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Little Dark Age Little Dark Age

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MGMT – “Little Dark Age”

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Existe una visión transversal de que MGMT es una banda que se autoboicoteó al ver cómo su álbum debut, “Oracular Spectacular” (2007), alcanzaba ventas millonarias y un reconocimiento inesperado. Pareciera que cada paso posterior hubiera sido parte de una acción para desmantelar ese estatus, incluso a costa de sus fans. Pero lo cierto es que “Kids” o “Time To Pretend” era más humoradas de un par de universitarios que otra cosa. El problema es que el dúo tenía un sentido pop irresistible, a su pesar.

Por ello, cuando MGMT salió de esa zona de confort en sus álbumes siguientes y debió salir a proponer algo propio, el ahogo no se hizo esperar. Desastrosos intentos de psicodelia, ironía y complejidades innecesarias se hacían parte de canciones que no apelaban a su escucha, sino al mero acto de su presentación y creación. No hay problemas con la creación artística que apele a ser reflejo de los artistas, más allá de lo que crea la audiencia, pero cuando existe tan evidente talento como lo hay en Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser, es el desperdicio el que genera resquemores. Aunque el acierto genera más alegrías por ello.

Quizás dando el paso que no pudieron dar en una década completa, MGMT intenta la honestidad y, al mismo tiempo, aprovechar la fluidez de sus elementos más cohesivos en “Little Dark Age”, su cuarto larga duración, un registro sólido, pero que se siente tardío y tímido. Acá hay un arranque hacia los territorios más sintéticos y sencillos, y no se hace extraño que entre un aroma más lo-fi se incluyan en los créditos a nombres como Ariel Pink o Connan Mockasin, entregando en algo tan simple como los coros o segundas o terceras voces esa sensación más indie que, mezclada con la psicodelia y la producción comprimida de Dave Fridmann, concluyen en un sonido característico para el disco y para este renacer de MGMT.

Canciones como la que le da el nombre al disco o “Me And Michael” son efectivas en esos aires ochenteros que parecen tan de moda, y en general el disco se mueve de forma efectiva en el campo de la canción popular común, con estrofas y coros claros, sin recovecos, e incluso separando lo mayormente instrumental (“Days That Got Away”) del resto del disco. Pero los aires de una simplificación extrema también dejan al descubierto los vicios de MGMT: que haya dos canciones sobre los problemas que trae la tecnología, una con toques irónicos innecesarios (“She Works Out Too Much”, que además abre el disco) y otra llena de reclamos como “TSLAMP”, es un exceso, en especial porque a estas alturas existen muchas obras que expresan estos pareceres de una manera más directa y sincera.

Cuando hay cariño y sinceridad en las canciones se nota, y ahí hay esfuerzos que prosperan como “Me And Michael” y “Hand It Over”, canciones que no huyen de los homenajes que hacen; la primera al sonido de los ochenta, y la segunda al pop más tradicional, ese de Albert Hammond o Neil Sedaka, donde la inocencia y la simpleza era integral en los hits. Es en estos sonidos donde la timidez que domina a “Little Dark Age” se siente más en casa, pero en el resto del registro ese sentimiento hace que todo luzca más errático de lo que merecen varias de las ideas plasmadas. Andrew y Ben por fin comprendieron que MGMT podía ser salvado de la irrelevancia, pero los vicios de la pasada década tienen aún ecos que no dejan que despegue la audacia del conjunto. Reprimidos entre los miedos de evitar errores garrafales, MGMT pierde espontaneidad y ridiculez, sin embargo, gana en canciones y seriedad en un álbum que por primera vez en años entrega más esperanza que decepción.


Artista: MGMT

Disco: Little Dark Age

Duración: 44:25

Año: 2018

Sello: Columbia


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1 Comentario

1 Comentario

  1. Carlos Navarro

    14-Mar-2018 en 12:42 pm

    Yo no le encuentro nada de malo al disco. Lo encuentro mortal.

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Bright Eyes – “Down In The Weeds, Where The World Once Was”

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Down In The Weeds Where The World Once Was

Tras un receso de nueve años y con una serie de proyectos bajo el brazo, Conor Oberst ha reunido a la banda que lo vio convertirse en uno de los compositores insignia de la mirada adolescente apocalíptica de los noventa. A más de veinte años de su debut, junto a los multiinstrumentistas Mike Mogis y Nate Walcott, la prosa de Oberst ha crecido inevitablemente junto al cantante, quien en “Down In The Weeds, Where The World Once Was” vuelve a su zona de confort para examinar un presente que pareciera haber advertido durante años.

Parece difícil continuar con un proyecto tras casi una década de pausa, en especial para uno encargado de retratar la angustia del presente, pero “Down In The Weeds, Where The World Once Was” logra retomar desde donde se dejaron las cosas, con una química entre el trío difícil de replicar. “Pageturners Rag” sitúa rápidamente la ambientación del disco, con un sutil y melancólico inicio representando los inicios de bar de la banda, con voces familiares como la de la ex esposa de Oberst, quien introduce al grupo y una conversación con la madre del vocalista. Desde este punto, no se alejan de los espacios conocidos, pero logran reflejar el paso de los años a través de una composición madura.

A diferencia de los sonidos de su trabajo en solitario, el regreso de Bright Eyes trae consigo el dramatismo en sonido y composición que los destacó desde un comienzo. “Dance And Sing” presenta triunfantes cuerdas a cargo de Walcott, contrastando con desgarradoras vocales. Adornado con una orquesta y un coro, el tema presenta a la pérdida como temática fundamental y la necesidad de avanzar a pesar de esta: “Ahora todo lo que puedo hacer es seguir bailando”, canta con un optimismo no presente antes. Y es que la madurez alcanzada con los años se refleja en sus letras, donde su pesar ya no lo consume, sino que es comprendido como uno de naturaleza universal.

“Mariana Trench” trae un sonido contemporáneo y de rock convencional, en otra mirada positiva mientras relata los altos y bajos de la vida. En este sencillo brillan los invitados, con Flea (Red Hot Chili Peppers) y Jon Theodore (Queens Of The Stone Age) destacándose como colaboradores. Musicalmente el disco fluye entre las composiciones vulnerables y acústicas de Oberst, y la grandiosidad de los instrumentos a cargo de los otros dos miembros. “Just Once In The World” comienza con un desnudo instrumental acústico, que rápidamente es acompañado por percusión y una melódica segunda voz a cargo de la cantautora Miwi La Lupa. Para el final, la canción se acerca a la ambientación festiva y barroca que recorre el resto del álbum, con cítaras, pianos y la percusión de Theodore cobrando protagonismo. “Stairwell Song” representa de mejor manera la paleta sonora del disco, con un cinemático final adelantado por el mismo compositor, en un guiño a sus oyentes que reconocen sus clichés.

Durante el disco, Oberst batalla por no caer en el autodesprecio y mantener la universalidad de los dolores, pero sus pérdidas son palpables, como la imagen de su ex esposa presente en el inicio y en “Hot Car In The Sun”, donde el compositor confiesa sus pensamientos suicidas en el corte más simple y honesto. La muerte de su hermano también pesa en el álbum, donde su fantasma lo visita en “Tilt-A-Whirl”, siendo una meditación de la soledad en un sonido reminiscente de los comienzos del conjunto. “Calais To Dover” es un homenaje al fallecido Simon Wright, amigo de la banda, en un contaste choque entre la tristeza y la brillante melodía. Mientras que “One And Done” presenta uno de los momentos más oscuros del disco, tanto en lírica como en musicalización, y donde la participación de Flea le agrega dinamismo a los continuos breaks barrocos.

“Comet Song” cierra “Down In The Weeds, Where The World Once Was” de la forma circular que Conor deseaba, representando a través de la metáfora de la vida de un cometa los dolores en común, en otro explosivo instrumental que se consume tal como la figura retratada. “Te estás acercando, incluso mientras desapareces”, se repite así mismo y a los oyentes en un eufórico cierre antes de regresar a la escena del bar del inicio. Para el final, es claro que Bright Eyes sigue un sonido cómodo y pulido, confirmando que su esencia está lejos de perderse, pero el paso del tiempo les ha permitido evolucionar su mirada del mundo, donde la pérdida y la angustia son imposibles de ignorar, aunque su naturaleza es tan colectiva como personal.


Artista: Bright Eyes

Disco: Down In The Weeds, Where The World Once Was

Duración: 54:45

Año: 2020

Sello: Dead Oceans


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