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Strange Peace Strange Peace

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METZ – “Strange Peace”

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Cuando revisamos los anales del rock, cada cierto tiempo podemos divisar pequeños focos provenientes desde el país más septentrional de nuestro continente. En esta década, METZ es uno de los nombres fundamentales del rock made in Canadá, siendo “Strange Peace” clave en este camino hacia dejar una marca en la historia. Tras tan sólo dos años de silencio luego del bien recibido “II” https://www.humonegro.com/discos/metz-ii/ (2015), el trío conformado por Alex Edkins (guitarra y voz), Hayden Menzies (bateria) y Chris Slorach (bajo) da un paso adelante a favor de su estridente propuesta sonora, gracias a su tercer material de larga duración.

La explosión de “Mess Of Wires” abre de forma enérgica esta entrega, bajo un potente ritmo y demoledores acordes, rindiendo tributo a aquel movimiento que se gestaba a fines de los ochenta en la costa oeste de EE.UU., del cual METZ se ha declarado seguidor en numerosas ocasiones. La siguiente dupla de temas, “Drained Lake” y “Cellophane” –este último, el primer adelanto del disco– nos entregan esa fórmula más que probada por la banda: guitarras agónicas y veloces que desembocan en fraseos caóticos y demoledores. Por su parte, “Caterpillar” es uno de los ejemplos de la evolución sonora de los canadienses, pues, si bien conserva la lógica ruidosa, esta se encamina por senderos más experimentales en comparación a lo acostumbrado.

Avanzando en el material, “Lost In The Blank City” es uno de los grandes momentos de “Strange Peace”, siendo expresión de esta etapa de maduración estética de la banda al mezclar atmósferas más densas con pasajes calmos. Con “Mr. Plague” vuelven al sonido noise clásico, ese cargado a los acoples y saturación de los amplificadores. Por lo mismo, es de esperar que quien esté detrás de las consolas de mezcla sea el legendario Steve Albini, mente maestra tras innumerables discos fundamentales del rock alternativo y el underground desde fines de los 80 hasta la fecha. La influencia del productor trasciende hasta “Sink”, una pieza minimalista caracterizada por el sonido de armónicos en el bajo que se cuadra a la nueva línea más experimental de METZ.

La intensidad y distorsión vuelven con “Common Trash”, otro de los adelantos del LP. El séptimo track presenta un balance entre versos y coros, como un verdadero ejercicio de alto nerviosismo. En “Escalator Teeth” las percusiones suenan fuertes, siendo claro ejemplo del porqué la banda es uno de los grandes nombres del noise contemporáneo, mientras que “Dig A Hole” deja entrever esa influencia hardcore que poseen, por la velocidad con que realizan su interpretación. Por su parte, “Raw Material”, con un riff matemático, llega al cierre posicionándose como quizás el mejor tema del disco por su amplia variedad de escenarios, en donde el desenfreno se ve interrumpido por pasajes más profundos, que derivan en un verdadero cataclismo sónico.

Como diría un prócer nacional, guitarras afiladas. No hay mejor calificativo para la propuesta estética de METZ. “Strange Peace” es, sin mayor objeción, el mejor disco de la banda en sus casi diez años de carrera, o por lo menos el más osado. Hay acá una consolidación del sonido noise trabajado en los dos discos anteriores, que va de la mano con la incorporación de nuevos elementos más experimentales al momento de componer. Así, los canadienses llenan de vitalidad a un género que, hace tres décadas fue clave en la configuración del sonido grunge que posicionó en el mainstream a una serie de bandas, en ese entonces, alternativas. Pese a que hoy el contexto es diferente, Edkins y compañía mantienen vivo aquel ruidoso tradicionalismo a punta de distorsión y caos, para el deleite de las nuevas generaciones de oídos distorsionados. Si logran el estatus de las leyendas de antaño, eso sólo el tiempo lo dirá.


Artista: METZStrange Peace

Disco: Strange Peace

Duración: 36:06

Año: 2017

Sello: Sub Pop Records


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Iggy Pop – “Free”

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Free

Puede parecer extraño que un artista que ha hecho literalmente lo que se le ha antojado a lo largo de su carrera, publique como primer single de su nuevo trabajo de estudio un corte que únicamente proclama “Quiero ser libre”. Sin embargo, este supuesto sinsentido es sólo una prueba más de que la figura de Iggy Pop en realidad nunca ha sido tan fácil de descifrar. Es más, uno de sus sellos ha sido justamente aventurarse desde siempre (a veces con éxito y otras veces no tanto) en cuanto estilo musical le ha parecido atractivo (proto punk, garage rock, post punk, new wave, electrónica, hardcore, música de identidad francesa, entre otros). Es en esta dinámica, que el músico nos invita nuevamente a romper esquemas, firmando un álbum cuya característica principal es transitar a través de una pausada clave sonora de cargada identidad jazz, estilo que, sin ser completamente extraño para él (algo de esto había en “Avenue B” de 1999 y “Préliminaires” de 2009), marca uno de esos momentos musicales que por su sola naturaleza obligan a detenerse y escuchar con atención.

Dentro de las muchas particularidades que tiene “Free”, destaca el hecho de que la mayor parte de las canciones no son de autoría de Iggy, lo que hace de este disco un ejercicio de casi completa interpretación. La firma de los tracks recae fundamentalmente en Leron Thomas (trompeta), dejando un discreto espacio para Pop –autor de los temas que abren y cierran el registro– y dos poemas, el primero de ellos escrito por Lou Reed (“We Are The People”) y el segundo por Dylan Thomas (“Do Not Go Gentle Into That Good Night”). ¿Impacta esto la credibilidad la propuesta? En lo absoluto; de hecho, el álbum es tan consistente, que incluso los cortes que de antemano uno podría aventurarse a decir que fueron escritos por Iggy, ya que llevan su sello estilístico, en realidad están firmados por Thomas. En cuanto a lo musical, si bien se trata de un álbum dominado por los cortes de espíritu jazz, también hay lugar para momentos que reviven el lado más caricaturesco de la Iguana.

Es en la primera de estas identidades sonoras donde sin duda se encuentra lo mejor del álbum. “Free”, de naturaleza pausada y contemplativa, nos advierte desde el inicio acerca de los maravillosos paisajes sonoros que dominarán la oferta, y “Sonali”, por su parte, se inscribe como uno de los imperdibles del álbum. Musicalmente intrincada y de percusiones adictivas, se da el lujo de combinar reflexiones de corte existencial en base a metáforas en el estilo de “The Passenger”, con paisajes musicales que rememoran los sonidos que nos dejó el Duque Blanco en su último larga duración. “Page”, a su vez, aporta lo suyo atrapando una atmósfera musical de espíritu casi celestial para revelarnos un Iggy frágil y cercano. Sin embargo, es en la trilogía final con “We Are The People”, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” y “The Dawn” donde, vestido de crooner, Iggy termina por comerse el registro. Es en este momento, además, donde más sentido terminan haciendo los aportes de Noveller y Thomas, añadiendo intensidad a cortes de abierta naturaleza minimalista. Un deleite.

Fuera de los pasajes que dominan la identidad del registro, se encuentran momentos totalmente rescatables y otros que, por desgracia, sólo le quitan prolijidad a esta nueva entrega. En el primero de estos grupos se ubica “Loves Missing” y “Glow In The Dark”. El primero de ellos sobresale gracias a la sentida e íntima interpretación de Iggy en los vocales, mientras que el segundo viene a graduarse como el eslabón perdido entre “Post Pop Depression” (2016) y el disco que nos convoca. Sin embargo, es con “James Bond” y “Dirty Sánchez” donde entramos en una vereda más conflictiva, básicamente porque se trata de temas que no respetan en nada el espíritu del resto del álbum. Así y todo, “James Bond” logra ser una aventura perdonable, ya que, aún sonando fuera de lugar, nos deleita con una funky y contagiosa línea de bajo y un espectacular clímax hacia la mitad del track. No se puede decir lo mismo de “Dirty Sánchez”, que además de caer fuera de lugar, se queda corto en lo lírico (convengamos que escuchar a Iggy cantando de “tetas” y “vergas” a esta altura no tiene nada de novedoso) y en lo musical.

El mencionado “Post Pop Depression” provocó varios fenómenos interesantes: por un lado, parte del público empezó a sentir que quizás era buena idea que la Iguana aprovechara el éxito de ese lanzamiento para cerrar su carrera. Sin embargo, a Iggy le pasó algo muy distinto. Luego de terminar la gira de promoción del álbum, se sintió vaciado, con deseos de refugiarse y desaparecer; según sus propias palabras, con deseos de ser libre. Y para Iggy la libertad claramente no es retirarse, sino que tiene que ver con decir cosas, no sabe hacerlo de otra forma, desde siempre ha sido así. Probablemente hace cuarenta años los medios que elegía para expresarse eran indudablemente más físicos, hoy día ya no necesita hacerlo de esa forma: con el tiempo, Pop ha aprendido a golpearnos de otras maneras, como por ejemplo prestando su voz para lanzar un álbum sentido y extrañamente íntimo, casi completamente alejado de lo que esperábamos de él. Puede haber alcanzado los 72 años, pero claramente entregarse al silencio no es uno de los planes del padrino del punk. Tenerlo con nosotros sigue siendo una fantástica sorpresa.


Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Duración: 33:44

Año: 2019

Sello: Caroline International / Loma Vista


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