalismo, como lo denota “Feel Like” y “I’ve Been Loved”, siendo el primero un grito áspero de desahogo, y el segundo más bien un lamento taciturno.

Desde el track seis en adelante es donde se presenta una propuesta distinta, siendo canciones con una continuidad temática y con mucho apoyo orquestal, destacando la mayor complejidad en la composición del álbum, logrando demostrar una madurez evidente y que definitivamente se agradece. Este experimento dentro del disco despega con el susurro inicial de “i) Alone”, que finaliza con una movida atmósfera instrumental, acompañada de la infaltable guitarra fuzz del artista. “ii) Gold” nos vuelve a poner los pies en el suelo demostrando que el noise sigue siendo parte de la propuesta del solista norteamericano. Sorprende en este track la utilización de un interludio interesante, utilizando cigar box guitars, al puro estilo de Alain Johannes.

“iii) Control” nos devuelve ese feel de folk  playero que se hace tangible en muchas de las composiciones de Cronin y su grupo. Nada nos ha preparado para este salto radical llamado “iv) Ready”, el cual pareciera ser un tema extraído directamente del primero disco de Mikal, teniendo una atmósfera minimalista y en donde la guitarra eléctrica se apodera de manera absoluta del control. Todo esto hasta que aparece el freno de mano a través de “v) Different”, en donde explora la música orquestal acompañada de una lírica confesional, que ayuda a conocer en concreto el proceso personal creativo detrás de los temas del larga duración. “vi) Circle” conserva el feel general de “MCIII”, teniendo una clarísima influencia de la música popular británica de los 60. Cabe destacar que es una MIKAL CRONIN 02manera modesta de finalizar el disco, ya que se ve opacado por las canciones que dieron término a sus dos primeros trabajos de estudio, siendo “The Way Things Go” y “Piano Mantra” verdaderas obras de cierre que otorgaban la sensación de epílogo.

“MCIII” resalta la gran virtud de Mikal Cronin, que es la de ser un artista indie altamente versátil, quien, pese a sus aguzadas guitarras con distorsión, es capaz de cautivar a todo tipo de público, y no debiese dejar a nadie indiferente. La gran variable presente en este disco es la gama de colores que se obtienen en las progresiones musicales con la presencia marcada de bronces y cuerdas orquestales, otorgando mayor dramatismo en la transmisión del mensaje. Respecto a la producción, a diferencia de la anterior placa, “MCIII” destaca por el regreso a un sonido sucio, que de manera intencionada nos recuerda el disco debut del artista, a diferencia del segundo álbum en donde se optó por una ecualización limpia y más ajustado al indie pop.

En resumidas cuentas, “MCIII” es un disco sólido, que no se arriesga a grandes cambios, pero tampoco permanece inamovible. Si bien Mikal Cronin aún debe recorrer y explorar más su capacidad de composición para lograr consolidarse del todo, es innegable que la convicción del artista se refleja en la comodidad de buscar un sonido familiar y que logra transmitir el trabajo puesto en cada uno de los tracks, dejando la interrogante respecto a qué es lo que se puede esperar en el siguiente trabajo del californiano.

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El Álbum Esencial: “Undertow” de Tool

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La portada de todo álbum debiese generar impresiones anticipadas sobre el contenido que este alberga. Bajo esa lógica, ver esa especie de caja torácica roja –que en primera instancia tendría a una mujer obesa y desnuda dentro de ella, pero fue censurada– delante de un fondo negro, no puede más que desconcertar. Si a eso se le suma el intrigante título, “Undertow” (“Resaca” en inglés), esto sólo pude verse potenciado. La estética visual de todo esto simplemente respondía a la proyección del vivo reflejo de la música de Tool. Agonía y desconcierto, no existe otra forma de describirles.

Sin duda alguna, aquello que encierra esta criptica iconografía y perfora nuestro cerebro desde los oídos es difícil de clasificar para la época, o incluso hoy por hoy. A mediados de los 90, todo lo que sonara más o menos distorsionado solía ser etiquetado de grunge o, en el mejor de los casos, como rock alternativo. Pero acá había una diferencia: el uso que se dio a la oscuridad. No hablamos del manto de sombras melancólicas que rodeaba al común de la música de la denominada Generación X, sino que de una penumbra mucho más densa que se manifestaba mediante una catarsis brutal. Pese a su crudeza y visceralidad, también encontramos niveles de introspección y sutileza muy alejados de los márgenes de la escena de la costa oeste estadounidense.

Es habitual que los álbumes debut de una banda expongan una continuidad estética en referencia a los demos, cosa que acá no ocurre. “Undertow”, para ser el primer larga duración, es sumamente complejo, pues marca un temprano punto de inflexión en el trabajo de los oriundos de Los Angeles, cosa que en otras agrupaciones ocurre entrada la discografía. Hay acá una sonoridad mucho más oscura, la que comienza a reemplazar progresivamente el rock más frontal y acelerado presente en el EP “Opiate” (1992). Los temas de tres minutos en donde se lograba apreciar la influencia hardcore que posee la banda, comenzaron a alargarse hasta los seis o más debido a un aumento de versatilidad en las estructuras de cada canción, en donde los pasajes instrumentales empezaron a tomar cada vez mayor relevancia. Comenzaban así a ganarse paulatinamente la etiqueta de “progresivos” y vaya que lo merecían.

Aunque pudiese ser paradójico, la guitarra de Adam Jones no se caracteriza por exponer las destrezas sobrehumanas con las que se está habituado en la mayoría de las bandas denominadas como metal progresivo, aun así, demuestra una técnica inconfundible, en donde el juego entre tonalidades densas y frecuencias que bordean la estridencia entregan diferentes matices a las composiciones. “Bottom”, tema en donde colabora el eterno Henry Rollins, es quizás el más claro reflejo de esto. Por su parte, el trabajo en el bajo de Paul D’Amour suena de forma penetrante y aguerrida, batallando el protagonismo rítmico y melódico en cada compás. La potencia y misticismo de “Flood” se debe en gran medida a la labor de este instrumento. Mismo misticismo que –con vidente de por medio– rodea la salida del bajista tras una gira por Europa promocionando el disco. En el futuro no lejano, sería el británico Justin Chancellor quien se haría cargo de las frecuencias bajas hasta la actualidad.

Si bien, en los instrumentos de cuerdas no podemos apreciar una técnica elevada como lo demandaría el género progresivo, aquello sí se puede hallar en la percusión. Probablemente, la rítmica que impone Danny Carey es el componente más experimental de la propuesta de Tool en sus inicios. Aunque aún no incorporan estructuras demasiado complejas como en posteriores discos, es notoria la variabilidad de los tiempos y la sagacidad con la que se pasea por la batería. Prueba de ello son temas como “Intolerance” o “Swamp Song”. Punto aparte también es el poderoso registro vocal del hoy endiosado Maynard James Keenan, clave para dar forma al tema homónimo del disco, en donde es capaz de saltar de fraseos melodiosos a desgarradores gritos, pasando por diabólicos arrullos con una facilidad inexplicable. Además, durante la promoción del álbum ya comenzaba a dar cuenta de esta particular visión del espectáculo, dado su singular desplante escénico.

Pese a que Tool suele ser clasificado como metal progresivo, en “Undertow” lo vanguardista está en mantener elementos minimalistas al alero de una gran sensibilidad instrumental. Es cosa de escuchar temas que quizás pasan más desapercibidos, como “Crawl Away” o “Swamp Song”, para dar cuenta de aquello, y ni hablar de temas como “4°” y “Flood”, que empezaban a dar pequeños, pero ahora evidentes indicios del camino que la banda tomaría en sus posteriores discos. Quien haya escuchado los casi 16 minutos de “Disgustipated” y diga que no es vanguardista, debe comenzar a cuestionar sus concepciones del mundo.

En cuanto a sencillos, el primer LP de la banda nos entrega “Sober” y “Prision Sex”, los cuales fueron acompañados de perturbadores videoclips promocionales, dirigidos por el mismo Adam Jones. El primer tema, en un ejercicio sublime de minimalismo al ser guiado por una secuencia repetitiva de tan sólo dos acordes, nos habla de la adicción del alcohol –incorporando la concepción cristiana del pecado–. Mientras tanto, el segundo relata la brutalidad de la violación infantil. Este último, dado lo tétrico de las imágenes y la crudeza de su letra, fue duramente censurado por las cadenas televisivas de música, pero como ha ocurrido a lo largo de la historia, el morbo ante lo prohibido sólo ayuda a atraer nuevos adictos e incrementar el peso de los cultos.

Así es como “Undertow”, con todos sus componentes, establece los cimientos de la catedral que posteriormente construiría Tool, dando pie para un largo legado que sigue influenciando a un sinfín de bandas de diversos estilos. Si bien, suele ser denostado por ser el disco menos experimental de la banda y, por ende, el con menos teorías conspirativas alrededor de él, su sonido más duro ha ayudado a consolidar a un grupo no menor de fanáticos de esta obra, quienes incluso profesan que este es el mejor de todos los lanzamientos del grupo. Pero ¿puede segmentarse la discografía de Tool y no comprenderla como un todo? ¿Hay realmente un mejor Tool? Preguntas tan complejas como sus respuestas y el objeto al que apuntan.

De todas formas, sí se puede asegurar algo: ser fan de Tool es probablemente uno de los actos de masoquismo más grandes dentro de la ya auto flagelante vida de los melómanos –podría incluirse dentro de esta patología el ser fan de Radiohead; si se es de ambos, el diagnostico debe ser crítico–. Y es que sentir atracción por aquello que no logramos comprender, por aquello que nos desestabiliza mentalmente por no poder apropiárnoslo, debe ser uno de los males más viejos de la historia de la humanidad. Aquel primer trago de la banda, sin duda, ha generado una resaca que sigue palpitando en nuestras cabezas. Lo único que se espera es mantenerla hasta que Maynard y compañía nos entreguen una nueva dosis de su tan ansiado licor.

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